Évole lanza a Sánchez más a la izquierda de donde quiere estar

El exlíder socialista quería mostrarse como un socialista proclive al pacto de las izquierdas, dolido por las humillaciones, pero el periodista no se lo permitió

Foto: Pedro Sánchez y Jordi Évole en 'Salvados'. (La Sexta)
Pedro Sánchez y Jordi Évole en 'Salvados'. (La Sexta)

Sánchez habló un poco más claro, aunque esto no sea mucho decir. Vamos a ir hacia atrás en el tiempo, concretamente hacia el anterior 'Salvados' donde apareció en forma de secretario general. A mí entonces me recordó a un móvil con el plástico protector encima de la pantalla y ese olor a piña que emanan los aparatos electrónicos cuando los sacamos de la caja. Vimos un hombre de mentira que soltaba argumentario por la boca como una marioneta y dejaba estupefacta a una familia con sentido común y a varios peatones que se cruzaban con él por la calle. Dos años después, este domingo por la noche, Évole se empeñaba en arrancarle capas de plástico con las uñas. 

No lo consiguió del todo. Sánchez fue claro en sus ataques contra el aparato, siempre acompañados de buenas palabras, pero trató de mantener la tibieza hacia los barones, a los que se refería con nombre y sin apellidos, y se empeñaba en disfrazar de dilema sentimental su guerra por el poder.

La pregunta que no se me iba de la cabeza era esta: ¿por qué Sánchez eligió a La Sexta para dar una entrevista de máxima audiencia un día después de su dimisión como diputado? La respuesta llevaba a una conclusión que ya saqué tras su discurso. Sánchez fue a La Sexta por el mismo motivo que se refugió en eldiario.es la mañana siguiente de que Felipe González le declarase la guerra desde PRISA. Sánchez, mediáticamente, se ha colocado ya en el bando de Podemos.

Évole lanza a Sánchez más a la izquierda de donde quiere estar

Para mí está totalmente claro lo que va a pasar: Sánchez se ha lanzado en tromba contra la gestora, es decir: contra Felipe González, el grupo Prisa y Susana Díaz. La guerra civil en el PSOE tiene dos bandos muy claros. Sánchez intentará convertirse en una alternativa que se apoya en la militancia, orbitará alrededor del PSC y se aproximará al pacto de izquierdas con Podemos, mientras que el otro PSOE orbitará en torno a Andalucía y se aproximará a la gran coalición.

La presidenta andaluza, Susana Díaz. (EFE)
La presidenta andaluza, Susana Díaz. (EFE)


Espoleado por Évole, Sánchez se colocó en la trinchera podemita. Se atrevió a señalar con cierto disimulo a las élites económicas que toman las decisiones por encima de la política. El nombre de Juan Luis Cebrián (PRISA) se repetía y el de César Alierta (Telefónica) se dejaba entrever, más por las preguntas que en las respuestas. 

Lo que había empezado como una venganza de Sánchez contra Cebrián por el maltrato al que fue sometido desde los editoriales de El País en la recta final de su mandato, se descontroló por completo. El político, que intentaba envolverse de plástico de nuevo, acabó enfrentándose a las élites.

Sánchez había ido a 'Salvados' para hacer propaganda de su futura candidatura. Quería mostrarse como un socialista proclive al pacto de las izquierdas, dolido por las humillaciones. Un hombre que ha dormido mal y aún así está dispuesto a trabajar. Évole no se lo permitió. Preguntando por los nombres y los apellidos del poder real, indagando acerca de los despachos invisibles, el periodista lo colocó mucho más allá de lo que Sánchez hubiera querido estar.

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