Por qué defiendo la consulta catalana y no iré a votar el 9-N

Se abre el telón y se ve a Barack Obama anunciando un referéndum sobre la prohibición del uso doméstico de las armas automáticas. Acto seguido añade

Foto: Concentración convocada en torno a la consulta del 9N. (EFE)
Concentración convocada en torno a la consulta del 9N. (EFE)

Se abre el telón y se ve a Barack Obama anunciando un referéndum sobre la prohibición del uso doméstico de las armas automáticas. Acto seguido añade que, a fin de que los votos se contabilicen con todas las garantías democráticas, hará el recuento la Asociación Nacional del Rifle. ¿Chiste? Cambie el contenido de la consulta. Cambie también el nombre del presidente americano, donde pone Barack escriba Barça y ya sabe por dónde van los tiros.

Hagamos una pausa, tomemos un poco del tufo vivificante de los aromas de Monserrat.

No puedo ir a votar el 9-N. Ya me gustaría a mí, pero es imposible porque esta consulta es una perversa marranería. Uso estas palabras para no afear el periódico con otras que también empiezan por p y por m, las que empleo hablando con mis amigos, las que mejor describen mi asco y mi desazón. Lo que voy a contarles esta semana es mi experiencia con el falso referéndum/consulta de autodeterminación de Cataluña, que he defendido hasta que se me han gastado los motivos.

Empecemos por el final y que Wilder nos acompañe: el otro día formalicé mi participación en esta consulta que quieren hacerme y a la que por fin me arrimo con la cara de cuando voy a la consulta del proctólogo. Estiré el índice y... pero no se asuste, señora, que fue para pulsar teclas. Así penetré con mi dedo en la página web de la consulta y, gracias a mi dominio del catalán, hice el trámite en un segundo. Apareció el colegio donde debo votar, Sant Felip Neri, sito en la plaza del mismo nombre, que es la más bella de la ciudad, y acto seguido me sugirieron que imprimiera yo mismo la papeleta con las preguntas.

Apareció el colegio donde debo votar, Sant Felip Neri, sito en la plaza del mismo nombre, que es la más bella de la ciudad, y acto seguido me sugirieron que imprimiera yo mismo la papeleta con las preguntas. Esta cutrez fue la gota que colmó el vaso

Esta cutrez fue la gota que colmó el vaso. En mitad del dispendio descontrolado de la consulta, me llamó tanto la atención la tacañería que me acordé de la noticia de El Mundo Today que dice que Mas haría la campaña informativa llamando él mismo a todos los interfonos de Cataluña para ahorrar en la factura de teléfono.

También me acordé de la canción: cada nueve de noviembre, y siempre sin tarjeta... electoral, en este caso. En fin, señora, que te animan a imprimirte la papeleta en casa, ¡otra garantía más de calidad democrática! Ganas me dieron de imprimirla en el reverso de un artículo de Federico Quevedo o Arcadi Espada, pero no lo hice, ¿para qué? Tampoco descartan que haya papeletas en el colegio electoral. Aquí no se puede descartar nada y al mismo tiempo puede descartarse todo: ¿habrá urnas, habrá colegio?

Ayer dijo el Tribunal Constitucional que esta consulta no vale ni en diferido ni en simulado, y las incertidumbres son tan numerosas como la escasez de papel oficial.

No hay dinero para papeletas, pero las ciudades están abarrotadas de carteles enormes con propaganda para el sí, maquillada toda ella con ese eufemismo del derecho a decidir pero completamente desprovista de la más mínima alusión al no. Los turistas deben estar alucinando, porque la Pedrera no se ve: la ha tapado un cartel gigante de color amarillo. ¿Querrán convencer a los turistas japoneses que intentan en vano fotografiarse delante del modernismo catalán? Amigos de Asia, les presentamos el nuevo modernismo catalán: ¡una pancarta amarilla!

Y yo iba a votar. Hasta el último momento iba a hacerlo porque una consulta no vinculante circunscrita solamente a Cataluña es una herramienta muy valiosa. Cuando Rajoy empezó a poner sus caras de póquer y a decir lo que mi madre: ni consulta ni consulto, a mí se me llevaban los demonios. Entiendo que Rajoy tiene pavor porque, como es corto de miras y pisa tan poco Cataluña, entiende que aquí son todos unos indios idólatras de Jaume I. Pero se equivoca: en Cataluña hay mucha más diversidad de la que le gustaría a Oriol Junqueras, y para saber de qué estamos hablando bien nos vendría una consulta sobre la cuestión.

Me pregunto yo por qué motivo debo confiar en que contabilice correctamente mi voto negativo la misma gente que ha llenado Cataluña de pancartas pidiendo la independencia unilateral. Así que yo, tan partidario de esta consulta, tan ajeno a las estrategias de Rajoy, al final no iré a votar

Muchos españoles dicen: que nos dejen votar a todos. Y yo respondo que para votar la independencia quizás sí habría que consultar a todos los españoles, pero para saber lo que piensan los catalanes sobre la independencia viene a ser un poco innecesario. De la misma forma, a los fachas de la Assemblea Nacional de Catalunya les entra urticaria si alguien dice que la independencia debe votarse en el conjunto de España, así que les pondré el ejemplo que más les fastidia: Cataluña ya es independiente y Barcelona decide separarse y unirse a España. ¿Quién debe votar?

Pero es que, igual que Rajoy desconoce la diversidad catalana, los fachas de la ANC creen que en Madrid van haciendo el paso de la oca y quemando esteladas. Para defender su tierra soñada de los vampiros españoles, los voluntarios de la ANC han llenado estos días toda Cataluña de guirnaldas amarillas, a modo de ristras de ajo.

Pues bien, esto me lleva al motivo por el que no puedo votar, al chiste del comienzo: será la ANC, órgano que tiene tanto de imparcial como de honorable Jordi Pujol, el que haga el recuento de los votos durante un proceso que se prolongará quince días, en los que podrá seguir votando el personal que no haya podido asistir el 9 de noviembre. Me pregunto yo por qué motivo debo confiar en que contabilice correctamente mi voto negativo la misma gente que ha llenado Cataluña de pancartas pidiendo la independencia unilateral.

Así que yo, tan partidario de esta consulta, tan ajeno a las estrategias de Rajoy, al final no iré a votar. Prefiero, como me sugirieron algunos amigos, que el resultado dé un sí-sí al 99%. Será la demostración final de la invalidez de este proceso. Que no cuenten con mi voto para maquillar su totalitarismo.

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