Si se repite la chapuza de Calviño, el próximo Consejo puede irnos muy mal

Apoyé, como todos mis compañeros del Partido Popular​ español, la candidatura de Calviño y ahora me siento frustrado por la chapuza de negociación que ha seguido el Gobierno de Sánchez

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)

Cuatro errores, cuatro, cometió Pedro Sánchez en la negociación de la presidencia del Eurogrupo. Cuatro errores de principiante, impropios de Nadia Calviño, la verdad.

En primer lugar, vendió en España la piel del oso antes de cazarlo. Como saben hasta los adoquines de la Grand Place, en la Unión Europea nada está acordado hasta que todo está acordado, y lo de Calviño debió de haberse llevado con más prudencia y menos propaganda. En Bruselas, también se lee prensa española y tanta intoxicación de Moncloa con que Sánchez impondrá su estilo bonito en el Eurogrupo o con que la izquierda va a cambiar la política económica de los 'halcones' encendió muchas alarmas.

El segundo error fue diplomático. Urge menos altanería y más ingenio por nuestra parte. En la UE, la política se hace negociando, no avasallando; en la UE, si no consigues un acuerdo, te lo consiguen; en la UE, un 'no es no' o un 'porque yo lo valgo' son posiciones siempre perdedoras. Claro, nada que ver con el Madrid del postureo, los bandos, las alianzas imposibles, el insulto normalizado y el cainismo. No, aquí ni manda Merkel ni los diputados del Partido Popular conspiran contra España, qué tonterías. Aquí lo de pactar va en serio. Sí, aquí si te pueden ganar una mano política te la ganan, seas lo guapo que seas; a nosotros nos la han ganado y aún estamos preguntándonos quién ha sido.

Diplomáticamente, la candidatura de Calviño se llevó a patadas, con prepotencia ideológica y sin concesiones, y aquí eso no funciona.

Por cierto, ¿y qué estupidez es esa de que el nuevo presidente del Eurogrupo por ser irlandés representa la insolidaridad fiscal? Saber perder también es de primero de política europea.

Lo tercero que el Gobierno hizo mal fue menospreciar a los países más pequeños y creer que esta UE de hoy todavía es aquella sobre la que Alemania ejercía un liderazgo indiscutido.

El paisaje ha cambiado mucho últimamente, ¿nadie se lo ha dicho? Desde que se marchó el Reino Unido, se ha instalado cierta sensación de que después de todo no es obligatorio pertenecer al club e impera cierto nacionalismo redescubierto, también en su variante de nacionalismo económico, y aquí ya cualquiera se siente con fuerzas para cuestionar la autoridad franco-alemana. A la clásica distinción entre Europa del norte y del sur, habría que añadir ahora una brecha mucho más profunda y dramática entre el este y el oeste. Por no mencionar aquellos países que como Holanda coquetean con su propio Brexit para chantajearnos o la presión nacionalista que los partidos de ultraderecha ejercen sobre la mayoría de capitales del otro lado de los Pirineos.

Una coalición de pequeños es más fuerte que un pacto de grandes, esta es la gran lección que desde hoy no debería olvidársenos.

Y por fin el cuarto error, ese que Pedro Sánchez está empeñado en no ver y que tanto perjudica los intereses de España: Podemos es una muy mala carta de presentación.

¿Se imaginan que un país europeo tuviera ministros que se declarasen franquistas? ¿Cómo lo recibiríamos? ¿Cómo lo trataríamos? ¿Cuántas ganas tendríamos de ayudarlo? Pues así es como se siente esa media Europa, incluida media Alemania, que hasta 1989 sufrió sanguinarias dictaduras comunistas cuando escuchan, ¡y lo escuchan atentamente!, que la mitad de nuestro Gobierno presume de su fidelidad a la hoz y el martillo. El comunismo, aunque en Madrid sorprenda escucharlo, fuera de Cuba y España se considera tan culpable de delitos contra la humanidad como el nazismo y, además, es que lo es.

El confinamiento nos ha privado de ver la cara de nuestros socios contemplando al vicepresidente Iglesias explicando su programa en Bruselas o a cualquiera de sus colegas defendiendo posiciones chavistas en alguna reunión del Consejo. Si no nos damos cuenta de que tenemos una coalición de gobierno que expulsa adhesiones europeas, es que no estamos en el mundo real.

Lo mismo que grandes empresas españolas no quieren recibir ayuda del Gobierno del modo en que esa ayuda está llegando a sus competidoras alemanas, porque no quieren ver a Podemos en sus consejos de administración, algunos votantes del Eurogrupo desconfiaron de tener a Podemos, por mediación de Nadia Calviño, en la presidencia del Eurogrupo. Y tengo buena información a este respecto.

¿Se me ve enfadado? Lo estoy. Apoyé, como todos mis compañeros del Partido Popular español, la candidatura de Nadia Calviño y ahora me siento frustrado por la chapuza de negociación que ha seguido el Gobierno de Pedro Sánchez. Mucho bla, bla, bla… y muy poca profesionalidad. Calviño era la mejor opción para nuestro país.

Ha perdido España y ha ganado Podemos.

Algunos votantes del Eurogrupo desconfiaron de tener a Podemos, por mediación de Nadia Calviño, en la presidencia del Eurogrupo

Pero, ojo, ahora viene lo más peligroso. Si el Gobierno no cambia de estrategia, si no se corrigen o se disimulan estos cuatro errores, si Sánchez se queda otra vez mirándose al espejo del ascensor, la próxima negociación de la que saldremos trasquilados es la del Consejo que comienza el próximo jueves (y que no acabará este fin de semana), cuando se decidirá el destino de los 750.000 millones de euros del fondo de recuperación económica llamado New Generation EU. La más importante para nosotros desde nuestra adhesión a la Comunidad Económica Europea.

Se equivocó la Comisión al anunciar cuánto de ese fondo iba a corresponder a cada Estado miembro. En nuestro caso, 140.000 millones, 77.000 en subvenciones (que no habría que devolver) y 63.000 en créditos, después de Italia, los segundos más beneficiados. Se equivocó porque unos se compararon con otros, a ver quién se llevaba más y quién menos. Y porque eso hace que ningún primer ministro pueda salir del próximo Consejo con menos de lo que ya le han prometido o se le considerará un fracasado. La Comisión situó así la negociación en un terreno imposible: todos quieren ganar, pero ninguno puede perder.

En el próximo Consejo, Sánchez va a enfrentarse otra vez a los frugales, a los pequeños y a los de Europa del Este. Sin embargo, diré que, en contra de cuanto se está publicando en nuestro país, creo que el principal obstáculo no va a estar en la condicionalidad (al tratarse de un fondo finalista, la condicionalidad forma parte de su propia arquitectura y solicitar ortodoxia presupuestaria parece lógico entre socios que van a compartir hasta 750.000 millones de deuda) sino en la cuantía del paquete y en su reparto.

Los frugales quieren que se rebaje el montante total del fondo, pero no porque tengan que poner un euro de su propio presupuesto (el total del fondo vendrá de deuda pública de la Comisión o de nuevas fuentes de financiación) sino porque temen que una deuda de esa magnitud se convierta en el embrión de un futuro Tesoro Público europeo que federalice nuestras economías.

Los pequeños y los de Europa del Este querrán cambiar el criterio de reparto y reducir la parte prometida a España e Italia. Argumentan que ya existe un fondo de 500.000 millones de euros (MEDE, SURE y BEI) para atender los daños del covid-19 y que lo que ahora se distribuye sirve para reconstruir la economía y no para atenuar el daño producido por la pandemia. Y también dicen que el este de Europa ha tenido menos víctimas del covid-19 porque lo ha hecho bien y que, sin embargo, recibirá menos dinero del fondo que el sur, que ha tenido muchas víctimas porque ha afrontado peor la enfermedad, que gestionar peor la crisis sanitaria no puede premiarse con mayor participación en el fondo de recuperación y que esa injusticia debe corregirse.

¿Qué temo que pueda ocurrir?

Uno, al no poder cambiarse el reparto del New Generation EU porque la Comisión ya ha comprometido lo que corresponde a cada país, temo que para satisfacer a los frugales lo que se rebaje sea el marco financiero plurianual, y con él la política agraria o la de pesca, por ejemplo.

Y dos, temo que para satisfacer a los pequeños y a los de Europa del Este, se les dé una participación mayor en el marco financiero plurianual que a nosotros, de modo que lo que nos dan de más por el fondo de recuperación nos lo quiten por la PAC.

Podemos encontrarnos con que, al subir la sábana para cubrirnos la cabeza, nos destapen los pies.

En este momento particularmente delicado de la Historia, España se merece un Gobierno que no vuelva derrotado de Bruselas otra vez.

Wiertz, 60
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