En Europa no se resuelven los asesinatos de periodistas

Tres asesinatos de periodistas han ocurrido en el suelo de la UE. Siguen sin aparecer los culpables. Pensamos que la UE es un paraíso de la libertad de expresión y no es del todo cierto

Foto: Una joven sostiene una foto de la periodista Daphne Caruana Galizia durante una vigilia en Valletta, Malta. (Reuters)
Una joven sostiene una foto de la periodista Daphne Caruana Galizia durante una vigilia en Valletta, Malta. (Reuters)

A Daphne Caruana Galizia, de 53 años, la asesinaron un 16 de octubre de 2017 a las puertas de su casa, a treinta minutos de la capital de Malta. Pocos días después del atentado pude estar con su familia. Su hijo Matthew me contó cómo escuchó claramente la explosión desde la cocina y salió corriendo descalzo aun sabiendo perfectamente, como él mismo recordaba, qué era lo que había pasado. A Daphne la asesinaron por ser periodista. Por poner al descubierto las prácticas corruptas del Gobierno y las instituciones de Malta, por airear la vinculación del primer ministro y de su entorno más inmediato con los Papeles de Panamá, y por denunciar que Malta se había convertido en un Estado mafioso donde había florecido la impunidad. 1 año, 5 meses, y 10 días (526 días) después, su caso sigue sin resolver.

A Ján Kuciak lo asesinaron un 21 de febrero de 2018. Ján, de 27 años, fue ejecutado con un tiro en la cabeza en su casa a 65 kilómetros de Bratislava, la capital de Eslovaquia. Junto a él murió su novia, Martina Kusnirova. Tenían previsto casarse. A Ján lo asesinaron por ser periodista. Kuciak llevaba meses investigando la malversación de fondos comunitarios, poniendo al descubierto oscuras conexiones entre la mafia italiana - la famosa Ndrangheta - y el Gobierno del primer ministro Robert Fico que, a diferencia de su colega maltés, tuvo la decencia de acabar dimitiendo. 1 año, 1 mes y 5 días (398 días) después, su caso sigue sin resolver.

A Viktoria Marinova la asesinaron un 6 de octubre de 2018. Viktoria tenía 30 años cuando la asaltaron, la violaron, la torturaron y después la mataron en un parque a orillas del Danubio en Ruse, al norte de Bulgaria. Tal fue la brutalidad empleada que cuando la encontraron no pudieron reconocerla, pese a ser una famosa presentadora de noticias en televisión. A Viktoria la asesinaron por ser periodista. Su última retransmisión fue una entrevista con dos periodistas, uno rumano y otro búlgaro que estaban investigando las denuncias de fraude con fondos de la UE. Transcurridos ya 5 meses y 20 días (171 días), su caso sigue sin resolver.

Lo más grave de estos tres casos es que han ocurrido en el suelo de la Unión Europea, bajo gobiernos de la Unión Europea y que siguen sin aparecer los culpables. Pensamos que la Unión Europea es un paraíso de la libertad de expresión y no es del todo cierto. La lucha por el periodismo libre ni se acabará nunca ni se terminará nunca de ganar.

Los de Daphne, Ján y Viktoria son quizá los casos más mediáticos. Pero desde luego no los únicos. Todos los días llegan noticias alarmantes sobre el aumento de las agresiones a periodistas, ya sea mediante multas económicas, sanciones o amenazas verbales, ya sea en forma de agresiones físicas, desapariciones, tortura y asesinato. En el mejor de los casos, los afectados dan con sus huesos en la cárcel, como Pelin Unker, que ha sido condenada a 13 meses de prisión en Turquía por haber puesto al descubierto las conexiones de altos jerarcas del régimen de Erdogan con los 'Paradise Papers'.

En el peor, el final es mucho más trágico. Como el de Nikolay Andrushchencko, un veterano periodista ruso crítico con Putin y su régimen que, a sus 73 años, recibió una brutal paliza camino de la radio que lo dejó primero en coma y después lo condujo a la muerte. Ocurrió en San Petersburgo el 19 de abril de 2017. Andrushchencko fue asesinado por ser periodista.

No puedo dejar de mencionar al italiano Antonio Megalizzi y al polaco Barto Orent-Niedzielskie, que fueron acribillados a balazos el 11 de diciembre de 2018, durante el ataque terrorista a la ciudad de Estrasburgo. No los asesinaron por ser quienes eran. Pero si no fuera porque eran periodistas y esa semana estaban cubriendo la información del Parlamento Europeo, probablemente no habrían muerto.

Estos son solo unos pocos nombres. Pero en realidad son muchos más, hombres y mujeres anónimos que cada día se juegan el tipo para sacar a la luz la verdad y desenmascarar la mentira. Cueste lo que cueste. Aunque a veces les cueste la prisión y la vida. En 2018, al menos 250 periodistas fueron encarcelados y otros 57 murieron asesinados. Según el Comité para la Protección de los Periodistas, solo en lo que va de 2019 hay al menos ya 60 reporteros desaparecidos. Me pregunto qué será de ellos y si ocuparán algún debate parlamentario.

Manifestación en el primer aniversario del asesinato del periodista Ján Kuciak, en Bratislava. (Reuters)
Manifestación en el primer aniversario del asesinato del periodista Ján Kuciak, en Bratislava. (Reuters)

Vivimos tiempos preocupantes en los que, una vez más, los canallas, los mafiosos, los corruptos y los tiranos buscan su impunidad a través de la intimidación, la coacción y el miedo. Amenazar con violencia para imponer el silencio. Tiempos en los que, una vez más, ser periodista se ha convertido en un riesgo.

Nada bueno puede esperarse para el futuro del periodismo en regímenes con aversión manifiesta por las libertades y la democracia. Es el caso de China, Egipto, Arabia Saudí o Venezuela, que, por cierto, lidera el ranking de países de América Latina con más periodistas encarcelados. Hace solo unas semanas que el periodista alemán Billy Six fue liberado tras cuatro meses en El Helicoide, el sombrío penal caraqueño donde purgan sus penas los presos del chavismo. Six fue acusado de rebelión y espionaje por fotografiar demasiado cerca a Maduro. Antes fue el turno del hispano-venezolano Luis Carlos Díaz, al que el régimen tuvo la desvergüenza de señalarle como el causante de los cortes de luz. Ambos fueron encarcelados porque Maduro está devorando a su pueblo y no quiere testigos, como no los quiere ningún tirano en el mundo.

Los periodistas son los escudos más potentes de los que disponemos para proteger nuestro derecho a discrepar y a pensar como nos venga en gana

Pero el verdadero problema no está en las satrapías, cuyo ADN totalitario ya conocemos, sino en los regímenes liberal-democráticos, cuyos fundamentos más básicos, como libertad de prensa o la libertad de expresión, están siendo sistemática, metódica y concienzudamente atacados por el nacional-populismo, sin importar si es desde el gobierno o desde la oposición. Y las primeras víctimas están siendo los periodistas. Se empiezan por pequeñas críticas y alguna que otra declaración pública. Luego se continúa señalando algún reportero o medio de comunicación en concreto. Finalmente se acaba secuestrando publicaciones, cerrando periódicos, deteniendo a periodistas y censurando información. Nunca nos tomamos lo suficientemente en serio las primeras señales de alarma, hasta que ya es demasiado tarde.

La democracia no solo necesita de instituciones sólidas y de sistemas fiables de control del poder para sobrevivir. Necesita también y mucho de la participación de los medios de comunicación y especialmente de los medios de información, ya sean tradicionales o pertenecientes al mundo digital. Cuando un canal de televisión cierra su sección de informativos o un periódico prescinde de sus periodistas más veteranos y curtidos, cuando la sección de folclore y sociedad es más leída que la de política, cultura o internacional, cuando los medios, públicos o privados, son utilizados no para debatir y opinar sino para pontificar y para linchar, cuando un ciudadano da más credibilidad a lo publicado por un anónimo en una red social que a lo dicho por una institución pública, la calidad de nuestra democracia se resiente.

Necesitamos prensa libre y de calidad para que nuestra democracia también pueda serlo. La prensa libre es la corriente eléctrica que enciende las luces del pensamiento crítico y despierta la conciencia adormecida de la sociedad. Y los periodistas son los escudos más potentes de los que disponemos para proteger nuestro derecho a discrepar y a pensar como nos venga en gana. La voz y la palabra de los periodistas son la artillería pesada de nuestra libertad. Por eso, cuando la prensa es acallada y domesticada, deja de ser prensa para convertirse en mentira y propaganda. El principio del fin de la democracia y el primer paso hacia la tiranía. No lo consintamos de nuevo.

Wiertz, 60
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