Ada Colau y la Diada de los gorros de papel

Mientras los nacionalistas más puros se aproximan a Barcelona, los perros sin raza se han ido a Santa Coloma para oír a las fuerzas de la equidistancia

Foto: Foto: Juan Soto Ivars.
Foto: Juan Soto Ivars.

Ada Colau ha convocado un mitin en Santa Coloma con algunos líderes de Podemos —Pablo Iglesias y Xavier Domènech— como estrellas invitadas. Es el mediodía del 11 de septiembre de 2017 y el sol parece más implacable que el nacionalismo o el Tribunal Constitucional. El aire está como para asar 'calçots'. En el parque Can Zam intenta respirarlo una multitud discreta: tres o cuatrocientas personas como máximo. Los miembros del partido de Colau han repartido chapas y periódicos editados por la formación. Los asistentes se han puesto las chapas en las camisas de manga corta pero transforman la propaganda en gorros de papel.

Va a ser la revuelta de los gorros de papel, una Diada sin banderas. Mientras los nacionalistas más puros se aproximan a Barcelona, especialmente desde que el independentismo convirtió la fiesta de toda Cataluña en una manifestación alérgica a los matices, los perros sin raza se han ido a Santa Coloma para oír a las fuerzas de la equidistancia. Por aquí se levanta alguna enseña de la II República, por allá ondea alguna 'senyera' descolorida y otra con la cara del Che, y en el cogollo del público se agitan banderas moradas desechables de Podemos que acabarán en los maleteros de los coches y en los cubos de la basura.

Si el 11 de septiembre es la glorificación de una derrota, el acto de Colau parece un acto de resistencia contra la polarización que divide a la ciudadanía con una frontera tan pueril como el sentimiento nacional. Dicen que aquí hay independentistas, pero solo encuentro a una chica luciendo la estelada. Se la ha puesto como una capa y mira a su alrededor con el recelo de quien creyó que la habían invitado a una fiesta de disfraces y apareció en una cena normal y corriente vestida de lagarto.

—¿Te sientes sola? —le pregunta mi amigo Colomer.

—Pues la verdad es que yo creía que iba a venir más gente con la estelada —dice con timidez.

Es la única que lleva bandera, pero no es la única que votaría sí en un referéndum de autodeterminación. Cerca del escenario encuentro dos jubilados discutiendo. Uno es independentista y el otro no. Su discusión podría recordar a la que quiebra el seno de CSQP. Uno defiende a Coscubiela y el otro es partidario de Albano Dante. Cuando les pregunto si han venido juntos, me dicen que sí, y que son amigos e igual de pobres.

—Siempre estamos a la gresca. Este ha sido 'indepe' toda la vida. A este cabrón nacionalista yo un día le muerdo la cabeza.

—Seguro que Rajoy te aplaudirá —se defiende el otro. Se ríen los dos.

Cuando Ada Colau sale al escenario carga contra el Partido Popular y su negativa numantina a dialogar. El público aplaude, pero vuelve a aplaudir cuando Colau carga contra los independentistas de JxS que pisotearon en el Parlament los derechos de quienes se sienten representados por los partidos no independentistas. Dicho esto, define su postura. Declara que su formación es un espacio donde cabe lo mismo un independentista que un español, siempre que estén del lado de las víctimas de la corrupción y la austeridad. Enfrente, según ella, lo mismo da PP que PDeCAT.

Ada Colau y la Diada de los gorros de papel

El discurso de Colau suena a defensa contra quienes la han llamado equidistante los últimos días. Defiende el derecho a decidir, pero recalca que su ayuntamiento protegerá a sus funcionarios, y por lo tanto no cederá locales municipales para el referéndum de la CUP y JxS. Ante la lideresa asienten las cabezas cubiertas por gorros de papel. A mi lado hay un viejo que enseña a una chica joven a hacerse uno con las hojas del panfleto.

—Doblas por aquí, le das la vuelta, repasas esta línea y vuelves a darle la vuelta... —y a mí me parece que está definiendo la postura identitaria del partido de Colau.

La alcaldesa termina su intervención con una vuelta de tuerca de su filosofía de feminizar la política. Según sus parámetros, la política macho exalta la confrontación, emplea un lenguaje belicista y quiere someter al enemigo, mientras que la política femenina busca el diálogo y cambia la retórica de la guerra por la del cuidado. El público parece satisfecho con ella, la despiden entre ovaciones, agitan en señal de despedida los gorros de papel.

Ada Colau y la Diada de los gorros de papel

Después aparece Pablo Iglesias con la camisa arremangada y el tono cambia por completo. Su discurso suena más macho que hembra. Centra sus ataques en el PP, en los medios de comunicación afines, con alusión directa a Carlos Herrera, y aún le queda tiempo para lanzar una pulla velada a Íñigo Errejón (“No soy de las personas de Podemos que fueron tibios con el PSOE. Otros sí fueron tibios, pero yo no”). El líder ha venido a Barcelona con Juan Carlos Monedero e Irene Montero, afines a su postura de confrontación con el PSOE.

El acto cierra con tras las palabras de Xavier Domènech, que se centra en la corrupción, las lecciones que no tolera, los orgullos que celebra y algunas líneas referidas a la economía que, a estas alturas, con este calor, producen cierta impaciencia. El público boquea a pleno sol con los gorros de papel pegados al sudor de la cabeza. Cuando el diputado termina, los altavoces retumban con 'Els Segadors', el himno de Cataluña.

Esta tarde ya no se oirá otra música en toda la ciudad, y Barcelona será macho, como lo ha sido las últimas diadas.

España is not Spain

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