Decadencia y caída del Imperio PSOE

Lo que veo es una lucha de poder que se puede ilustrar con la decadencia y caída del Imperio Romano de Gibbon

Foto: Pedro Sánchez sale de Ferraz. (EFE)
Pedro Sánchez sale de Ferraz. (EFE)

Muchos hablan como si en el PSOE hubiera una lucha de visiones de la política. A mí me sorprende. No me lo creo. He oído con atención a Felipe González. He leído con atención el editorial de Cebrián en 'El País' de esta mañana. He escuchado a Sánchez, atrincherado en la sede de 'eldiario.es' ayer. Y lo que veo es una lucha de poder que se puede ilustrar con la decadencia y caída del Imperio Romano de Gibbon.

Mi amigo Alejandro Castillo me dijo en Roma que él ya no lee los periódicos porque se entera de todo examinando ruinas. Le sirve la historia antigua para entender esas cosas sobre las que se habla tanto en la radio. Fue él quien me inició en el interés por los periódicos de piedra y el Twitter de papiros. Tiene razón Castillo: ateniéndonos a la lectura ilustrada de Gibbon, la decadencia y caída del Imperio PSOE repite un modelo de hace 1.500 años.

En el Imperio Romano hubo guerras civiles para aburrir, pero casi todas tuvieron algo en común: contra el concepto contemporáneo de 'guerra civil', donde dos visiones del mundo y del progreso se enfrentan violentamente llevando a los compatriotas a matarse en el campo de batalla, la guerra civil del Imperio Romano era la consecuencia lógica de la lucha por el poder. Nada de fascismo vs. comunismo ni de democracia vs. junta militar. Cuando un emperador obtenía la púrpura, necesitaba contentar a demasiada gente. Si no lograba contentarlos a todos, otro emperador surgía para derribarlo. La sucesión de guerras civiles destruyó el Imperio como está destruyendo el PSOE.

¿A quién era preciso contentar para conservar la púrpura? Estaba el Senado, que tenía el dinero de la aristocracia; estaba la guardia pretoriana, que imponía las armas en las puertas de Roma; estaban las legiones, el ejército más disperso de la tierra, en las fronteras y las provincias; estaban los procónsules, que mandaban en las provincias remotas. Y todos exigían algo al emperador. Nada de visiones del mundo. Generalmente, poder y oro.

Me divierte pensar en el PSOE como si fuera el Imperio Romano. En seguida quedan repartidos los personajes. Tenemos a Sánchez emperador

Naturalmente, cada emperador tenía sus ideas y sus modos, pero las guerras se libraban para ocupar el trono. El mismo Senado que abominaba de los actos de un aspirante a la púrpura imperial alababa sus decisiones si el intruso vencía en la guerra.

César se impuso a Pompeyo porque tenía con él las legiones más entrenadas, mientras que Pompeyo tuvo que recorrer tres continentes para hacerse con un ejército. Fue derrotado por la astucia militar de César. Luego lo mataron en Egipto y César lloró. ¿Ideas? César se ganó el favor del pueblo gracias a sus victorias militares, mientras que Pompeyo se apoyaba en el Senado a través de Bruto y los aristócratas de Cicerón. Ayer, mientras Sánchez se recluía lejos de Prisa para que le dejasen hablar al pueblo, era el día del aniversario del asesinato de Pompeyo.

En la siguiente guerra civil, Octavio fue más inteligente que Antonio: curtido en la batalla, el viejo general de César pensó que, prometiendo repartir el oro romano entre las legiones, dejaría a Octavio sin ejército. Ninguno de los dos trató de imponer su visión del mundo o del progreso. Un político ambicioso se enfrentó a un general de éxito. Se disputaban retóricamente el amor del difunto Julio ante el pueblo y se presentaban como herederos directos. Venció Octavio, que se convirtió en Octavio Augusto y redujo con enorme inteligencia el Senado a la marioneta que sería en los siglos siguientes. Poder.

Más adelante, la mayor parte de las guerras civiles tendrían su causa en los desequilibrios de poder en la vasta geografía del Imperio. Las peleaban las legiones mercenarias. El pueblo no podía hacer otra cosa que encender velas a los santos y esperar que el vencedor quisiera ganarse su amor con dádivas y juegos en el circo.

Me divierte pensar en el PSOE como si fuera el Imperio Romano. En seguida quedan repartidos los personajes del sainete. Tenemos a Pedro Sánchez, emperador sin otro apoyo que unas cuantas legiones, pero favorito del pueblo, que se contenta con cualquier caricia. Los barones representan al Senado y los líderes regionales a los procónsules de las provincias. Cansado de que Sánchez decida de espaldas a la aristocracia, el senador y sofista Felipe González ha propuesto para la púrpura a Susana Díaz, procónsul de la Bética. 

Todos los enemigos del emperador han prometido mejores sueldos a los esbirros de la guardia pretoriana, capitaneada por Juan Luis Cebrián. Además, cuentan con un número de legiones muy superior a las de Sánchez. Así está planteada la batalla, que se desata cuando César, perdón, Sánchez, tras el fracaso en las batallas Galaica y Vascuence, cruza el Rubicón camino de Roma con el ejército maltrecho del general Luena.

Encuentra que allí se trama una revuelta. González denuncia la traición del emperador en el Senado. La Prisa Pretoriana da la espalda al emperador, se declara favorita de González, de manera que César, perdón, Sánchez tiene que acudir a los libertos. Llama a Ignacio Escolar, que había sido esclavo, para que le entreviste en 'eldiario.es'. Quiere poner de su parte a la ciudad de Roma. Está dispuesto a asociarse con los bárbaros de Podemos. Quiere permitirles el paso a Roma, cosa que el Senado aristócrata detesta. Solo pueden salvarlo el desequilibrio y el disturbio, pero la ciudad está cansada y aburrida por la carestía de alimentos. Han sido dos años oscuros y fracasados en la Roma socialista.

César, digo Sánchez, posiblemente terminará asesinado. Será tal vez Felipe González quien le clave el cuchillo

Así que queda la guerra. La veremos hoy o mañana. César, digo Sánchez, posiblemente terminará asesinado. Será tal vez Felipe González quien le clave el cuchillo. O Madina. No Ximo Puig. No faltan dagas entre los senadores y procónsules. El nuevo emperador derribará sus estatuas. Como Claudio, Sánchez será recordado como un imbécil hasta que el tirano que venga a ocupar su puesto sea traicionado por el siguiente. 

Así, de guerra civil en guerra civil, corrompido por las peleas internas, el Imperio se hará añicos lentamente. ¿Lucha de ideas? ¿Sector socialista auténtico frente a sector socialista Ibex? El Imperio, perdón, el PSOE hace mucho tiempo que dejó de leer a los griegos.

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