La verdadera historia del negro, la balsa y los periodistas burlados

El senegalés de las fotos vive en Barcelona, juega al vóley playa y suele trabajar como extra en películas. Ni siquiera llegó a Europa de manera ilegal

Foto: El supuesto protagonista de la historia y Tomás Peña
El supuesto protagonista de la historia y Tomás Peña

El domingo, de repente, sólo se hablaba del negro Abdou y su viaje para cruzar África y el estrecho de Gibraltar con destino a una playa española. Así estallan los temas de conversación en estos tiempos, como relámpagos. Mis contactos de Facebook compartían la noticia del Huffington Post, ¡un negro cruzó el estrecho y ha cubierto la odisea subiendo las fotos a Instagram! ¡El peligroso periplo relatado de primera mano! ¡Y encima es simpatiquísimo, no pierde la sonrisa!

(Se sabe que la sonrisa de un africano es un artículo codiciado por legiones enteras de solidarios de pro. El mejor marfil sigue siendo el africano, y no hay cliente del turismo solidario que no vuelva de África con su foto-souvenir personalizada, donde lo veremos rodeado de chiquillos negros y sonrientes, al estilo San Vicente Ferrer.)

El problema, como suele ocurrir también, es que la noticia era falsa. El senegalés de las fotos vive en Barcelona, juega al vóley playa y suele trabajar como extra en películas. Ni siquiera llegó a Europa de manera ilegal. El publicista Tomás Peña contactó con él. Peña había ideado, junto a Tomás Oliva, una campaña viral para el festival Getxofoto: un catfish, o personaje de ficción de internet, sobre un inmigrante ilegal que cubre su viaje por Instagram.

Me cuenta Tomás que la campaña no daba los resultados ideales y que hizo un experimento. Lanzó el Instagram a unos cuantos periodistas expertos en inmigración por Twitter. Eh, ¿has visto esto? ¡Es una gran historia! Y paralelamente se hizo una dirección de correo (abdoudiouf93@outlook.com), y desde ahí respondía a los periodistas con un inglés macarrónico. A muchos les bastó recibir unas cuantas letras desde ahí.

El hecho de que fuera domingo y agosto, con la población de becarios dominando las redacciones, tuvo mucho que ver con la bola de nieve

El domingo por la tarde, el telediario de Cuatro usaba ese tono de voz afectado y solemne que los humanos reservan para consolar a un huerfanito y los locutores de la tele emplean para darnos noticias de contenido social. A esa hora, Twitter había ungido una noticia falsa con los santos óleos de la realidad. Puesto que los internautas querían compartir la noticia del negro que cogió la balsa y cruzó el estrecho sin dejar de hacerse selfis, muchos medios pujaron ofreciéndoles links a cambio de visitas.

Cayó en la trampa nada menos que la BBC, el Times o la Cadena SER, entre otros. Peña considera que el hecho de que fuera domingo y agosto, con la población de becarios dominando las redacciones, tuvo mucho que ver con la bola de nieve. Cuando algunos periódicos burlados quisieron rectificar, ya era demasiado tarde. Se sabe que en internet la mentira será repetida mil veces antes de que haya dado tiempo a aportar un gramo de verdad.

¿Había indicios para sospechar? Sin duda. Los hashtags que acompañaban el relato en Instagram destilaban ironía: cuando el senegalés se refrescaba con un cubo de agua, ponía #spa. Cuando se abrazaba a sus compañeros por haber tocado tierra, ponía #porn. Extrañaba ese cinismo propio de jovencitos occidentales adictos al selfi, y fue uno de los aspectos que puso en guardia a determinados periodistas.

 

Algunos le pidieron al falso Abdou una prueba de su existencia, como una nota de voz, y en ese punto la mentira se hizo insostenible. El festival Gextofoto lanzó una nota de prensa confesando que todo formaba parte de una campaña que había conseguido colar el festival en The Times, Huffington Post, The Mirror o Buzzfeed (a veces narrando el engaño, otras en la rectificación) totalmente gratis.

Muchas bromas delatan vergüenzas, y la pregunta cardinal que muchos periodistas no se hicieron es esta: ¿realmente hay wifi a lo largo del viaje de un senegalés hasta el estrecho y en un centro de internamiento de extranjeros español?

La respuesta es no. Es llamativo que muchos se creyeran que desde un CIE se puede actualizar Instagram y enviar emails. Herméticos a la comunicación, repelentes a los periodistas, los centros de internamiento son un eufemismo para una clase de prisión donde los derechos humanos están en entredicho. En Europa no existe un censo oficial, pero la red Migreurop calcula que hay 374. Allí esperan la extradición los extranjeros capturados por las autoridades en unas condiciones de privación de la libertad y la comunicación que escandalizan a muchos observadores.

Pero Peña me cuenta que el éxito de la campaña viral se debe en gran medida al hambre de miseria. El sensacionalismo pone el sentimiento por encima de la evidencia, y esto lleva a que algunos periodistas estén dispuestos a publicar una noticia sin otra constatación que un email. (Para quien quiera pasar un buen rato con la candidez de los internautas y los peligros del email, recomiendo las bromas de Mikel Nhao.)

Le pregunto a Peña: ¿nadie preguntó al falso Abdou cómo es que tenía conexión en un CIE?: "Claro, pero mentí como una puta y me creyeron". ¿Y cuál es tu conclusión? "Que en internet todos estamos hambrientos y todo vale. Por eso triunfa Callejeros y Mujeres y Hombres y Viceversa". Oye, ¿y qué piensa de todo esto el protagonista? "Le han escrito chicas". Y Peña adjunta capturas de pantalla tan alucinantes como esta, que podríamos considerar un final feliz:

España is not Spain
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios