El ridículo selfi de Sánchez con Biden retrata nuestra inanidad exterior
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Esteban González Pons

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El ridículo selfi de Sánchez con Biden retrata nuestra inanidad exterior

Los nacionalistas catalanes y vascos, mucho antes que los populistas británicos, inventaron el Brexit, y Pedro Sánchez se lo va a bendecir

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto al mandatario de Estados Unidos, Joe Biden. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto al mandatario de Estados Unidos, Joe Biden. (EFE)

El próximo mes de julio se cumplirán 100 años del desastre de Annual y da la sensación de que no hemos aprendido nada, o peor, de que seguimos en el mismo punto: África nos pone en nuestro sitio, América nos menosprecia y en Europa se nos considera un país al margen. Las últimas semanas están llenas de ejemplos que demuestran cómo, más allá de la ineptitud de la actual ministra de Exteriores (es imposible hacer diplomacia desdeñando a los diplomáticos), España muestra una debilidad internacional impropia de nuestro tamaño, economía, potencia cultural, posición estratégica y capacidad defensiva.

Será fruto de nuestros complejos funcionales, desde luego. Los alemanes, por ejemplo, han aceptado el nazismo como un hecho histórico y combaten sus tics sin combatirse entre ellos, y lo mismo sucede con el comunismo en Europa del Este, mientras que los españoles revivimos la Guerra Civil como política propagandista del Gobierno; todos los días vuelve a ser 14 de abril o 18 de julio, e incluso algunos de nuestros ministros afirman en público que el franquismo sigue vivo. No hay Gobierno europeo que no presuma de democrático, menos el español, claro, según el cual: nuestra democracia es incompleta, Franco no quedó en el pasado, al contrario, está angustiosamente presente y nuestro modelo territorial resulta injusto porque deja de reconocer que no somos en realidad una nación, sino un número indeterminado de naciones sumadas, una especie de Unión Española dentro de la Unión Europea.

Foto: Joe Biden. (EFE)

Pero también es culpa del aislamiento mental, del rencor y del aldeanismo de nuestras élites, que se diría que los llevamos impresos en los genes.

Cualquier colegio de élite inglés, francés o belga exhibe su mármol con la lista de alumnos caídos en las guerras mundiales y en los rincones más alejados del mundo; nuestros chicos de clase privilegiada, sin embargo, pagaron siempre para que otros más pobres fuesen a morir por la patria en su lugar. Y ahora seguimos haciendo lo mismo, las élites españolas, y digo españolas incluyendo a vascos y catalanes, por supuesto, practican un viejo Brexit peninsular que consiste en defender antes lo particular que lo general. Para ser más exacto: en no defender jamás lo general y cobrarle al que pretenda hacerlo.

Los nacionalistas catalanes y vascos, mucho antes que los populistas británicos, inventaron el Brexit, y Pedro Sánchez se lo va a bendecir.

Foto: Imagen: Irene Gamella. Opinión

No es imaginable desde Madrid el desprestigio europeo en que vamos a incurrir si se consuma que los condenados por intentar romper España reciban el indulto. Los políticos y diplomáticos españoles en Bruselas llevamos machacando desde aquel maldito referéndum los siguientes argumentos contra viento y marea:

1.- Se ha intentado cambiar la Constitución española de forma ilegal, cualquier socio europeo hubiera reaccionado de la misma manera ante un intento de derogar su Constitución.

2.- No puede haber diálogo entre España y Cataluña, como no puede haberlo entre Francia y Alsacia o Alemania y Baviera, no son interlocutores homologables. España sin Cataluña no sería España. Cataluña es España desde el origen de la propia España.

3.- El caso catalán es diferente del escocés.

4.- El Estado de derecho español goza de buena salud. El Tribunal Supremo español es un órgano profesional e independiente y sus sentencias son jurídicas y no son políticas.

5.- En España hay políticos presos por delinquir, no presos políticos por hacer política.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Pues bien, todo ese esfuerzo se va a volver en nuestra contra en Europa si el Gobierno español perdona a los condenados para “favorecer una salida política al conflicto en Cataluña y crear una mesa de diálogo entre los dos gobiernos”. Con esa acción, a ojos del resto de Estados miembro europeos:

1.- Se legitima políticamente el referéndum del 1-O, aceptando que preexistía ese tal 'conflicto político' y presentando la consulta como un intento bienintencionado, aunque fallido, de resolverlo.

2.- Se acepta que Cataluña pueda ser interlocutora de España, aunque Alsacia siga sin poder serlo de Francia o Baviera de Alemania. Y se abre la vía a que desde Bruselas se ofrezca una mediación europea.

3.- El caso catalán se hace equivalente al escocés, que se resuelve con un referéndum pactado.

4.- Se reconoce que la sentencia fue política, ya que políticas son ahora las razones que justifican su anulación contra toda lógica jurídica. El Tribunal Supremo queda a la altura del betún, porque no existían razones para una condena tan dura, como ya sostenían algunos de sus colegas belgas de judicatura, y el Estado de derecho español en ridículo. Si por política se levanta la condena, aquí se va a interpretar como la confirmación de que también se impuso por política.

5.- No solo se dará tratamiento de 'presos políticos' a los que hayan pasado por prisión (los veremos de candidatos al Nobel de la Paz), sino que los que se fugaron serán considerados exiliados con todas sus consecuencias.

En España, se toman decisiones políticas sin ser conscientes de los efectos que causan a nuestra reputación en el panorama internacional

En España, se toman decisiones políticas como si estuviéramos solos en el mundo, sin ser conscientes de los efectos que causan a nuestra reputación exterior. Por eso a veces cuesta tanto ser propagandista español fuera de España.

Ayer, por fin, Sánchez y Biden se encontraron en la cumbre de la OTAN. Bueno, mejor dicho, ayer, aprovechando la cumbre de la OTAN, Sánchez se hizo un selfi de 20 segundos con Biden. La propaganda oficial y los medios afines presentan hoy esa 'entrevista' como un gran éxito diplomático. Y lo es para nuestra embajada ante la OTAN, que mantiene en esa organización internacional nuestro buen nombre, y quizá para la ministra de Defensa, pero para nadie más. El hecho de que Biden no haya respondido a las llamadas de Sánchez, ni cuando era candidato, ni cuando fue elegido presidente ni cuando tomó posesión del cargo, y que Sánchez se atreviera a fingir que habían hablado durante la cumbre de líderes sobre el clima, no siendo verdad, produce bochorno. No, Biden nunca ha llamado a Sánchez y ayer solo se dejó fotografiar con él con la paciencia propia de un personaje de Disney en el parque.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden, durante la cumbre del G-7. (Reuters)

Lo de ayer fue ridículo: no es que ambos presidentes se entrevistaran, es que se cruzaron yendo de un sitio a otro y Sánchez se puso cansino, y se pegó a Biden tanto cuanto le dejaron los de protocolo. Fue de vergüenza ajena.

¿Cómo vamos a importar fuera?

Contemplar al presidente del único Gobierno con comunistas de Europa tan servil con los norteamericanos y precisamente en la OTAN, justo el lugar en que Estados Unidos tiene interés en vernos y en el que ese interés pasa por que España ponga más dinero, causa ternura si no fuera porque pone de relieve la indigencia y trivialidad de nuestra política exterior.

Y ojo, no vayamos a encontrarnos en el medio plazo con una oferta de Marruecos para acoger las bases americanas.

Los medios españoles han celebrado que el Parlamento Europeo aprobase una resolución que defiende a España frente a Marruecos

Vuelvo a la UE. Los medios españoles han celebrado que el Parlamento Europeo aprobase una resolución que defiende a España frente a Marruecos. Eso ha estado bien. Lo que no dice la prensa nacional es cuánto hemos tenido que negociar, presionar y ceder, ni cuánto se han movido los diplomáticos marroquíes y qué poco los españoles, ni cuántos eurodiputados y de qué nacionalidades no nos han apoyado. En el caso de mi grupo, el mayoritario, el de Merkel, se pusieron del lado de Marruecos los alemanes y los franceses. ¿Por simpatía pro-alauita? No, no…, qué va, porque la parte marroquí trabajó sus apoyos y la española no, y porque todo lo que se relaciona con España hay que pelearlo más que si tuviera que ver con otro país de nuestra área geográfica.

Pondré un ejemplo demoledor. A finales del pasado verano, Grecia vivió un conflicto muy parecido con Turquía. Más grave, me atrevería a decir, dado que en Turquía hay confinados millones de refugiados políticos, la situación en la frontera con Chipre sigue siendo tensa, existen desacuerdos sobre la soberanía de algunas islas y sobre las aguas territoriales, Turquía pertenece a la OTAN (o sea, es aliada estratégica de todos) y en Alemania tenemos una enorme y muy influyente comunidad turca. Entonces España se puso de perfil y el Gobierno de Sánchez evitó respaldar al Gobierno griego. Pues bien, también hubo un debate y una resolución en el Parlamento Europeo.

Foto: Sesión plenaria del Parlamento Europeo en Estrasburgo. (Reuters)

Vamos a comparar los resultados: España frente a Marruecos fue respaldada por 397 eurodiputados, Grecia frente a Turquía por 601. De parte de Marruecos, con el voto en contra o la abstención, se pusieron 281 miembros de la Cámara, mientras que de parte de Turquía solo 87.

Lo mismo sucedió con el suplicatorio de Puigdemont. Obtuvimos entonces 400 votos a favor, en tanto que el resto de las peticiones de suplicatorio provenientes de los tribunales de otros países que se tramitaron ese día no bajaron de los 600 apoyos explícitos.

No nos respetan, pero no porque no nos quieran (como decían los franquistas), sino porque nosotros mismos no nos respetamos, no nos tomamos en serio. La semana pasada, un extremista abofeteó al presidente de la República francesa en público, todos vimos las imágenes. La Justicia gala ya ha enviado al susodicho a la cárcel sin que nadie haya protestado porque, con indiferencia del color político, el presidente francés es la encarnación de la nación francesa. En nuestro caso, andamos a la carrera para despenalizar las injurias al Rey porque unos cantantes de extrema izquierda, que si pudieran derogarían la Constitución, afirman que eso no es democrático y nos asusta que quizás estos revolucionarios tengan razón.

La política internacional española no existe, habrá que volver a empezar de cero.

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