Hay un machismo leve que no mata ni viola

¿Me convierte en un violador o un apologeta haber sentido aquellas cosas espantosas y haber escrito aquella novela? Me niego a aceptarlo

Foto: El cantante español Joaquín Sabina. (EFE)
El cantante español Joaquín Sabina. (EFE)

Laura Viñuela es una musicóloga. Desató la polémica nuestra de cada día por decir que las letras de Joaquín Sabina son machistas, y luego ofrecía nuevas explicaciones en 'La Voz de Asturias'. Decía que no aboga por la censura, que cada cual puede escuchar lo que quiera, pero que ella se dedica a señalar un machismo que, según cree, pasa desapercibido para el común de los mortales. Insistía en que Joaquín Sabina escribe a lo machista y explicaba que ese rollo canalla y esas odas a una mujer un poco perra emiten una imagen denigrante para el género de enfrente. Creo que Viñuela hacía un tímido 'moonwalker': de su primera entrevista me quedé con una palabra que no aparecía en la segunda. Había dicho que el machismo de Sabina es peligroso y en el segundo asalto lo dejó en machista y rancio a secas.

Digo de antemano que Viñuela merece mi respeto, porque imparte un taller con el que trata de meter cuatro ideas feministas a los palurdos de tercero de ESO. No sé si en ese taller cuenta estupideces o cosas sensatas, pero en cualquier caso, ya me parece bien que los chavales reciban algunos mensajes, afinados o gruesos, sobre ese factor ineludible en el desarrollo humano que se llama feminismo. Si después de escuchar a Viñuela les sigue apeteciendo oír reguetón, al menos sabrán que hay por ahí un montón de tías a las que no vas a ligarte diciendo esas burradas. No es poca cosa, visto el panorama hormonal en 'Fortfast WTF', 'First Dates' o 'Gandia Shore'.

Lo jodido no es que venga a decir que las letras de Sabina desprenden un tufo patriarcal, sino que se entienda que una canción machista es peligrosa

Sin embargo, como en toda polémica relacionada con el machismo o el racismo, rápidamente se sacaron las cosas de quicio y se llevaron al extremo. Machismo y racismo se entienden como factores dominantes de la personalidad, cuando no tienen por qué serlo. Lo jodido no es que venga una musicóloga a decir que algunas letras de Sabina desprenden cierto tufo patriarcal, sino que se entienda que una canción machista es peligrosa. Sobre todo, porque vienen detrás un puñado de monjas posmodernas que dicen que el ripio es un ataque y el chiste una apología de la violación. Esto es lo que convierte a una parte del feminismo en una máquina censora.

El feminismo enemigo de la libertad de expresión no es el que señala comportamientos machistas, es el que acusa a los cómicos, los escritores y los poetas de hacer apología del maltrato y el abuso. Su crítica parte de la idea discutible de que el chiste y el comentario frívolo normalizan situaciones, y que por tanto el cómico o el comentarista están siendo cómplices de algo tan monstruoso como el asesinato de un marido a su mujer. Esto sigue la lógica del pensamiento políticamente correcto, basado en una hipótesis (la de Sapir y Whorf) sin demostración científica, que dice que el lenguaje modifica el pensamiento de manera unidireccional. Además, dan un salto más allá cuando señalan que un pensamiento lleva de forma ineludible a una acción.

El feminismo enemigo de la libertad de expresión es el que acusa a los cómicos, los escritores y los poetas de hacer apología del maltrato y el abuso

¿Es eso cierto? Haré examen de conciencia. En mi peor época de pagafantas, fantaseé con violar a la tía que insistía en ser solamente mi amiga y se metía en mi cama y no me dejaba meterle mano. Naturalmente, no lo hice: aquel deseo frustrado se convirtió en 'Siberia', mi primera novela, donde el protagonista sí comete una violación y paga un alto precio. ¿Me convierte en un violador o un apologeta haber sentido aquellas cosas espantosas y haber escrito aquella novela? Me niego a aceptarlo, del mismo modo que me niego a aceptar que la intención del cómico Jorge Cremades sea provocar una oleada de violaciones callejeras.

Todos tenemos pensamientos oscuros e inconfensables. Somos personas a medio hacer, infelices, que buscan el sentido a oscuras en el valle de la muerte. La ética nos mantiene lejos de las cárceles. Nos empuja a obrar bien cuando se nos ocurre obrar mal. El pensamiento políticamente correcto da un salto de fe cuando entiende que el lenguaje, y por tanto el pensamiento, deberían reflejar la pureza. Yo tengo toda clase pensamientos impuros, pero mi educación social y mi sentido común convierten esos impulsos en inocente fantasía. Puedo escribir una novela machista, que seguiré tratando a mi mujer como una igual. El genio Louis CK habla de su “racismo leve” y del asco que le dan sus dos hijas, sin que por eso entendamos que vota a Trump o que a sus hijas no las quiere con locura.

Yo tengo toda clase pensamientos impuros, pero mi educación social y mi sentido común convierten esos impulsos en inocente fantasía

Puede que Joaquín Sabina tenga poemas machistas. ¿Qué importa eso? También los tiene feministas. En los años ochenta, cuando Laura Viñuela seguramente jugaba a las barbis, Sabina cantaba a las mujeres maltratadas y les recomendaba que pisaran el acelerador y le pusieran los cuernos al bestia que las torturaba. ¿Qué importa que Sabina sienta otros días el amor romántico, que se retuerza de celos, que quiera liarse con una guarra? También canta a los toreros y le compone unos versos a los pájaros. Es absurdo reducir al poeta al estereotipo. Javier Krahe fue con un cuchillo a matar a Marieta, pero la bella, la traidora, de un soponcio se le había muerto ya. ¿Hizo Krahe una apología del asesinato? Sólo un estúpido puede responder que sí.

Algunos somos gente compleja y contradictoria. Tenemos deseos oscuros. Convertimos el mejor sentimiento en el peor, y viceversa. Albergamos pensamientos que le quemarían las barbas a Dios. Pero hasta el mismo demonio es indulgente con nosotros.

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