Así es como HazteOir gana la batalla a la izquierda

¿Cuál hubiera sido el de un pobre bus sin la resonancia mediática que le brindaron desde el primer día los medios, en particular los izquierdistas, y la ofensa de las redes sociales?

Foto: Protestas ante el bus de HazteOir en Logroño. (EFE)
Protestas ante el bus de HazteOir en Logroño. (EFE)

Reto: ¿qué anuncio llevan en este momento los buses urbanos de tu ciudad? Haz memoria. ¿Una película de ciencia ficción? ¿Un musical de Broadway? ¿Una exposición de arte? ¿Una campaña de concienciación contra la droga? Me apuesto el sueldo a que no eres capaz de adivinarlo pese a que los ves a diario. Los mismos anuncios por todas partes intentando llamar tu atención sin conseguirlo.

Pero entre la marea de anuncios, de pronto uno anida en los cerebros. Los publicistas saben que una buena campaña no es la que informa, sino la que conmueve, divierte o enfada. Por eso recuerdas el cartel navideño-farlopero de 'Narcos' que cubrió la Puerta del Sol de Madrid, el anuncio de Mahou que organizó escuadrones de músicos ofendidos o el bus de HazteOir. El éxito de HazteOir ha sido, no obstante, mérito de sus enemigos.

Su campaña tenía todos los naipes para fracasar. Mientras Alemania sigue renuente a extender los derechos civiles, España es un ejemplo de normalización. Parece muy lejano el tiempo en que Kiko Argüello convocó a millón y medio de manifestantes contra el matrimonio homosexual en Madrid. El PP no se atrevió a revocar la ley cuando llegó al poder y el propio Rajoy firmó su capitulación simbólica cuando asistió a la boda de Maroto.

HazteOir disfrazó de rebeldía una reivindicación ultraconservadora. La caspa convertida en pintada rebelde

Desde entonces, autonomías gobernadas por la izquierda pero también por el PP han firmado leyes de derechos LGTB y está a punto de debatirse en el Congreso la estatal. El vuelco capitalista del World Pride de este año ha sido la constatación de que el español medio es 'gay-friendly'. Si la bandera arcoíris en el MacDonald's y el Zara no espanta a los consumidores, eso significa que el avance es sólido. Nadie tiene tan pocas ganas de verse en el centro de una polémica como una marca internacional.

Si quieres convencer a alguien de que existe una conspiración LGTB para lavar el cerebro a la próxima generación, perseguir la heterosexualidad y dinamitar los cimientos de la familia tradicional, lo primero que tienes que hacer es confundir la normalización con la imposición, la ley con el sistema. HazteOir disfrazó de rebeldía una reivindicación ultraconservadora, igual que Trump en su campaña contra Clinton. La caspa convertida en pintada rebelde.

A partir de aquí, una parte de la izquierda y de los colectivos LGTB empezó a cometer errores en cadena. El primero, caer como conejos en la trampa del efecto Streisand. Criticándolo con ferocidad, expandieron su mensaje por los cuatro confines. Un empresario paga por cada impacto de su anuncio. ¿Cuál hubiera sido el de un pobre bus sin la resonancia mediática que le brindaron desde el primer día los medios, en particular los izquierdistas, y la ofensa de las redes sociales? Yo no conozco a casi nadie que lo haya visto por la calle.

El segundo error fue exigir que se prohibiera su circulación. Así, el eje dejó de ser transfobia-normalización, donde HazteOir tenía todas las de perder, y pasó a censura-libertad de expresión. El atacante convertido en mártir. HazteOir se vio arropado por un ejército de enemigos: cómicos, periodistas, escritores e intelectuales de izquierdas defendieron el derecho de los talibanes a expresarse pese a que el mensaje les resultase repugnante.

¿Le daremos a una avioneta mediocre la misma resonancia que al autobús, o hemos aprendido la lección?

El tercer error de la izquierda vino derivado del segundo: cuando el debate abandonó el ámbito de los derechos sociales y se trasladó al de la libertad de expresión, la izquierda hizo lo que mejor se le da: dividirse. Ya no se debatía si el mensaje de HazteOir es absurdo, sino su derecho a propagarlo. Y ya no se discutía en el marco amplio, sino en el seno de la izquierda. Entre su corriente autoritaria y su corriente liberal.

La Audiencia Provincial de Madrid coincide con la visión de la izquierda liberal y dictamina, de acuerdo con la Carta de Derechos Humanos, que “admitir la persecución de ideas que molestan a algunos o bastantes no es democrático”. HazteOir ha reaccionado con alborozo y va a sacar una avioneta como las que surcan las playas con el anuncio de Nivea. El impacto de la avioneta podría ser nulo, pero parece que volvemos al error número uno. Como con el bus, me he enterado de la noticia por los medios de izquierdas.

¿Le daremos a una avioneta mediocre la misma resonancia que al autobús, o hemos aprendido la lección? ¿Qué impacto tendría el mensaje de una avioneta que sobrevolase la polémica en lugar de acabar en el ojo del huracán? La única forma de esquivar un debate envenenado es despreciarlo. Quien quiera silenciar a HazteOir lo tiene fácil: no dedicarle ni un segundo.

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