Cataluña, día cero

Colas ante los colegios electorales, presencia policial y entusiasmo entre los participantes. Así han transcurrido las primeras horas del 9-N en Barcelona

Foto: Colas para votar en una mesa electoral de Barcelona. (Reuters)
Colas para votar en una mesa electoral de Barcelona. (Reuters)

Son las doce del mediodía y la votación del 9-N se desarrolla en Cataluña con civismo, en un ambiente de entusiasmo y con una participación que, lejos de decaer a lo largo de la mañana, está multiplicándose.

La polémica por el uso ilegal de los colegios sigue provocando noticias pese a la pasividad del Ministerio de Interior. Rosa Díez ha vuelto a pedir a Mas que detenga el proceso y Plataforma per Catalunya (PxC) ha denunciado en la Ciutat de la Justicia los 1.317 colegios en los que se vota, por un delito de desobediencia penado en los artículos 410 y 556 del Código Penal. Sin embargo, la Consellería d'Interior no ha pedido a los Mossos que identifiquen a los voluntarios ni que se retiren las urnas. Al contrario, el apoyo de las instituciones catalanas está muy presente desde las primeras horas: Artur Mas llegaba entre aplausos al colegio electoral y votaba antes de las doce. Oriol Junqueras actúa como presidente de mesa en el colegio Frederic Mompou de Sant Viçenc del Horts.

Fuentes de la ANC manifiestan su orgullo y ensalzan la "valentía" de los votantes y voluntarios que "no se han amilanado ante las amenazas del gobierno central". Carme Forcadell, presidenta de esta agrupación independentista, ha declarado después de votar que "pase lo que pase, hoy ya hemos ganado."

Así es como han transcurrido las cosas en una mañana que algunos independentistas ya bautizan como "hora cero de Cataluña."

Un anciano de 93 años deposita su papeleta en Barcelona. (Efe)
Un anciano de 93 años deposita su papeleta en Barcelona. (Efe)

Hora cero

A las ocho menos cuarto de la mañana, la ciudad de Barcelona muestra algunos fenómenos que distinguen la jornada de cualquier otro domingo del año. Entre los habituales turistas borrachos que se arrastran a sus hostales de la Rambla corren personas recién despertadas camino de su colegio electoral; ante la mirada somnolienta de los madrugadores con perro y dominical bajo el brazo, desfilan agentes de la Guardia Urbana y los Mossos de Escuadra, desplegados por todas partes para velar por la seguridad de la ciudad.

Hoy es el día cero para muchos catalanes. Así lo sienten y lo dicen, todas las conversaciones remiten a lo que ocurre hoy. Dicen que puede pasar cualquier cosa y colea el rumor que ayer difundieron medios nacionalistas, que alertaron de que venían los tanques por la Diagonal. El ejército se apresuró para aclarar que los blindados iban para una exposición en el cuartel del Bruch, pero esta mañana todavía hay quien mira a las avenidas con desconfianza. Salvador C., panadero, ha dejado a Cindy, ecuatoriana y apolítica, en el negocio. Dice:

-Yo no iba a votar, pero como nos lo prohíbe l'Estat sí lo voy a hacer. Tienen que dejar que nos expresemos, ya está bien. Esto es una protesta, o así lo veo yo.

Mientras la Fiscalía daba los últimos toques a un balón que corre en dirección a la portería española, Artur Mas y "emisarios españoles" se reunían en secreto para ver qué es lo que va a pasar el día 10.

Votación en Vilassar de Dalt, cerca de Barcelona. (Reuters)
Votación en Vilassar de Dalt, cerca de Barcelona. (Reuters)

Jornada histórica

Ante el colegio de Sant Felip Neri se habla más de Franco que de Mariano Rajoy. El sentimiento general es que hoy es una jornada para la Historia. Piensan los que han venido que se decide el futuro de una nación "sometida demasiado tiempo a la bota española".

De camino, en la plaza de Sant Jaume, apacientan la alborada las sedes de la Generalitat y el Ayuntamiento. El airecillo no consigue aventar la bandera de España que cuelga junto a la de Cataluña en el balcón de la Generalitat. En el aire azul y quieto llama mucho más la atención el led con cuenta regresiva que ayer a medianoche culminó su cometido. Muestra un triple cero y, a su lado, el lema de la Assemblea Nacional de Catalunya: Ara és l'hora.

Anoche, una multitud desenfadada se reunió en tropel. Querían fotografiar los números en la última etapa de su viaje hacia el vacío. Había ambiente de Nochevieja, pero Artur Mas no salió al balcón embozado con la capa de Ramón García y Oriol Junqueras no lo acompañaba con el vestido ceñido de Ana Obregón. No era la cuenta atrás para el Añonuevo, sino para el país nuevo:

-¡Tres, dos, uno, independencia! ¡In-de-pen-densía!

-¡Sí, no, sí, no-sí-no! –gritaba una muchacha preciosa muerta de risa, usando las sílabas de la reclamación popular para cantar el popurrí de opciones de la consulta del 9-N. Así terminaba una jornada de reflexión marcada por las negociaciones secretas entre el Estado y la Generalitat, la manifestación de los españolistas Libres e Iguales que acabó en rifirrafe goyesco cuando un grupo de euskaldunes llegó para chafar el acto, y el desenfreno de las cuentas de Twitter de los acólitos de la ANC, que hasta el último minuto animaron a quien pudieron para que madrugase, a fin de que se vieran buenas colas largas a las puertas de los colegios antes de las nueve de la mañana.

Un votante se fotografía con Oriol Junqueras, que presidía una de las mesas. (Efe)
Un votante se fotografía con Oriol Junqueras, que presidía una de las mesas. (Efe)

Bien: lo consiguieron. La ANC apostó por una participación masiva y las primeras horas están siendo fragorosas. Desde las siete y media hay quien espera ante la puerta de su colegio electoral. Un grupo de señores y señoras que rondan la cincuentena beben café de un termo con un par de chicos adolescentes.

-¿Café para todos? –les pregunta el periodista.

En la plaza de Sant Felip Neri es famosa la fuente medieval y los restos de metralla en la iglesia, producto de una bomba lanzada por el bando nacional en enero de 1938. Cuando quedan dos minutos para las nueve, en el interior del colegio Sant Felip Neri se desatan los aplausos, y los votantes que hacen cola acompañan a la ovación. Después, la multitud desfila hacia el interior del colegio, donde la apariencia es la de un domingo electoral, pero con algunas carencias: no hay cabinas para garantizar el voto secreto, al menos en Sant Felip Neri. En una mesa a la entrada están las papeletas y algunos bolígrafos. Se ve a los primeros votantes marcando el doble sí, y a alguno con expresión recelosa que se lleva la papeleta a un rincón y marca una sola casilla intentando no ser visto.

En otros colegios electorales, las colas han superado el centenar de madrugadores. Son las diez y media. La votación ha arrancado en Cataluña con civismo, se respira entusiasmo. Mientras brotan los primeros testimonios de políticos que han ido a votar, una mujer de ochenta años le dice a su amiga:

-¡Me siento como si fuera la primera vez que puedo votar!

 

En directo: Cataluña afronta el 9-N

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