Violan a la justicia aprovechando que es ciega

Las acusaciones del fiscal López Bernal de entorpecer su trabajo mientras investigaba al presidente de Murcia avivan el sentimiento de que en España no hay justicia

Foto: Iñaki Urdangarin. (Reuters)
Iñaki Urdangarin. (Reuters)

La muchedumbre está furiosa. Sienten que en España no hay justicia. El Gobierno levanta las manos y pide calma, pero no sirve de nada. En medio del desmelene judicial, las antorchas marchan camino de Murcia. Allí descubren que el fiscal general ha tumbado al fiscal López Bernal, que aguantó lo insoportable mientras investigaba al presidente de la región, Pedro Antonio Sánchez. “Llama la atención que se haya creado en Madrid una asociación cuya única finalidad es querellarse contra mí y mi familia en fechas próximas a mi renovación”, exclama López Bernal. La multitud asiente: ¡y tanto que llama la atención!

Pero averigua el gentío otras cosas en Murcia. Resulta que, mientras Anticorrupción y la Agencia Tributaria investigaban esa pirámide de desvío de fondos que en Puerto Lumbreras llaman todavía Auditorio, asaltaron dos veces la casa del fiscal Juan Pablo Lozano y una la de un subinspector de Hacienda. La muchedumbre rodea un quiosco, agarra un ejemplar del diario 'La Verdad' y lee: “Después de un minucioso registro, los responsables del allanamiento centraron su atención en el ordenador personal del empleado público, que podrían haber estado manipulando con la intención de acceder a su contenido”.

Las masas levantan una ceja y se llevan cavilosamente la mano a la barbilla. Después de que los ordenadores y discos duros de Génova 13 saltaran en pedazos, después de misteriosas muertes y aún más misteriosos cambios de testimonio; después de la destrucción sistemática de pruebas en toda investigación relacionada con los tejemanejes políticos, ahora resulta que misteriosos hombres enmascarados asaltan la vivienda de quienes investigan la corrupción del PP murciano, y que estos 'batmans' de paparajote ni siquiera se molestan en robar unas joyas para disimular, sino que van directamente al ordenador.

Desalentado, el gentío corre para Madrid pegando fuego a los campos manchegos mientras Urdangarin vuela camino de Ginebra. Al cuñado del Rey le permiten irse a Suiza como si fuera un vulgar maletín porque entienden los magistrados que no hay riesgo de fuga. Esto a la multitud le hace reír a carcajadas: ¿cómo va a haber riesgo de fuga si te permiten largarte al extranjero con una condena colgando de las orejas? ¡No faltaba más! Para fugarse, que la multitud sepa, hay que hacer eso mismo sin que te hayan dado permiso por ser el cuñado del Rey.

Condenas de cuatro y seis años para los estafadores; seis años para Urdangarin pero ya veremos, y tres años y medio por cantar

Es decir: habría riesgo de fuga si el rapero Valtonyc, condenado en firme por la Audiencia Nacional a tres años y medio por cantar una canción, quisiera irse a Fuengirola. La multitud se descojona de pensarlo, hasta el punto de caer rodando por una colina. En lo alto, los magistrados señalan a la luna pero la muchedumbre solo les mira el dedo. Se preguntan a qué huele y en qué túneles oscuros anduvo metido.

Pero ¡un momento! Merece un aparte la condena a este rapero. Un atentado contra la libertad de expresión por parte de una Audiencia Nacional que trabaja amordazada por la ley de seguridad ciudadana no extraña después de las condenas a Strawberry, Pablo Hásel y compañía, pero cuando la multitud descubre de dónde vino la denuncia empieza a ponerse morada de la risa. Se la interpuso al rapero Jorge Campos, presidente del Círculo Balear, que define su misión, agárrense que vienen curvas, con las siguientes palabras: “Defendemos los derechos y libertades de los ciudadanos (…), la despolitización de la cultura y la separación efectiva de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial)”.

Rodrigo Rato y Miguel Blesa. (Reuters)
Rodrigo Rato y Miguel Blesa. (Reuters)

La multitud, con todo esto, empieza a sentirse confusa. Recapitulemos: boicot político contra la investigación de la corrupción murciana; boicot, presiones y destrucción de pruebas durante la investigación de la corrupción pepera; condenas de cuatro y seis años para los estafadores enchufados del Gobierno Rato y Blesa; indulto para la Infanta, seis años para Urdangarín pero ya veremos, y tres años y medio por cantar una canción.

Desmoralizada, la multitud se va a la cama con la sensación de que a la justicia española la están violando delante de todo el mundo aprovechando que es ciega. Yo me pregunto cómo se levantará mañana la multitud. Cómo nos miramos a la cara después de esta serie de imperdonables perdones e insoportables castigos.

Sospecho que nos despertaremos como ayer: desalentados, desdentados y desnortados. Tragándonos las ganas de un buen desahogo verbal, no sea que la Audiencia Nacional vea en nuestro llanto impotente y rabioso enaltecimiento del terrorismo.

España is not Spain

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