Musulmanes en Cataluña: “No es culpa mía que maten en nombre de mi religión”

Muchos musulmanes se han saltado el rezo para ir a la manifestación de plaza de Cataluña. Sin embargo, las redes se llenan de reproches

Foto: Foto: Reuters.
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Mohamed Zouir me atiende en la calle Rafael Capdevilla, sede de la mezquita del Clot en Barcelona. Va ataviado con la ropa del rezo porque es viernes. Pero no es un viernes normal, sino el día después del atentado de las Ramblas. Me cuenta que uno de sus hijos estudia ingeniería y la otra filología árabe e hispánica. Las principales organizaciones islámicas de España y Cataluña han condenado el atentado. Muchos musulmanes se han saltado el rezo para ir a la manifestación de plaza de Cataluña. Sin embargo, las redes se llenan de reproches.

Mohamed reflexiona sobre ello echando miradas de soslayo hacia la puerta de la mezquita: “Después de un ataque terrorista los ojos se vuelven con resentimiento hacia el Islam. No son ojos que observan con curiosidad o necesidad de saber, sino miradas llenas de reproche. En el Islam, como en el cristianismo, hay numerosas corrientes. Los musulmanes no somos una sola comunidad cultural, sino muchas diferentes. Las interpretaciones políticas de la religión son el problema. ¿Qué tengo que decir de los ataques de ayer? Claro que los condeno. Vivo en Barcelona, trabajo aquí, mis hijos estudian aquí. Por el lado opuesto puede haber también locuras, ataques racistas que no serían culpa tuya, ni de la mayoría de los catalanes, sino de sus autores. Esos no me representan, ni a mi religión”.

Por esta mezquita pasan personas de distintas razas. Negros, árabes, magrebíes… Tanto se parece un indonesio a un marroquí como un español a un chino. Tamizado por las culturas que se cruza en su camino, el Islam es la creencia del 7% de los habitantes de Cataluña: más de medio millón. ¿Simpatizan con la masacre? La sola mención de esta hipótesis los pone en guardia y los entristece. Jemel al Addouaki, coordinador del Consell Islamic de Catalunya, responde a la pregunta. Atiende al teléfono con la voz cansada: “Lo primero es la sorpresa, la consternación y el colapso psicológico. Nunca hemos pensado que podía pasar aquí. Nuestra organización está al lado de las Ramblas, cruzamos las Ramblas sin parar”.

Es pura impotencia. Noto la tensión. Aunque se disimula y se intenta apaciguar el ambiente, pasan cosas. Es natural. Hay desbordamiento psicológico

El Consell Islamic es un centro de estudios que apuesta por la diversidad y por dar a conocer las costumbres en la sociedad de acogida. “El terrorismo me provoca una preocupación mental. No deja descansar”. ¿Teme un brote de islamofobia? “Yo no siento amenaza, pero me siento impotente ante ciertas acusaciones. No es culpa mía que los asesinos maten en nombre de mi religión. Es pura impotencia lo que siento. Noto la tensión. Aunque se disimula y se intenta apaciguar el ambiente, pasan cosas en la calle. Pero es natural. Hay desbordamiento psicológico”.

Jemel dice que para los terroristas hay un único “vosotros” al que destruir, y que en ese “vosotros” estamos juntos cristianos, musulmanes, judíos, agnósticos y ateos. “Todos en el mismo bando. Nosotros estamos viviendo dentro de la comunidad de Barcelona. Hoy es el viernes, mañana será el sábado de los judíos y pasado el domingo cristiano. La gente debe tranquilizar el ambiente. Tenemos que ser sensatos y recordar que Daesh es el enemigo de todos”. Según datos de Global Terrorism Database ofrecidos por eldiario.es, el 87% de los atentados islamistas entre 2000 y 2014 se produjeron en países de mayoría musulmana.

Musulmanes en Cataluña: “No es culpa mía que maten en nombre de mi religión”

Faruk, un anciano que acude al rezo, reacciona mal cuando le pregunto qué siente: “Que alguien haga esto en tu nombre y el de tu religión no lo podéis imaginar. Yo, con la cara de moro que tengo… pues hoy es una cara triste. Me gustaría cogerlos del cuello y llevarlos yo mismo a la cárcel”.

Leila Mel Hamiani, educada en el Instituto Español de Tánger, vive en Madrid y se dedica al sector del turismo. Salvo el nombre, nada delata su origen. Acento madrileño, vestimenta occidental, cabello suelto. Nieta del imán de Ceuta, Leila es tan musulmana como cualquier mujer velada. “Me dicen: pues no lo pareces. ¿Cómo que no? También me decía una compi: no entiendo cómo las comunidades musulmanas no se manifiestan. ¿Cómo que no se manifiestan? De verdad, son tantos prejuicios. Y no creo que España sea racista ni xenófoba, ¡para nada! Pero solo se mira lo que se quiere. Yo miro todos los perfiles de Facebook de mis amigos musulmanes y casi todos escriben espeluznados cuando pasan estas cosas. Miro los de las organizaciones, y todas lanzan comunicados de condena. Pero aunque lo digan no sale en ningún sitio”, denuncia.

Leila aborrece las visiones rigoristas del Islam, hasta el punto de exclamar que quien mata ni siquiera debería considerarse musulmán. “El Islam se basa en el respeto al prójimo y en no matar. Una de las Suras del Corán habla así al no creyente, al infiel”, y recita de memoria: “Tú crees en lo que crees, yo creo en lo que creo; yo respeto lo que tú creas, respétame en lo que creo yo”. Explica que el resto de la Sura tiene muchas palabras repetidas, y que una de ellas es respeto. “La violencia, el machismo, el asesinato son circunstancias que están dentro de la persona y de cómo se ha criado, no de la religión. Cualquier religión puede interpretarse mal”.

Cuando le pregunto por la radicalización en las mezquitas españolas, responde que ella no va a mezquitas. “Las mujeres no estamos obligadas a ir. En Marruecos he ido en Ramadán. Aparte, tampoco lo veo necesario. Mis creencias están muy claras. Sé perfectamente lo que tengo que hacer, no necesito a un imán. A mí me vale con leer el Corán. Ahora, la interpretación que cada uno le haga al Islam va dentro de los fines que quieran conseguir”.

No creo que sea en las mezquitas y a la hora del rezo donde les lavan el cerebro. El imán habla de las cosas cotidianas, responde a las dudas de la gente

Le pregunto entonces por lo que te encuentras en una mezquita, y dice: “No creo que sea en las mezquitas y a la hora del rezo donde les lavan el cerebro. El imán habla de las cosas cotidianas, responde a las dudas que les plantea la gente. Me pasa esto con mi mujer, trabajo en un bar y manipulo cerdo y alcohol, etc. El imán recibe esas dudas y trata de orientar a los musulmanes para que puedan lidiar con el mundo moderno”.

Sin embargo, una de estas lidias es política. En este sentido, Leila explica el caso marroquí, donde el Estado tiene un Ministerio de Asuntos Islámicos que entrega a las mezquitas el texto predefinido, a fin de evitar interpretaciones belicosas o extremistas. “Pero pienso que la radicalización viene de otra clase de reuniones extraoficiales que no se organizan en viernes. Redes sociales, pequeñas reuniones, cosas así”.

En las proximidades de la mezquita del Clot, todos coinciden con estas palabras de Faruk: “Si esto fuera una lucha contra los no musulmanes, no morirían tantos musulmanes a manos del terrorismo. ¿O es que nosotros no cruzamos las Ramblas igual que el resto de la gente en un día bonito de verano?”.

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