Yo de mayor quiero ser neoliberal

En cada nueva convocatoria electoral se apela a lo más íntimo del votante, a su esencia, y se le convence de que solo un partido es capaz de representar sus intereses

Foto: Carteles de campaña de los candidatos a las elecciones generales del 20-D de los principales partidos: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. (Reuters)
Carteles de campaña de los candidatos a las elecciones generales del 20-D de los principales partidos: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. (Reuters)

Puede que el maestro de matemáticas haya pasado la noche con unos amigos, aunque sus ojeras y su impotencia ante la piara de niños gritones podrían deberse perfectamente al fallecimiento de un primo o de un hermano. Sobre estas cuestiones, de todas formas, los alumnos tienen una idea tan precisa como la que puedan tener los pupitres, los chicles que hay pegados debajo o nosotros mismos.

Quizás los alumnos tengan incluso una idea más imprecisa que nosotros, puesto que ellos ignoran que los maestros tienen una casa, unos amigos, una familia, en fin: una vida. Ellos son niños y van a lo suyo, viven inmersos en la emoción de la infancia y no se dignan a pensar en sus maestros separados del colegio. Tal vez crean que el conserje abre cada mañana una puerta secreta y saca a los profes de sus envoltorios. Aparecen vestidos con la ropa de siempre, con sus faldas azules o sus chaquetas con coderas, y luego se distribuyen por las aulas para dar la lección, al término de la cual vuelven a meterse en sus cajas de cartón y corchopán.

El tema, ¿qué quieres ser de mayor?, es lo primero que se le ha ocurrido. Imposible sospechar las consecuencias trágicas de esta pregunta

No importa. El caso es que el maestro, ahora podemos verlo mejor, parece un hombre de resaca, un tipo que se presenta a su lugar de trabajo con el poso culpable de quien no ha preparado la lección, sentimiento parecido al de los alumnos que no han traído los deberes hechos esta mañana de mayo. El hombre, después de pedir silencio a la marabunta chillona, decide que la mejor forma de pasar el día será proponer un debate. El tema, ¿qué quieres ser de mayor?, es lo primero que se le ha ocurrido. Imposible sospechar las consecuencias trágicas de esta pregunta.

El primer niño que levanta la mano para responder marca la pauta de lo que será el día de clase. Es un petimetre de cabellos rizados y rojizos y tiene los ojos inyectados en sangre. Se levanta para hablar, tal como le ha enseñado su padre, y tiene una voz chillona como un silbato.

-Yo quiero ser -dice después de meditar su pregunta- liberal en lo económico y conservador en lo político. Creo que quiero ser del PP.

El maestro parpadea lentamente. Sin tener tiempo para reconducir la cuestión, ve cómo se levanta otro alumno, en este caso un melenudo en miniatura al que sus padres le permiten ir a clase con camisetas negras estampadas con anagramas de grupos clásicos punk, como La Kabra de Tus Muertos:

-Yo quiero ser anarco-individualista hasta los 25 años, y más adelante es posible que me aproxime a posturas neoliberales, una vez que haya tenido la ocasión de hacer fortuna en los negocios gracias a una herencia recibida en un momento de duda teórica y maduración personal.

El proceso prometedor que arrancó en 2015 con la irrupción de nuevos partidos en el Parlamento ha derivado en una cadena perpetua de elecciones

En la primera fila se levanta entonces una niña rubia vestida con un chándal de Alcampo, que tiene dos boceras de chocolate a los lados de la boca:

-Yo de mayor voy a ser socialista, como mi padre, aunque está por ver si consideraré que mi opción en las elecciones es el PSOE, o si mi sensibilidad para con las clases desfavorecidas me inclina a votar al partido de una tendencia menos acorde con mi identidad política pero más radical en sus planteamientos inmediatos.

Una segunda cría, morena y bien arreglada -cuando se va de viaje de estudios, su madre le llena la maleta de vestidos conjuntados y algo de bisutería-, se pone en pie y alza la mano:

-Yo de mayor voy a ser comunista, pese a que mis progenitores me están dando una esforzada educación católica. Me decantaré hacia el colectivismo después de un viaje a Cuba, donde podré ver con mis propios ojos cómo la muerte de los Castro ha sumido a la isla en un proceso neoliberal parecido al ruso, en el que las antiguas élites de la burocracia se convierten automáticamente en dueñas de los medios de producción a la manera capitalista, pero sin los resortes protectores de la socialdemocracia.

El maestro de matemáticas decide poner un examen a sus alumnos, protegerlos en la seguridad de los números exactos, que nos salvan del apasionamiento

El maestro tiene en este momento la cabeza entre las manos y los codos apoyados en la mesa. Entre los relámpagos negros y grasientos de su resaca, sobresalen algunas reflexiones que, piensa, merecerá la pena cuajar en su blog sobre política. Es el año 2030 y España va camino de su XXVI legislatura. El proceso prometedor que arrancó en 2015 con la irrupción de nuevos partidos en el Parlamento ha derivado en una cadena perpetua de elecciones, en una continua búsqueda de reválida en el que todas las opciones parecen incompatibles con las demás.

En cada nueva convocatoria electoral se apela a lo más íntimo del votante, a su esencia, y se le convence de que solo un partido es capaz de representar sus intereses. Los medios de comunicación están permanentemente enfangados en una catarata de polémicas absurdas, que los publicistas de los partidos sacan a la palestra para centrar los focos en la identidad de los ciudadanos. Abrumado por las respuestas de sus estudiantes, el maestro de matemáticas decide poner un examen a sus alumnos, protegerlos en la seguridad de los números exactos, que nos salvan del apasionamiento. Los alumnos protestan, pero él empieza a dictar:

-Primera pregunta: calcule la media de los resultados de las encuestas del CIS, Euskobarómetro y A3Media, y divídalo entre los escaños obtenidos según la Ley D'Hont en las comunidades autónomas con municipios medianos. ¿Cuál es la diferencia entre el resultado de la encuesta y el recuento electoral? Segunda: ¿cuántos escaños sacaría Unidos Podemos y Ciudadanos con una participación del 83% y un número X de votos? Justifique su respuesta...

Va a ser un día muy largo, piensa. Uno más.

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