Cifuentes hizo un máster en la universidad de Puigdemont

Cifuentes hizo un máster en la universidad de Puigdemont

De la misma forma que Carles quebró el universo cuando declaró la República de Schrödinger, Cristina ha doblado la servilleta con el primer Máster Cuántico de la historia de la humanidad

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. (EFE)

Cristina Cifuentes me tiene loco. No puedo dejar el tema, es imposible. Me digo: bueno, Juan, para, anda, piensa en otra cosa, pero la cifuentada es como 'Breaking Bad', como las pipas, como la cocaína. El serial nos sorprende cada día con un órdago más acojonante, María de los Ángeles Custodia resulta ser la madre de Roberto Carlos de Miguel, con quien se acuesta Ramira Pederasta del Campo, hija a su vez de Custodia y abuela de todos ellos.

Ahora resulta que no solo no se sacó el máster, cosa demostrada, ni que mintió deliberada y sistemáticamente, ni que amenazó con querellas a quienes sacaron el caso, ni que fue arropada por toda una piara de aplausos pornográficos en Sevilla, sino que además, ahora, ¡la tía va y renuncia al título! Cuando he leído la noticia he escupido el café en la pantalla del ordenador. Ahora escribo a ciegas, intuyo el procesador de texto a través de una densa cortina de babas y torrefacto marrón, como pasa, por otra parte, siempre que uno decide escribir sobre el PP.

Porque renunciar a un máster que no has hecho es como apostatar de una religión que no profesabas, como si yo abjuro de Alá sin haber sido nunca musulmán, como si Aznar dice que renuncia a su característica humildad, como si Napoleón devuelve Rusia a los rusos, como si Barbijaputa proclama que abandona para siempre la transigencia y la empatía, como si Cristiano Ronaldo abandona el buen gusto para vestir.

Yo podría renunciar también esta mañana a un posgrado en Harvard y a otro en Aravaca, podría renunciar a follarme a Scarlett Johanson, al millón de dólares que no tengo en el banco, a destruir el mundo con mi pistola de agua. Pero a lo único que renuncio, desde ya, es a comprender este tinglado. Porque comprender a Cristina Cifuentes y al PP no es un reto intelectual, sino echar boletos en la rifa para un ictus.

Carles quebró el universo cuando declaró la República de Schrödinger. Cristina ha doblado la servilleta con el primer Máster Cuántico

Pero de pronto, en medio de la desesperación, el orificio por el que miente y ladra Cristina Cifuentes lanza la solución a este nudo gordiano. Repaso sus declaraciones y descubro que hace pocas fechas estaba rajando sobre Puigdemont. Se hace el silencio, los perros dejan de ladrar en mi barrio. Descubro entonces que Cifuentes y Puigdemont son maestros de la misma escuela, la de la política cuántica. De la misma forma que Carles quebró el universo cuando declaró la República de Schrödinger, Cristina ha doblado la servilleta con el primer Máster Cuántico de la historia de la humanidad.

Renuncia a un máster que no hizo porque, en el universo paralelo donde habita, que es el mismo en el que ella iba a regenerar la podredumbre del PP, sí que cursó todas las asignaturas tal y como ha repetido tantas veces ante la prensa. Nosotros, esporas de hongos en los pies delicados de la escultura grecolatina, no estábamos preparados para comprender. Nosotros somos simples, brutos de sota, caballo y rey, preparados a duras penas para la regla de tres, incapaces de descifrar un logaritmo neperiano.

Aceptemos de una vez que estamos ciegos para esa realidad paralela donde viven nuestros políticos. Nunca podremos acceder al recinto donde se puede leer la tesis doctoral de Pedro Sánchez, el reino de los hilillos de plastilina y de las armas de destrucción masiva de Sadam. Nuestros políticos son habitantes del espacio. Vienen de la dimensión en la que 'M. Rajoy' no significa que el presidente de España se haya nutrido de la contabilidad B del PP.

La deforestación masiva que han sufrido estos días los currículos de los políticos de todo el arco parlamentario no es más que una manifestación de este desajuste cuántico. Los másteres y los doctorados, las carreras y los graduados escolares son gatitos de Schrödinger. Y dado que la mirada del observador cambia la realidad en cada momento concreto, es posible que mañana, cuando echemos la vista a nuestras jubilaciones, descubramos que nunca estuvieron allí.

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