¿Quiere Artur Mas una estatua ecuestre o se conforma con su cara en las monedas?

Convergència y Esquerra han decidido meterse en una lista unitaria, porque estas bodas le dan al proceso soberanista un cariz propio de las fantasías de Tolkien

Foto: El presidente del Govern, Artur Mas, y el presidente de ERC, Oriol Junqueras en un pleno del Parlament. (EFE)
El presidente del Govern, Artur Mas, y el presidente de ERC, Oriol Junqueras en un pleno del Parlament. (EFE)

Un amigo asistió a una reunión de simpatizantes de las asociaciones independentistas en su pueblo; me cuenta que luego se fueron al bar y empezó una conversación en clave cómica sobre la manera de aprovechar el futuro y la gloria cuando Cataluña sea un estado. El humor catalán es posiblemente el más fino de toda España, pero aquellas chanzas estuvieron cerca de terminar mal.

Repartían, entre risas y pitorreo, las estatuas, la numismática y los monumentos. Se preguntaban si sería prudente colocar al enano de Jordi Pujol sobre un caballo o si iba a ser más seguro subirlo a un pony; si la fisonomía de la cara de Artur Mas no los estaba obligando a acuñar monedas cuadradas; si era razonable hacerle a Oriol Junqueras un retrato hiperrealista... Porque los catalanes son como las novias, y usted no debe hablar mal de su padre pero ella es capaz de divertirse con las coñas más crueles.

Artur Mas en una reunión del gobierno catalán. (EFE)
Artur Mas en una reunión del gobierno catalán. (EFE)

Pero, oh Baco injurioso, que animados por el vino del Penedès, si los amigos no terminaron a guantazos fue gracias al seny o al agotamiento. El motivo: que llegó el momento de repartir las calles del pueblo y más de uno consideraba, primero en broma y luego en serio, que merecía una plazoleta mientras que otro no había hecho esfuerzos ni para una escalera de incendios. Ya nos avisa Lawrence Sterne: empezamos en broma a defender una idea, por el placer de discutir con nuestros amigos, y de repente, como sin motivo, esa broma ha convertido en idea sagrada y cualquier ataque contra ella nos ofende en lo más íntimo.

Cuento esta anécdota hoy, que Convèrgencia y Esquerra han decidido meterse en una lista unitaria, porque estas bodas le dan al proceso soberanista un cariz propio de las fantasías de Tolkien. Tanto que pronto habrá que llamarlo proceso sober-anillista, y en cuestión de anillos, sabe Sauron y sabe Mas que un anillo único es mucho más práctico que andar liando a las especies de la Tierra Media con varias colecciones de bisutería. El problema, claro, es quién lo lleva puesto. Y, ahí, la anécdota pasa a convertirse en un asunto serio.

De cara al electorado, Artur Mas y Oriol Junqueras han decidido ser consecuentes con su patriotismo y acudirán a las urnas con una gran bandera estelada tapando sus siglas respectivas. Son hábiles con la propaganda: las elecciones se celebran después del 11-S, y esto les servirá como trampolín de campaña. Muchos balcones y ventanas en todas las calles amanecerán el 12 de septiembre con la estelada colgando, y esta vez la bandera no tendrá tanto de sentimiento patriótico como de cartel de propaganda electoral.

Una costra de turistas nos mantiene a los barceloneses atontados durante el verano. Cuando la costra desaparezca, muchos nos preguntamos en qué estado vamos a encontrar nuestra ciudad. En qué estado, quiero decir, literalmente. Y en esta cuestión, la izquierda va a tener mucho poder de decisión.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE)
El presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE)

Los progres de Barcelona le dieron un repaso al independentismo en las últimas elecciones. Las políticas neoliberales de ERC supusieron el trampolín para Ada Colau, que llegó al ayuntamiento sin necesidad de declararse una Manuela Malasaña de Cataluña. Pero muchos se preguntan ahora si el votante de izquierdas considerará que el castigo ha sido suficiente, o en otras palabras, qué parte de la izquierda aprovechará esta cita electoral para demostrarse tan senyera como preocupada por las privatizaciones sanitarias y la desigualdad. Porque el catalán, en general, es una persona justa, y los justos dan a sus políticos una de cal y otra de arena.

Pero, basta, pido a las musas me aparten de la retórica, que me lleven en volandas de vuelta a la anécdota, donde brilla con más fuerza la verdad de las cosas. Les contaba a ustedes que en un pueblo casi acabaron a boinazos por la broma del reparto de las calles. Uno va por la vida con ganas de pitorreo hasta en el momento más solemne del futuro de las naciones. Me pregunto, como se preguntan todos, qué pasará al día siguiente de las elecciones, el 28 de septiembre, cuando en la lista unitaria haya que ponerse de acuerdo sobre el reparto, no de calles todavía, pero sí de esferas de poder y decisión.

Puede que Artur Mas esté haciendo oposiciones a héroe, y los exámenes son duros. Exigen hacer muchas locuras y excentricidades

Hace tiempo, Artur Mas dejó de ser la sombra alargada de Jordi Pujol y tomó, como Skynet, conciencia de sí mismo. Desde entonces, la sombra ha adquirido un cuerpo suficientemente pesado como para partir en dos a CiU. Los médicos siempre alertan a sus pacientes de que la obesidad es un proceso degenerativo: en cualquier momento, el president verá el paso de sombra a entidad corpórea como crecimiento insuficiente y querrá que lo conviertan en estatua. Reinventar la historia, construir una nación, es un ejercicio que deja muchos héroes vacantes, muchos caballos sin estatua, muchas monedas sin rostro. Puede que Artur Mas esté haciendo oposiciones a héroe, y los exámenes son duros. Exigen hacer muchas locuras y excentricidades.

Muchos Jordis y Marcs se preguntan si, en caso de victoria independentista en estas elecciones plebiscitarias, se inclinará la balanza de la Generalitat a la legalidad española o a una legalidad catalana, todavía ficticia, todavía ilegal. Y yo creo que, en caso de que ganen Mas y Junqueras, esto se ha dirimido ya. Los caballos de bronce llaman a sus caballeros con poderoso relincho, las monedas sin rostro pinchan en los bolsillos, y en Barcelona hay muchas plazas bonitas con nombres demasiado ambiguos para un momento tan prolífico en glorias nacionales.

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