Se pinchan vacunas, no patentes; pues repartamos vacunas, no patentes
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Esteban González Pons

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Se pinchan vacunas, no patentes; pues repartamos vacunas, no patentes

¿Justifica la excepcionalidad de la pandemia que liberemos las patentes de las vacunas europeas para que India y China puedan fabricarlas también?

Foto: Amnistía Internacional recoge firmas para la universalización de las vacunas contra el covid. (EFE)
Amnistía Internacional recoge firmas para la universalización de las vacunas contra el covid. (EFE)
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El gran debate de este miércoles en el pleno del Parlamento Europeo será sobre la suspensión de las patentes de las vacunas contra el covid-19. Ahí escucharemos las posiciones finales al respecto del Consejo y de la Comisión. Y yo mismo estaré entre quienes tomen la palabra para defender la postura de mi grupo.

Les voy a ser sincero, cuando surgen debates de este tipo, en los que la respuesta tiende a parecer demasiado obvia, se me encienden todas las alarmas. Ejemplos hay y sobrados para demostrar y acreditar que las soluciones simples a problemas complejos suelen acabar siendo una receta perfecta para la catástrofe.

Me gustaría que la expropiación de patentes no acabara siendo el típico recurso fácil de imprimir más dinero para evitar la crisis, lo que, como ya se sabe, causa más daño que resuelve.

Foto: Ursula von der Leyen. (Reuters)

Vayamos al principio, las vacunas, como los medicamentos y otros inventos, están sometidas a un régimen de patentes, que no solo protege el trabajo y la inversión de inventores y fabricantes, sino que también garantiza la calidad del producto frente a la copia. Seguro que a la cabeza nos vienen de inmediato nombres de grandes empresas como Microsoft, por ejemplo, o productos globales como el iPhone, pero, por darles una cifra, cada año en España se registran entre 1.300 y 1.500 solicitudes de patentes. Con lo cual, cuando pensemos en patentes, incluyamos también al pequeño empresario que tenemos al lado de nuestro portal o al joven investigador que vive de alquiler en el piso de abajo.

A este respecto, necesito aclarar dos puntos más:

Primero, ante el covid-19, se han fabricado dos tipos de vacunas: las tradicionales y otras basadas en una nueva tecnología que podría cambiar el tratamiento con que hoy se combaten muchas enfermedades, incluidos algunos cánceres, conocida como ARN mensajero (ARNm), y que son de las europeas BioNTech y CureVac y las norteamericanas Pfizer y Moderna. No es lo mismo, por tanto, desproteger la patente de vacunas de adenovirus, producidas con tecnología tradicional, que las de ARNm, ya que, en ese caso, con la vacuna se entregaría un largo trabajo de investigación y la llave de todos sus desarrollos futuros.

Foto: Hombres con trajes protectores transportan el cadáver de una persona antes de su cremación en la ciudad india de Garhmukteshwar. (Reuters)

Y segundo, las empresas que han desarrollado la tecnología ARNm en Europa son pequeñas y con menos de 20 años en el sector. Para entendernos, son el Bill Gates de los setenta, recién salido de su garaje; si se les obliga ahora a compartir su trabajo con las farmacéuticas chinas o indias, por ejemplo, no solo se arruinará su esfuerzo, sino también el liderazgo europeo en uno de los pocos campos en que aún lo mantenemos. Por que sepamos lo que también está en juego.

El caso es que los inventores de las vacunas para el covid-19, tanto las basadas en adenovirus como en ARNm, tienen sus derechos protegidos en este momento, lo que les hace ganar dinero. Eso no se oculta. Y querer ganar más dinero será lo que les lleve a investigar más y más rápido. Esto también parece obvio. Las empresas privadas necesitan ser rentables y si se les priva del incentivo de la rentabilidad sería previsible que abandonasen sus investigaciones. Nadie lo desea. El virus seguirá mutando y la investigación sobre esas vacunas no puede considerarse que esté terminada, ni mucho menos, por lo que deberíamos alentar que sigan con su negocio, del que nos beneficiamos todos.

Las empresas privadas necesitan ser rentables y si se les priva del incentivo de la rentabilidad sería previsible que dejasen sus investigaciones

Pfizer, sin ir más lejos, ha necesitado invertir dos billones de dólares de recursos propios para obtener su tecnología ARNm aplicada a la vacuna, si se le expropia la patente, ¿es previsible que siga gastando dinero contra el coronavirus? Les recuerdo que los presidentes ejecutivos de las multinacionales no son filósofos, por si ustedes imaginaban otra cosa.

Vale, ese es el planteamiento habitual, pero ¿estamos ante un momento habitual?

La pregunta que, llegados a este punto, deberíamos hacernos es: ¿justifica la excepcionalidad de la pandemia que liberemos las patentes de las vacunas europeas para que India y China puedan fabricarlas también?

Foto: Foto: EFE. Opinión

No es una discusión para tiempos normales, claro está, pero todos estamos de acuerdo en que estos no son tiempos normales.

El problema con las patentes tiene muchos puntos de vista. Y en todos ellos encontraremos argumentos a favor y en contra. Trataré de abordar los más importantes.

Desde el punto de vista de la salud, los que abogan por suspender las patentes dicen que, con toda la información abierta a dominio público, otras empresas podrían también desarrollar vacunas, evitando que estas permanezcan solo en manos de unas pocas grandes empresas farmacéuticas. Sin embargo, precisamente ese es el riesgo que ven los que se oponen a suspender las patentes, que poner toda esa información en abierto supone abrir una autopista hacia el fraude, las copias adulteradas y la falta de calidad de la producción en el mejor de los casos; en el peor, una invitación a grupos terroristas a cometer delitos tan sofisticados como nunca hayamos imaginado.

Foto: Romper el oligopolio internacional de vacunas supone un problema no solo de fabricación, también de propiedad intelectual. (EFE)

Insisten quienes se oponen a la suspensión que el problema de las vacunas no es su propiedad intelectual, sino su producción y distribución. Y suspender las patentes para acelerar la vacunación es igual de inútil que ponerle a tu coche un motor Mercedes cuando lo que no tiene son ruedas.

Hay también, por supuesto, un problema desde el punto de vista legal. Los que están a favor de la suspensión creen que se trata de una renuncia temporal, y que solo sucede en un caso extraordinario como este en el que nos encontramos. Los detractores de la medida, sin embargo, sugieren que una vez que se renuncia a la protección de la propiedad intelectual, la temporalidad no existe; la propiedad sobre la tecnología ARNm se perderá para siempre.

Insisten quienes se oponen a la suspensión que el problema de las vacunas no es su propiedad intelectual, sino su producción y distribución

Argumentos hay también desde el punto de vista de la cooperación al desarrollo y la solidaridad internacional. Los defensores de la suspensión sostienen, no sin razón, que los mecanismos actuales para exportar vacunas a precios justos, como Covax (casi todas de AstraZeneca), no son suficientes y que los países en desarrollo no pueden depender únicamente de la buena voluntad de los países más ricos. Por el contrario, hay quienes creen que se trata de garantizar el buen funcionamiento de Covax, pues es lo que va a permitir que la vacuna llegue en tiempo y forma a la población necesitada. Tampoco a estos les falta razón.

Foto: EC.

Si optamos por un enfoque económico al problema, una parte opina que la crisis del covid-19 ha supuesto un gran quebranto económico para todo el mundo, y que no sería justo que de la pandemia solo saliese favorecido y rico el sector farmacéutico. Sobre todo, teniendo en cuenta que las farmacéuticas han recibido miles de millones de euros del sector público para ayudar a su trabajo. Por el contrario, la otra parte opina que obligar a las empresas, farmacéuticas o no, a renunciar a sus derechos es obligarlas, aunque sea indirectamente, a dejar de producir. Por no decir que esto, a medio plazo, arruinaría a las compañías europeas, que son quienes sufrirían la suspensión, enriqueciendo aún más a sus competidores de China o Rusia, que tienen su propia vacuna y que no van a liberar patente alguna.

No, ni China ni Rusia liberarán sus patentes y, además, ¿quién fabricaría con nuestras patentes? ¿Venezuela, Burkina, Haití…, que son quienes necesitan vacunas? Pues no otra vez: China, Rusia e India, por supuesto.

También hay una óptica puramente comercial. Los defensores del levantamiento de la patente creen que debe negociarse en el ámbito de la OMC con carácter urgente. El problema es que una negociación de estas características puede llevar meses, si no años.

Foto: Bas Eickhout, durante un acto de campaña del partido de los Verdes Europeos en Budapest, Hungria. (Foto: Reuters)

Por último, aunque no menos importante, hay un elevado componente político. Este debate explota a raíz de las declaraciones del presidente de Estados Unidos. Lo paradójico, o si quieren lo demagógico, es que su invitación a debatir la suspensión de las patentes se produce justamente cuando Estados Unidos está al final de su proceso de vacunación sin haber compartido sus vacunas con nadie. Así que ustedes me perdonarán si afirmo que el debate tiene un componente ciertamente oportunista.

En definitiva, levantar o no levantar las patentes de las vacunas tiene una parte de realidad, y otra parte no menos importante de demagogia. Nadie en su sano juicio quiere restringir el uso de las vacunas, dejando expuestos a la enfermedad y a la muerte a millones de personas. Pero tengo la sensación de que estamos errando el tiro. Y no hace falta más que mirar a nuestro propio país y el sindiós que durante meses ha reinado en la estrategia de vacunación para darse cuenta de que los problemas son bastante más complejos de lo que uno puede llegar a pensar. No es la vacuna, es su distribución.

Foto: Un enfermero prepara la dosis de la vacuna de Oxford y AstraZeneca. (EFE)

En definitiva, ¿qué es lo ético, liberar la patente a riesgo de que los inventores dejen de interesarse por la vacuna y perder la biotecnología que la sustenta o promover la producción masiva y, en su caso, la venta a precio de coste, como presume de hacer AstraZeneca?

Aplicando el sentido común, yo este miércoles sostendré que se pinchan vacunas, no patentes, y que el problema no es la patente, sino la capacidad de producción. Incentivemos los acuerdos entre empresas para que multipliquen las vacunas que fabrican y, tratándose de algo tan estratégico como la salud pública, protejamos nuestras investigaciones de las ambiciones de Rusia o China. Hagamos vacunas para todos sin necesidad de que cualquiera haga nuestras vacunas.

El gran debate de este miércoles en el pleno del Parlamento Europeo será sobre la suspensión de las patentes de las vacunas contra el covid-19. Ahí escucharemos las posiciones finales al respecto del Consejo y de la Comisión. Y yo mismo estaré entre quienes tomen la palabra para defender la postura de mi grupo.

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