Lena Dunham ya no es una buena feminista

Dunham publicó un comunicado en defensa del productor de 'Girls'. Murray Miller había caído a la lista negra de los abusos sexuales de Hollywood tras la denuncia de la actriz Aurora Perrineau

Foto: Lena Dunham. (Reuters)
Lena Dunham. (Reuters)

En la actualidad, el aliado ideológico representa una amenaza más grande para el individuo que el adversario. Es decir: hemos de tener más cuidado con nuestros amigos que con nuestros enemigos. Cualquier desviación de nuestro discurso que viole las sagradas líneas de lo aceptable, impuestas por los más activos de nuestro bando, nos adjudica rápidamente la acusación de traidores. Y hay que andar con mucho tiento, porque se ataca con más saña al traidor que al enemigo.

Lo observo todos los días, en todos los bandos y en todas las batallas culturales. Según esta lógica, no existen las zonas grises. O estás con la jauría o contra la jauría. Así lo han proclamado los vigilantes de la ortodoxia, individuos con la odiosa costumbre de hablar de sí mismos en primera persona del plural y de sus adversarios en segunda, que actúan amparados por los retuits y los 'likes' que obtienen del ruido de la red. Estos vigilantes equiparan el matiz con la herejía y perciben las dudas como una heterodoxia lamentable. Son cada vez más poderosos. El ambiente polarizado los beneficia.

La poscensura es un fenómeno de unanimidades ideológicas que convierte el debate público en un campo de minas lleno de agravios y ataques

Bajo su imperio, que no tiene líderes definidos, puesto que todo el mundo puede dar con sus huesos en la picota, desaparece cualquier atisbo de autocrítica. Es lo que llamo poscensura: un fenómeno de unanimidades ideológicas que convierte el debate público en un campo de minas lleno de agravios y ataques frontales. Si eres una persona de matices, seguro que ya has sufrido, en mayor o menor medida, alguno de sus mordiscos.

Dunham, contra sus seguidores

El escándalo de la semana pasada a raíz de las palabras de Lena Dunham no hace más que confirmar lo que estoy diciendo. La actriz más feminista del globo, alma máter de la serie 'Girls' y activista incansable por los derechos de las mujeres, ha tenido que aguantar que adornasen su nombre, en Twitter y la prensa, con la etiqueta que más detesta: machista. Lo curioso es que, esta vez, los ataques no venían desde las posiciones antifeministas que habitualmente la improperan, ni del feminismo minoritario que critica los excesos de la Tercera Ola del movimiento, sino de sus propias filas.

El motivo, el comunicado que Dunham publicó la semana pasada en defensa de Murray Miller, productor de 'Girls'. Miller había caído de cabeza a la lista negra de los abusos sexuales de Hollywood tras la denuncia de la actriz Aurora Perrineau. Dunham declaró que el productor, muy amigo suyo, era inocente.

Cuando Dunham colocó a Miller como víctima de “ese 3% de las denuncias falsas”, de forma implícita llamaba mentirosa a Perrineau. Las redes ardieron

Hasta el momento, la actriz había participado muy activamente en la campaña englobada bajo el lema 'Yo sí te creo', que tiene como objetivo derribar las suspicacias que tradicionalmente envuelven a las víctimas de una violación. Cuando Dunham colocó a Miller como víctima de “ese 3% de las denuncias falsas”, de forma implícita llamaba mentirosa a Aurora Perrineau. Las redes ardieron de inmediato.

Una revolución en marcha

La catarata de escándalos por abusos sexuales en la industria de la cultura estadounidense solo puede catalogarse como revolución. El derecho de pernada de los hombres poderosos ha sido común en ese sector y en muchos otros, y el feminismo ha decidido ponerle freno. Rápidamente, se han trastocado los paradigmas de lo que es aceptable y lo que no. Los abusos denunciados comprenden un arco muy amplio, que va desde las violaciones hasta las insinuaciones. Todo ello se equipara bajo la palabra abuso, lo que ha dado pie a algunas críticas.

Pero el activismo dice que no es momento para criticar. Antes de decapitar a los zares, toda revolución erradica la posibilidad del matiz. Puesto que se busca un cambio drástico en la relación sexual de los hombres poderosos con las personas a su cargo, muchas otras voces aseguran que el fin justifica los medios.

Es conflictivo que la acusación pública se convierta automáticamente en una condena. Esto es lo que parecía animar a Dunham a establecer un matiz

Dar la máxima credibilidad a la denunciante es deseable y necesario. En una situación de abuso, rara vez hay más testigo que el agresor y la víctima, y la sociedad es hábil buscando pretextos para justificar situaciones traumáticas para las mujeres. Sin embargo es conflictivo, cuanto menos, que la acusación pública se convierta automáticamente en una condena, y que no la ejecute un tribunal sino la justicia paralela de las redes sociales y la prensa.

Esto es lo que parecía animar a Lena Dunham a establecer un matiz cuando le tocó el turno a su amigo y productor.

La traición de Dunham

Un repaso a la lista de hombres caídos en desgracia da cuenta del carácter frenético de esta revolución. Todo empieza hace un mes con Harvey Weinstein (productor), y le siguen Kevin Spacey, Ed Westwick, Dustin Hoffman, Jeremy Piven, Steven Seagal, Robert Knepper, Jeffrey Tambor (actores), Brett Ratner (cineasta), Louis CK (cómico), Matthew Weiner (productor de 'Mad Men'), Charlie Rose (presentador), James Toback (escritor), Gary Goddard (director y productor), Chris Savino (productor), Roy Price (ejecutivo de Amazon), Mark Halperin, Michael Oreskes, Jann Wenner, Hamilton Fish y Leon Wieseltier (periodistas), Knight Landesman y Stephen Blackwell (directivos de revistas), Kirt Webster (ejecutivo) y John Besh (chef). Son solo algunos de los acusados. Las denuncias crecen cada día. Ninguna lista puede ser exhaustiva.

La mayor parte de ellos ha perdido el trabajo y todos han visto gravemente perjudicada su reputación. Por eso, cuando Miller entró en la lista, Lena Dunham decidió arriesgarse a levantar una voz discordante y aseguró que el productor era inocente. Se la vapuleó de inmediato con tal violencia que, horas después, Dunham presentaba un segundo comunicado en el que se comía sus palabras e imploraba perdón.

Había transgredido una línea roja que ella misma contribuyó a establecer: que jamás debe dudarse de la credibilidad de una acusación pública de abuso, ni aunque el acusado sea tu padre y puedas poner la mano en el fuego. Pero había descubierto algo más. Algo que la historia no se cansa de constatar y que la poscensura ha recrudecido y acelerado:

El liderazgo en una revolución es tan frágil como el prestigio de esos hombres poderosos que caen como moscas de sus pedestales. Casi nadie interpretó las palabras de Dunham como un matiz, casi nadie prestó credibilidad a su testimonio, casi nadie la tomó como una opinión personal y casi nadie consideró que, aunque pueda equivocarse, al menos estaba siendo honesta. Se la intentó derribar con la misma fiereza que ella ha mostrado con cualquiera que disienta de su postura. Las críticas feroces han continuado después de su rectificación.

La víctima no es tanto Dunham como la posibilidad de establecer matices, de levantar voces discordantes en un debate público

Para una parte del activismo, Lena Dunham dejó de ser una buena feminista. Todas las revoluciones muestran sus Trotskis antes o después. La víctima, para mí, no es tanto Dunham como la posibilidad de establecer matices, de levantar voces discordantes en un debate público. La poscensura aplica sus castigos así, sin necesidad de un Estado represor. La multitud la mandó callar y ella tuvo que retirar sus palabras.

España is not Spain

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios