Quien vota a ladrón tiene cien años de corrupción

Pregunto al votante conservador: ¿hace falta conservar también la corrupción? ¿No desean ustedes un PP al que se pueda votar sin mancharse las manos de barro?

El fin de semana pasado, antes de que Soria se liase con su maraña de verdades contradictorias, mi suegra nos llevó de excursión por el sur de Francia en su Mini rojo. En un momento dado se nos cruzó un coche enorme y ella metió un frenazo tan repentino que a mi mujer y a mí nos pasó la vida por delante. La misma sensación se me acaba de repetir con la dimisión de Soria, exministro de las eléctricas en funciones, o algo así. Esta es la lista de tramas policiales que he visto desfilar ante mis ojos:

Operación Pokémon, operación Orquesta, operación Zeta, operación Campeón, operación Baltar, Gürtel, Púnica, Bankia, Bárcenas, Porto, Guateque, Troya, Serrallo, Fabriquilla, Los Alcázares, Auditorio, Biblioteca, Cooperación, Brugal, Abucasis, Rabasa, Emarsa, Torrevieja, Terra Mítica, Imelsa, Almoradí, Canal Nou, Nóos, Blasco, Taula, Fórmula 1, Fuego, IVAM, Palma Arena, Mercurio y el alicatado de la sede de Génova.

Tramas delictivas o presuntamente delictivas asociadas al PP, dejando aparte los sombreritos panameños, las producciones de la competencia (CDC y PSOE de Andalucía) y la masa de excremento congelado que se intuye bajo esta punta de iceberg donde hoy se posa la gaviota y mañana podría brotar la rosa.

¿Es la dimisión un signo de los nuevos tiempos del partido? No. Soria, ministro nefasto desde el primer día, dimite después de que la prensa lo haya pescado

Los personajes protagonistas y secundarios de estas novelas policíacas son tan numerosos que, si el partido de Mariano Rajoy fuera 'The Wire', harían falta 25 temporadas para contar bien el esperpento. La serie podría titularse 'Caso aislado' y, a juzgar por las últimas encuestas, sería un éxito de audiencia colosal. Más de siete millones de espectadores asegurados.

El ministro de Industria, Energía y Turismo en funciones, José Manuel Soria. (EFE)
El ministro de Industria, Energía y Turismo en funciones, José Manuel Soria. (EFE)

Rajoy, ahora mismo, es como un médico compasivo y torpe que intenta quitar hierro al cáncer con las palabras que le dice al paciente. En el PP, obviamente, hay dirigentes, cargos intermedios y hasta becarios honrados. Cristina Cifuentes le pegó el otro día una patada en el culo al nuevo imputado del Canal de Isabel II, y lo hizo con una celeridad y una potencia más propia del Atlético de Madrid que de la política española. Sin embargo, en perspectiva, su decisión parece el verdadero caso aislado.

A mí a estas alturas lo único que me sigue alucinando ya es el votante. Vale que el PP sea el baluarte del conservadurismo en España, vale que nadie vaya a partirse tanto la cara por el católico practicante, vale que Ciudadanos no se ha perfilado como el sustituto adecuado para quien sufre alergia aguda hacia el PSOE, vale, todo esto se entiende, pero pregunto al votante conservador: ¿hace falta conservar también la corrupción? ¿No desean ustedes un PP al que se pueda votar sin mancharse las manos de barro?

El PP tiene que aceptar que tiene un problema, y esto no pasará si ustedes le siguen votando. Un lavado de cara no puede curar el intestino grueso

Estas tramas, aparentemente separadas entre sí, son los puntos que hay que unir mediante líneas, como en aquellos pasatiempos infantiles, para obtener un dibujo general que está bastante claro. Por menos casos aislados se declaró la enfermedad del ébola una pandemia universal.

¿Es la dimisión de Soria un signo de los nuevos tiempos del partido? No. Soria, ministro nefasto desde el primer día, ha dimitido después de que la prensa lo haya pescado. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que la puerta giratoria lo succione hacia una de las hidroeléctricas con las que trabajó codo con codo? Desengáñense: todo se sabe en la oficina. Los altos cargos van de visita a las casas de sus compañeros, asisten a sus bodas, a sus bautizos, a sus comuniones y a sus funerales, siempre que no hablemos de un funeral político. La prueba de que el PP no ha aprendido es que el uso del “no me consta” y de “ese señor del que me habla” solo se ha recrudecido.

El PP, como un adicto a la morfina, tiene que aceptar primero que tiene un problema, y esto no pasará si ustedes le siguen votando. Un lavado de cara no puede curar el intestino grueso. Hace falta una operación más compleja, una diálisis, una purga de la vieja guardia, de los que durante tantos años han contemplado el lujo y el mangoneo de sus compañeros sin decir ni Pío Cabanillas.

El votante fiel es quien financia el tinglado. ¿En serio creen que todo esto son casos aislados? ¿De verdad? Pues yo creo que merecen ustedes un PP mejor, y no se ofendan: ya hablaremos otro día del PSOE y todo lo demás.

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