Los millones de la UE no son para que Podemos cumpla su programa

El anuncio del Gobierno Iglesias-Sánchez de que suprimirán íntegramente la reforma laboral de 2012 es un tiro en el pie de las posibles ambiciones españolas para acceder a los fondos

Foto: El primer ministro neerlandés, Mark Rutte. (EFE)
El primer ministro neerlandés, Mark Rutte. (EFE)

Les diré lo que sé: los países llamados 'frugales', aquellos que quieren destinar menos dinero al presupuesto comunitario (menos para la reconstrucción, pero también menos para todo lo demás, como agricultura o inmigración), principalmente Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia, no pondrán reparos al plan europeo de reconstrucción económica presentado el miércoles por la Comisión ante el Parlamento. Ni en el Consejo ni posteriormente cuando se pronuncien sus parlamentos nacionales. Son conscientes de que, con Alemania volcada en el proyecto, sus posibilidades de frenar el plan son mínimas y de que la mayoría de la opinión pública europea lo ha recibido satisfactoriamente.

El primer ministro neerlandés, el liberal Mark Rutte, sabe que oponerse a este proyecto lo colocaría ante el resto de sus colegas en el equipo de los nacionalistas y los populistas. No lo hará, por tanto, o al menos no abiertamente.

¿Significa esto que podemos dar por aprobado este Plan Marshall europeo, bautizado de forma pomposa y cursi como Next Generation UE? Con lo fácil que hubiera sido llamarlo simplemente Plan Von der Leyen… En fin, la respuesta es no, en absoluto. Que los frugales no vayan a enfrentarse abiertamente al plan Next Generation EU no significa que no intenten desactivarlo o como mínimo limitarlo.

Por lo que sé, y parece lógico que así sea, el campo de batalla que han elegido es el de la condicionalidad de las ayudas. Y esperan contar con la ayuda de Alemania para esto. Cuando llegue el instante de negociar qué condiciones se van a exigir a los países receptores de subvenciones o préstamos europeos, sacarán la tijera de la ortodoxia y se pondrán a podar presupuestos nacionales.

Este fin de semana, por ejemplo, no han sido pocos los políticos alemanes que han considerado inoportuna la aprobación del ingreso mínimo vital en nuestro país justo dos días después de aparecer España como el segundo país más beneficiado por el plan de reconstrucción económica. Piensan que el mensaje que se ha trasladado al exterior ha sido torpe, que si España tiene fondos suficientes como para establecer una medida social que no existe en Alemania, no debería necesitar tanta ayuda del resto de la Unión Europea. O, dicho de otra forma, odiarían terminar pagando a los españoles con dinero de los alemanes prestaciones con las que no cuentan los alemanes.

Los frugales temen dos cosas: sufragar políticas populistas en el sur, en España e Italia principalmente, donde Podemos y el Movimiento 5 Estrellas son vistos como partidos extremistas, y que nos encontremos ante el momento hamiltoniano de la Unión Europea.

Si España tiene fondos suficientes como para establecer una medida social que no existe en Alemania, no debería necesitar tanta ayuda de la UE

Alexander Hamilton fundó el Tesoro de los Estados Unidos asumiendo desde el Gobierno federal las deudas adquiridas por los estados federados para sufragar la Guerra de Independencia. Se considera el momento en que los EEUU dejaron de ser una confederación de estados para convertirse en un Estado federal. Lógicamente, fue una decisión muy polémica que dio lugar a la división de los padres fundadores en dos partidos políticos, los federalistas y los demócrata-republicanos.

El miércoles pasado, la propia presidenta Von der Leyen se ocupó de aclarar ante el Parlamento que el Next Generation EU no es el momento hamiltoniano de Europa, pero sí lo es. Y el hecho de que ella lo desmienta sin que nadie se lo pregunte así lo demuestra. Piénsese que el plan supone que se emitirá deuda pública conjunta de los países europeos, avalada por el presupuesto comunitario, que se sostendrá una deuda pública de la Unión Europea estable en el tiempo (porque una vez utilizado el endeudamiento para financiar esta crisis, por qué no para las que vengan), que se crearán nuevos impuestos europeos para pagar la deuda y, lo más importante, que el dinero así obtenido se repartirá entre los Estados miembros según un criterio de necesidad, es decir, según un criterio subjetivo, político.

Como federalista europeo que soy, celebro este plan de reconstrucción económica por lo que nos ayudará a los más afectados por la peste, pero sobre todo porque lo considero el momento histórico en el que las viejas naciones europeas empezamos a mutualizar nuestros Tesoros públicos. En EEUU, fueron las deudas de la guerra, en Europa, serán las deudas del coronavirus, pero igual que los americanos de finales del XVIII, estamos dando un salto decisivo de la confederación a la federación de Estados europeos. Los políticos de la próxima generación, que diría Von der Leyen, mirarán atrás y dirán: ellos lo hicieron.

Una vez más, cuando peor estaba la UE, vuelve a resurgir con más fuerza.

Sin embargo, regreso a lo de antes. En España, el Next Generation EU se ha vendido como si fuera un regalo. Nos van a dar no sé cuántos cientos de miles de millones de euros, como si llovieran del cielo. Europeos, os saludamos con alegría… No nos engañemos, somos 27 Estados poniendo dinero en el montón y 27 Estados cogiendo dinero del montón. Todo lo que alguien se lleva de más, otro lo está poniendo de más. Y qué razón puede tener un Estado para poner en el montón europeo más de lo que se lleva o qué derecho tenemos nosotros a coger más de lo que ponemos. ¿Cómo pueden justificar el Gobierno neerlandés o el austriaco ante sus votantes que van a poner menos dinero del que después van a recibir porque España o Italia lo necesitan? En estos tiempos de nacionalismo y populismo, no es fácil. Al menos, admitamos que no es fácil de explicar.

Digo esto porque estoy cansado de escuchar a políticos españoles criticar a los gobiernos frugales por su insolidaridad. Me gustaría ver a esos mismos políticos críticos en la piel de aquellos gobernantes que tienen que acudir a sus parlamentos nacionales no a explicar cuánto recogen de más sino cuánto van a pagar de más. La solidaridad, por definición, no es obligatoria y debe corresponderse con agradecimiento y responsabilidad.

Tiene todo el sentido que se cree un Tesoro europeo, que se emita deuda europea, que exista un plan de reconstrucción económica europea, que a los países más afectados (como España) se les asignen subvenciones extraordinarias para impulsar la recuperación de sus economías, todo eso tiene sentido. Pero la contrapartida también. Sí, también tiene sentido que los países (como España) que van a beneficiarse de la generosidad europea sean responsables y cumplan con las condiciones macroeconómicas de un plan nacional de recuperación.

Lo escribiré con sujeto verbo y predicado: el dinero que vendrá de la Unión Europea no es para que Podemos cumpla su programa, es para que lo cumplan las empresas privadas españolas. No se trata de que el endeudamiento europeo sirva para aplicar en España políticas bolivarianas sino para que España converja económicamente con Alemania, Francia o los Países Bajos.

Por eso, es comprensible que los frugales vayan a querer establecer condiciones exigentes para que se reciban las subvenciones y créditos de la UE. Si usted quiere nuestro dinero, tendrá que administrarlo con responsabilidad. Para que quede claro, no habrá troika, ni hombres de negro. Pero quien quiera dinero europeo, dado que pedirlo es voluntario, tendrá que justificar para qué lo quiere y sobre todo qué reformas está dispuesto a realizar para conseguir sus objetivos.

El dinero que vendrá de la Unión Europea no es para que Podemos cumpla su programa, es para que lo cumplan las empresas privadas españolas

Según dice el propio texto del Next Generation EU, la Comisión podrá prestar o asignar fondos a los países que lo soliciten voluntariamente para que financien sus planes de reforma, pero, y esta es la clave, de acuerdo con los objetivos definidos en el Semestre Europeo. O sea, que habrá condicionalidad y ya veremos cuánta.

Personalmente, pienso que entonces será cuando se rompa la coalición PSOE-Podemos, que veremos a Sánchez jugar el papel de Alexis Tsipras y a Iglesias el de Yanis Varoufakis.

Por eso es completamente insensato el anuncio del Gobierno Iglesias-Sánchez de que suprimirán íntegramente la reforma laboral de 2012, sin miramientos ni paños calientes. Es un tiro en el pie de las posibles ambiciones españolas para acceder a los fondos, además de un insulto al tan manido diálogo social, claro.

Entiéndanme bien. No soy de esa clase de personas que creen que las leyes son inamovibles. Los gobiernos tienen derecho a reformar aquello con lo que no están de acuerdo, si cuentan para ello con el respaldo del Parlamento.

El problema de Iglesias y Sánchez es que ven la reforma laboral no como un instrumento al servicio de la creación de empleo sino como un elemento de confrontación política entre Gobierno y oposición. Por no mencionar el insulto a la sociedad que supuso cerrar este acuerdo con los herederos de ETA y que empresarios, sindicatos, partidos políticos y en general todos los españoles nos enterásemos por una nota de prensa. Se pone uno a pensar y no se le ocurre una manera peor de hacer las cosas.

Pero es que, además, debería darles bochorno soltar toda esa bilis que vomitan sobre la reforma y a renglón seguido poner por las nubes la flexibilidad de nuestro modelo laboral con los ERTE como forma de evitar despidos. Una reforma que, con todos sus defectos, contribuyó a evitar hasta un millón de despidos en nuestro país gracias a estas medidas de flexibilidad laboral de las que presume la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, sin ni siquiera tener la cortesía y la honestidad intelectual de reconocer que fue otra ministra, Fátima Báñez, y no ella, quien se arremangó la camisa y sin sangre, pero con mucho sudor y lágrimas, sacó adelante una reforma dolorosa pero necesaria.

Esto es lo que no entenderán nuestros socios europeos, que se derogue por razones ideológicas una legislación laboral que crea empleo en España y que después se vayan a pedir subvenciones milmillonarias para reconstruir la economía. Para reconstruir la economía, lo mejor es empezar por no destruirla, nos dirán con toda la razón del mundo.

Tengo el convencimiento de que los gobiernos frugales están preparados y de que, a cambio de cierta condicionalidad, estarán a la altura y aprobarán el Next Generation EU. Ahora solo espero que también estén a la altura los gobiernos populistas como el español.

Wiertz, 60
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