Y la venganza de los pringados azotó la nuca de los adúlteros

Que los dioses bendigan a los fieles, porque de ellos será el reino de los celos

Foto: Sitio web de Ashley Madison. (Reuters)
Sitio web de Ashley Madison. (Reuters)

Pensé que alguien aplaudía en la calle pero eran las collejas lloviendo en las nucas de los adúlteros, o presuntos adúlteros delatados por un hatajo de hackers bastante cabrones.

Ay, infieles, y sobre todo ¡AY, presuntos infieles!: es humillante que un puñado de informáticos haya vomitado luz encima de la marejada de cuernos que removíais gozosa y subrepticiamente en la oscuridad. Os creíais truhanes y habéis sido víctimas de la venganza de los pringados. Porque, ¿serán infieles los hackers? Después de leer su carta dudo que hayan pillado cacho, y esto en caso de que no sean todos mujeres burladas.

Yo me imagino a vuestros verdugos pálidos y rabiosos, buscando una excusa de tinte anarquista para justificar su masacre sentimental. Porque podían haber filtrado los datos de cualquier banco suizo pero eligieron una página de ligoteo. Será que envidian más la riqueza amatoria que la económica. Oled, si no me creéis, la nota anónima que os delata: hiede a risketos, a pelotazos y a pandilla drakis. Es la venganza de los orcos criados en madrigueras -cibercafés de pueblo donde se jugaba al Counter Strike-.

Os creíais truhanes y habéis sido víctimas de la venganza de los pringados. Porque, ¿serán infieles los hackers? Después de leer su carta lo dudo

¿Os acordáis de ellos? Vosotros, camino del altar y luego camino del hotel de carretera, los mirabais y os reíais, ¡ja ja ja! ¿Quién es ahora el pringado? Cuando amenazaron con hacer pública la base de datos de Ashley Madison se ganaron inmediatamente vuestro respeto. Oímos vuestros huevos saltando al nudo de corbata con estrépito de persianas que suben. Al saber que vuestro secreto estaba indefenso os debisteis sentir como el que ve los zapatos del marido desde debajo de la cama. Seguramente invocasteis en silencio un pacto de caballeros, suplicasteis que os guardaran el secreto, pero hay hombres distintos a vosotros: hombres que cumplen su palabra, si es que son hombres esos hackers.

Ahora, la pregunta es clara: ¿quién descubrirá tu nombre? Puede que no sea tu mujer, pero la esperanza ya te da la espalda: será su amiga, de la que siempre hablas mal; será la vecina cotilla que no soportas que merodee por casa; o será tal vez el amante de tu mujer, que quiere destruirte antes de que otro le haga lo mismo a él, porque se ha iniciado una cacería mortífera. Los datos dicen que hay demasiada gente con demasiado que perder. Basta la pericia del teclista de una orquesta de pueblo para encontrar nombres y datos. Altura: 1,78, peso: 82, complexión: atlética, ¡no te lo crees ni tú! Y una foto de barbilla para abajo, metiendo barriga. No reconocerán tu cuerpo, pero sí el cuarto de baño. Ahí está, pequeñito, el cepillo de dientes de tu mujer.

Si esta noche, cuando entres al dormitorio, ves que tu esposa amusga y echa para atrás pezuñadas de arena, has de saber que tienes la honra en el punto de mira que queda entre sus cuernos. Reza entonces, desdichado, porque en este encierro te toca cogida.

Yendo al aspecto sociológico, tenía que ser en este país de porteras llamado España el sitio en que se ha realizado el mapa interactivo de la geocuernística mundial. Lo han hecho en una empresa que se llama Tecnilogica y se puede hacer zoom hasta verle al adúltero los pelos del cogote. También vale para tirar estadísticas, y las cifras son asombrosas. Si en casi todas partes hay un 80 o 90% de usuarios masculinos, doy por hecho que la mayor parte no logró comerse ni un colín, pero más allá de los hechos consumados surge la belleza de la geografía: he visto la rivera del Guadalquivir dibujándose a base de cuernos, y las grandes ciudades se convertían en manchas gigantescas en la conciencia de nuestro país.

Si sumáramos a los de Ashley los que prefieren Badoo y otras webs bajabraguetas, Marhuenda aprovecharía para culpar a Carmena de la ola de infidelidades

Sólo en Madrid se han delatado más de 130.000 usuarios. La mayoría hombres, casados y a la búsqueda de aventuras. Si sumáramos a los ciento treinta mil de Ashley Madison los que prefieren Badoo y otras aplicaciones bajabraguetas, Marhuenda aprovecharía para culpar a Carmena de la ola de infidelidades que azota la capital.

Dijo Séneca que son iguales el dolor por la cosa perdida y el temor de perderla, y me pregunto qué duele más a los delatados, si la mujer, la amante, la hacienda o los cojones, porque está claro que una de estas cosas, si no todas, la perderán en los próximos días. Otra sentencia de Séneca los llevará de la mano hasta el cadalso: ningún bien puede darnos placer salvo aquél para cuya pérdida estamos preparados. Preparados, listos, ya.

La infidelidad es un ring donde mueren karatekas mediocres, pero se fundamenta en un principio básico: es un pacto secreto entre dos amantes. ¿En qué momento pensaron los usuarios de Ashley Madison que la protección de datos tenía sitio en la ecuación? En un mundo que ya ha conocido a Snowden, la privacidad es pura fantasía.

En fin. Que los dioses bendigan a los fieles, porque de ellos será el reino de los celos.

España is not Spain

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