Instrucciones para crear un Estado

Disculpen, me he dormido: ¿ya es Cataluña un Estado?-Sí, ya es un estado. Pero un estado de Facebook.Normal. ¿No están ya cansados de tanto rollo? ¿No

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Disculpen, me he dormido: ¿ya es Cataluña un Estado?

–Sí, ya es un estado. Pero un estado de Facebook.

Normal. ¿No están ya cansados de tanto rollo? ¿No empieza a resultarles irritante leer informaciones y opiniones sobre el asunto catalán? Yo, después de un 9-N triscándome media Barcelona, estoy demasiado aburrido como para dedicarle un solo artículo más. ¿Qué puedo decirles sobre lo que he visto? He visto banderas, he visto urnas, he oído cosas sobre Cataluña (que si es buena, que si es mala) y también he hablado con una mujer que estaba muy entusiasmada porque decía que se iba a divorciar, o algo así.

En fin: los que se asomaban a las urnas tienen todo mi respeto por votar, por organizarse, por promover esta cosa sin sentido pero hermosa, y reconozco que me da envidia que tengan una ilusión colectiva: enhorabuena, porque a mí estas cosas me suenan a checoslovaco. Hasta el presidente Rajoy tiene mi respeto y le mando mi cariño. Y una vez repartido este amor que me desborda después de un día en el que unos han insultado a los otros y los otros a los unos, pido a todos, políticos españoles y catalanes, que a ver si es posible que dejen de dar un poco el coñazo, que bajen el volumen de esta música machacona porque en mi país, cuyo nombre empiezo a ignorar, hay cosas mucho más urgentes en las que pensar. Lanzo, en esta única línea seria, un abrazo (esta vez sincero) a los familiares y los amigos de quienes han muerto en el autobús de Murcia. Mientras una nación se ensimismaba con preguntas ontológicas, el mundo real seguía ahí, con su bestialidad.

Pido a todos, políticos españoles y catalanes, que a ver si es posible que dejen de dar un poco el coñazo, que bajen el volumen de esta música machacona porque en mi país, cuyo nombre empiezo a ignorar, hay cosas mucho más urgentes en las que pensar

Bien: a mí me han pedido que escriba sobre la independencia, así que voy a contarles la edificante historia de Roy Bates, que levantó su propio Estado a una milla del límite de las aguas británicas. Espero que me lean muchos independentistas, porque aquí verán cómo se construye un país. Veo que llevan todo el día intentándolo y la verdad es que no es tan difícil.

En 1967, un inglés llamado Roy Bates arribó a una plataforma militar llamada Rough Towers. La Corona Británica la había construido durante la Segunda Guerra Mundial para limpiar de minas magnéticas alemanas la desembocadura del Támesis. Bates no tenía relación con las minas, sino con la radio: después de varios intentos frustrados de montar emisoras pirata, descubrió que esta construcción sin dueño, apenas una plataforma subida a cuatro columnas, se encontraba en aguas internacionales pese a estar a una milla de la costa inglesa. Allí, el radiofonista pirado tendría la oportunidad de emitir sin que ninguna autoridad se lo impidiera. Sólo hacía falta un pequeño paso previo: convertir aquella plataforma en un Estado soberano.

Pintó en la fachada del pequeño barracón superior de la plataforma una palabra: Sealand. Después de consultar a sus abogados, Roy Bates supo qué cuatro condiciones son la base para el nacimiento de un Estado soberano: una superficie estable (la plataforma la tenía), una población fija (él, su mujer y su hijo la conformarían), un Gobierno (Roy se autoproclamó príncipe de Sealand, así que asunto resuelto) y el reconocimiento de otros Estados soberanos. Es posible que Artur Mas crea que la cuarta es la más difícil y por eso se pase el día viajando, concediendo entrevistas a la CNN y provocando la vergüenza ajena a norteamericanos y mongoles. Pues bien, senyor president, le invito a usar la imaginación como hizo Roy Bates.

La Familia Real de Sealand y todo aquel que les jurase lealtad podrían vivir en este nuevo Estado indefinidamente, y el lema de esta gran nación fue E Mare Libertas. Sólo quedaba que alguien lo reconociera.

La historia de Sealand dio para mucho más: hubo una guerra, un golpe de Estado y el secuestro de un ciudadano alemán, que se saldó con un nuevo reconocimiento de facto de Sealand porque Alemania tuvo que enviar a su embajador para negociar el rescate, y por lo tanto Alemania estaba considerando que Sealand era un país

El momento clave llegó en 1968, cuando un barco británico se aproximaba a Rough Towers (ahora Principado de Sealand) para revisar unas boyas. Al divisar esta nave enemiga, y convencido de su papel como defensor de su patria, Michael Bates, hijo de Roy y príncipe heredero, descargó una pistola de calibre 22 para avisar al buque, que se fue por donde había venido. Se inició automáticamente un proceso judicial: Inglaterra quería denunciarlos por posesión ilegal de armas y por poner en peligro la vida de la tripulación, pero tras revisar casos históricos, el juez declaró inocentes a los Bates porque las leyes británicas sólo pueden juzgar a ciudadanos que cometan un delito en territorio británico o a bordo de una embarcación que lleve su bandera.

Un reconocimiento de facto de la soberanía de una nación se da cuando esta establece algún tipo de relación diplomática formal con una nación previamente reconocida. Aquí había llegado la primera resolución a favor de la soberanía del nuevo Estado. Pero hubo más. En 1969 se imprimieron sellos postales y Sealand envió sus primeras cartas, en concreto a Bélgica, cuyo servicio de Correos las aceptó aunque los funcionarios no hubieran visto nunca antes sellos como esos. En 1972, Sealand acuñó su propia moneda, con las caras del príncipe y la princesa en plata y oro. En el 75, redactaron una Constitución y tomaron como sistema judicial el británico.

La historia de Sealand dio para mucho más: hubo una guerra, un golpe de Estado y el secuestro de un ciudadano alemán, que se saldó con un nuevo reconocimiento de facto de Sealand porque Alemania tuvo que enviar a su embajador para negociar el rescate, y por lo tanto Alemania estaba considerando que Sealand era un país.

Queda decir, para atención de los políticos independentistas catalanes que, mientras vivieron en Sealand, ni Roy Bates ni su familia soberana tuvieron que pagar ningún impuesto británico. ¡Así que ya saben! ¡Compren una lancha y pónganse a buscar!

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