En la huelga de país, la rebeldía es trabajar

Alumbremos con la lámpara del escepticismo las esquinas donde las arañas tejen sus turbias cortinas de seda

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El 'procés' pasará a la historia por haber convertido el helicóptero de la policía en la mascota de la ciudad. Lo que Cobi fue para la Barcelona olímpica lo es el helicóptero para la Barcelona cuántica. No es mal símbolo un aparato con aspas giratorias para una sociedad donde la realidad tiene por costumbre dar vueltas hasta ponerse del revés. Por ejemplo: aquí la rebeldía, en día de huelga institucional, consiste en trabajar. Alumbremos con la lámpara del escepticismo las esquinas donde las arañas tejen sus turbias cortinas de seda.

Por ejemplo: tenemos a una porción nada masiva de los trabajadores de Cataluña haciendo una huelga en defensa de una clase política que ideológicamente los dejaría en bragas si ejerciera plenamente su poder. Tenemos a médicos que paran por los políticos que mantienen los recortes de sanidad. Tenemos a izquierdistas que montan piquetes para informar de que hay que estar junto a quienes mandaron reprimir el 15-M.

Y Colau sin pestañear. Sospecho que la izquierda tiene un problema con la palabra 'huelga', que funciona como las luces largas de un coche en las retinas de una liebre. Ante la palabra 'huelga' es como si muchos camaradas fueran incapaces de detectar la falsa moneda. Pero existen las huelgas por los derechos laborales y también, verbigracia del 'procés', las huelgas institucionales instigadas por los mismos que desmantelan derechos laborales.

Quiere la casualidad, que siempre se esfuerza por alumbrarnos, que este jueves le tocara declarar en el Supremo precisamente a Santi Vila. Santi Vila no es solo una especie de Cambó, traidor para los procesistas que animan a la huelga, sino que es además un hombre de honda raigambre liberal y muy poco amigo del sindicalismo. ¿Se hace huelga también por él, o un poquitín menos? Quien te entienda, izquierda, que te compre.

Sobre todo, por favor, no reírse de los CDR. Llevan una mañana malísima y les han dado palos hasta en el carné de identidad. Aquí vuelve a desdoblarse el universo porque, ¿quién los reprime cuando salen de casa para el tradicional corte de carreteras? Pues los Mossos d'Esquadra. ¿Y qué hacen los CDR? Pues llamar fascistas a la policía de la misma Generalitat a la que se supone que están apoyando con su huelga. Una incongruencia maravillosa.

Torra es el instigador de la huelga y el responsable de su represión: con una mano te anima a boicotear y con la otra empuña la porra y se lía a repartir

En una de las imágenes de los CDR que circulan por Twitter, demasiado jugosa como para pasarla por alto, un señor mayor está muy enfadado con un 'mosso' porque este le ha arreado un porrazo a la urna del referéndum. Nuevo salto cuántico y nuevo horizonte de tensión simbólica: el señor había sacado la urna a pasear como si fuera su perro y un agente del cuerpo que facilitó el referéndum, cuyos responsables serán juzgados por este motivo, la ha roto de un porrazo. Haga usted el favor de resucitar, Hawking, y mire para acá.

Quim Torra, que se ha pasado este jueves por el juicio para conseguir una foto donde Junqueras salga mirándolo a la cara, es el principal instigador de la huelga y al mismo tiempo el responsable de su represión. Con una mano te anima a boicotear y con la otra empuña la porra y se lía a repartir. Curzio Malaparte estaría fascinado de haberlo conocido. Es un hombre institucional y un destructor de instituciones. Es un vendedor de movimientos y un creador de parálisis permanente. Y yo muerto de amor, Señor.

Pero las imágenes de gente mayor no deberían llevarnos a engaño: las 'huelgas de país' son básicamente huelgas de estudiantes. Ellos están encantados de hacer pellas para sentarse, en hermoso rito iniciático, ante los Mossos d'Esquadra. Protagonizan las postales más bellas de la ciudad y proporcionan el vigor juvenil que no tiene la casta encorbatada. Los estudiantes, claro, funcionan por los mismos mecanismos cuánticos que todo lo demás: los llama a salir a la calle el mismo poder que los deja sin becas y ellos salen; obedecen a un poder que les ha dicho que no es poder. Ni en los anuncios de la Pepsi, señora.

Detalles como estos que recojo y otros que se me escapan hacen de las 'huelgas de país' episodios fascinantes. Creo que son la condensación de una huelga mucho más duradera: la que llevan ejerciendo los políticos del 'procés' desde 2012. Políticos que no legislan ni gobiernan y que esconden sus intenciones detrás de las pancartas. Sindicalistas que no creen en la protección del trabajador, demócratas que se alegran de los escraches a sus rivales, estrategas que han optado, tras su fracaso, por el boicot.

En fin. Paseo por la calle entre trabajadores de Glovo que pedalean con la lengua fuera entre los taxistas, camino de las madrigueras 'freelance'. Por las puertas de las oficinas salen los oficinistas camino de los restoranes de menú, donde curran de camareros los catalanes que nunca saldrán guapos en las fotos del 'procés'. Y el helicóptero sigue girando las aspas. Vigilante. Sin parar.

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