Sin reacción, el Brexit será el principio de la deconstrucción europea

Todavía no hemos comprendido que: o actualizamos el proyecto y respondemos a los retos del presente o Reino Unido habrá sido el primer socio en pedir la baja en el club, pero no el último

Foto: Foto: Reuters.
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Durante los últimos años, cada vez que alguien en España me ha venido con lo del segundo referéndum sobre el Brexit, siempre he respondido que el resultado de esa nueva consulta sería aún peor. Que bastaba con que los partidarios de la ruptura con la Unión Europea proclamaran aquello de 'tell them again' (decídselo otra vez) para que el pueblo británico se ratificase en su decisión. Que el Brexit es una reacción nacionalista y no una opción política, es sentimental, no racional, se trata del miedo a la globalización, no del ideal de un mundo sin fronteras. Y que las tripas no piensan.

Pues ya está. Así ha ocurrido.

Cuando un hombre tiene miedo, se atrinchera en su casa, echa la llave y atranca las ventanas. Si puede, además, descuelga la escopeta de la pared, la carga y se sienta con ella sobre las rodillas. Esto han hecho los ingleses, asustados en un universo que ya no dominan y que está transformando su confortable entorno a velocidad de vértigo.

Ahora vendrán las consecuencias económicas, pero de momento los votantes de Boris Johnson tienen la sensación de que al encerrarse en su isla se han puesto a salvo del porvenir. Ni el cambio climático, ni la robotización, ni el libre mercado universal, ni las migraciones masivas ni el terrorismo internacional van a afectarles ya.

Está claro que se equivocan, que cerrar los ojos, esconder la cabeza bajo el ala o cubrirse con el embozo de la cama jamás fue una forma exitosa de afrontar un peligro, pero es que el Brexit no va de equivocarse o acertar. Lo repetiré una vez más, no es una decisión racional. Y por eso, precisamente por eso, estoy tan preocupado, porque en lo que queda de Unión Europea todavía no hemos comprendido que: o actualizamos el proyecto y respondemos a los retos del presente o Reino Unido habrá sido el primer socio en pedir la baja en el club, pero no el último.

Aquí no voy a discutir otra vez si Johnson fabula en secreto con convertir su país en un Singapur gigante y hacernos competencia desleal, si el tratado de libre comercio que debe mantener vivo el cordón umbilical entre ellos y nosotros se negociará en uno, dos o tres años, si funcionará o no la frontera entre las dos Irlandas o si deberíamos instar la doble soberanía sobre Gibraltar aprovechando que nos quedamos con todos los amigos. No, todo eso ya se ha debatido hasta la saciedad.

Me propongo afirmar algo menos político, menos económico, menos lógico, aunque mucho más pegado a la cruda realidad: confirmado el Brexit, el resto de la Unión Europea debe hacerse un chequeo y buscar un tratamiento adecuado para el miedo, la desilusión, el desamparo, la furia y la decepción de los ciudadanos.

La famosa conferencia sobre el futuro de Europa que va a convocarse no servirá para nada si al mismo tiempo los gobiernos nacionales no se conciencian de que deben ceder poder y trabajar por el interés común más que por el interés nacional. O Europa camina decididamente hacia el federalismo o todo lo demás no serán más que parches en un casco de barco viejo que empieza a hacer agua. Los ciudadanos europeos ya somos conscientes de que eso que hemos venido llamando durante tanto tiempo “el proceso de construcción europea”, para los gobiernos no es más que la 'provisionalidad' europea.

O Europa camina hacia el federalismo o todo lo demás no serán más que parches en un casco de barco viejo que empieza a hacer agua

El Brexit no es una respuesta correcta, de acuerdo, pero es una respuesta y, a falta de la correcta, la más fácil. Téngase en cuenta que Brexit no significa “nos vamos de la Unión”, que más bien significa “la Unión es culpable”, y que ese mensaje exculpatorio de los desgobiernos nacionales está muy extendido por Europa.

Y téngase en cuenta que, tras el mes de enero, la Unión Europea tendrá en el Reino Unido un modelo alternativo y en competencia, cosa que no había ocurrido jamás. Desde que surgió, la Unión Europea ha sido siempre el único camino viable para el futuro en Europa. Ya no.

Si el Brexit es un divorcio, que lo es, las dos partes deben examinar su responsabilidad, las dos partes se van a sentir solas el día después y las dos partes atravesarán una crisis antes de rehacer sus vidas. Ojalá esta sensación que tenemos en el resto de la Unión Europea de habernos quedado en el lado correcto del divorcio se nos quite pronto y empecemos a preguntarnos con humildad qué podemos hacer para que lo que han hecho los británicos sea excentricidad y no vanguardia.

Sin reacción, el Brexit será el principio de la deconstrucción europea

En todo caso, hablaron las urnas y con ellas se acabó la incertidumbre. El partido del primer ministro ha obtenido una rotunda e incontestable victoria, los laboristas se han hundido en una derrota de tintes históricos, los liberal-demócratas han perdido su oportunidad de oro para situarse en el centro del mapa político y los nacionalistas escoceses son ya fuerza hegemónica con números que asustan.

Con este Parlamento, parece claro que el día 31 de enero Reino Unido abandonará definitivamente la Unión. Al voto de Westminster le seguirá el voto en el Parlamento Europeo. Y luego entraremos en el llamado periodo transitorio que, en teoría, debería acabar el 31 de diciembre del próximo año.

Los británicos han elegido a Boris Johnson porque querían Brexit. Las dudas se han disipado

Pero más allá de lo que todavía está por venir, creo que conviene analizar también algunas conclusiones de lo ocurrido la semana pasada en Reino Unido. Unas elecciones que han sido calificadas como históricas, las más importantes desde la Segunda Guerra Mundial y que sin duda definirán el futuro de las próximas generaciones de británicos, los primeros que crecerán fuera de la UE.

Primera conclusión: los británicos han elegido a Boris Johnson porque querían Brexit. Las dudas se han disipado. Johnson y los estrategas del Partido Conservador han dado con un lema de campaña que resumía a la perfección su objetivo. Mandaba una señal inequívoca a todo el electorado, al suyo y al que no era suyo: “Get Brexit done”, algo así como terminemos el Brexit de una vez por todas, y que, en esencia, es una continuación natural del “Take back control”, que fue el eslogan de los pro-Brexit durante la campaña del referéndum.

Segunda conclusión: los británicos no quieren 'corbynismo'. Incluso podría irse más allá y, con los resultados en la mano, hasta podría decirse que ni los laboristas británicos querían a Corbyn y esa especie de socialismo viejo y oxidado en las esencias.

Estas elecciones iban sobre Brexit. Los laboristas, o mejor dicho los 'corbynistas', se han empeñado en hablar de nacionalización de ferrocarriles y hasta de colonialismo (no miento, echen un vistazo a su programa electoral).

El resultado es que el Partido Laborista se ha dejado 59 escaños por el camino, su mayor pérdida desde 1935. Ahí es nada.

Tercera conclusión: los liberales tenían un mensaje, pero se equivocaron de mensajero. Ellos sí entendieron que estas elecciones iban sobre Brexit e hicieron campaña con ello. No pudieron ser más directos con su mensaje, “Stop Brexit”, pero todo apunta a que no acertaron con la candidata. Jo Swinson tiene el mérito de haberse echado a las espaldas un partido que no levanta cabeza desde la dimisión de Nick Clegg. Le ha dado un poco de aire fresco. Y también es cierto que no ha tenido tiempo para curtirse como líder, un cargo que ocupaba solo desde julio de este año. Sin embargo, a medida que avanzaba la campaña, su figura política se ha ido desinflando, hasta el punto dramático de haber perdido su propio escaño, lo que la ha dejado en una tesitura imposible.

Cuarta conclusión: Escocia se ha convertido en un problema para todos, y no en un problema menor. El Partido Nacionalista Escocés ha arrasado allí donde se presentaba. Y la líder del partido y del Gobierno, Nicola Sturgeon, ya ha dejado claro que antes o después habrá un segundo referéndum de independencia. Ocurra lo que ocurra, el problema escocés no ha hecho más que empezar y tendrá implicaciones y derivadas que afectarán a todos los países de Europa, incluido España.

El proyecto europeo está en un momento crítico y el Brexit, por muy dramático que parezca, ha sido solo un primer aviso. El germen del nacional-populismo sigue creciendo día a día, conciencia a conciencia, voto a voto, en todas partes de Europa.

La Unión Europea ni está hecha ni va a estarlo en los próximos años, si los europeístas seguimos acomplejados y callados. Si no defendemos Europa, el sueño europeo puede desvanecerse, no es un vaticinio sino una advertencia.

Wiertz, 60
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