Pilar Baeza, el asesinato y el doble rasero moral

¿Puede aspirar a un cargo político un ciudadano que ha cumplido una condena grave?

Foto: La candidata de Podemos a la alcaldía de Ávila, Pilar Baeza (d), y el secretario general de Podemos Castilla y León, Pablo Fernández. (EFE)
La candidata de Podemos a la alcaldía de Ávila, Pilar Baeza (d), y el secretario general de Podemos Castilla y León, Pablo Fernández. (EFE)

Casi nadie sabía quién era Pilar Baeza fuera de Ávila, donde se presenta a alcaldesa, más allá de las personas que se han cruzado con ella: por ejemplo, los familiares de su víctima. Pero ahora sabemos que esta mujer, candidata de Unidos Podemos, cumplió una condena de cárcel por tramar con su novio el asesinato de un hombre que supuestamente la había violado, y por conseguir las armas con las que el susodicho novio cometió el crimen en 1985.

La candidata, su círculo y no pocos seguidores de Podemos en las redes y la prensa han estado insistiendo en mencionar la violación que ella dijo haber sufrido como si esto justificase algo, lo cual es absurdo: por un lado, porque nadie tiene derecho a tomarse la justicia por su mano; por otro, porque esta violación nunca quedó probada y el asesinato sí.

En mitad del escándalo, Baeza ha anunciado que no renuncia a presentarse. Más allá de los pormenores del asunto, del tribalismo y las opiniones sesgadas típicas de este festival de la doble vara de medir donde lo que sirve para mí nunca sirve para mi adversario, se abre un interrogante moral que no es fácil de cerrar: ¿puede aspirar a un cargo político un ciudadano que ha cumplido una condena grave?

Pilar Baeza, el asesinato y el doble rasero moral

A mí me parece que sí, por dos motivos: porque creo en la reinserción y porque la democracia permite que la ciudadanía decida si esa persona debe o no debe ocupar el cargo. El que ha cometido un crimen será juzgado y condenado, cumplirá su pena y después saldrá a la calle. Desde este momento, si las autoridades no han apreciado que exista el peligro de la reincidencia, esta persona obtendrá una segunda oportunidad.

El caso de Baeza no es equiparable al de políticos sorprendidos en delitos o corrupciones durante su mandato. No puedes aprovechar tu posición para beneficiarte ilícitamente o dañar a los demás, pero este argumento no sirve si cometiste un delito antes de emprender tu carrera. Es decir: un médico que abusa de un paciente en coma, un político que se lucra del ladrillo o un policía que consigue droga incautada y la vende deben ser inhabilitados, pero no está tan claro que el cómplice de un asesinato no pueda rehacer su vida y acabar, por ejemplo, de alcalde.

Por este motivo, la ley protege al expresidiario y establece que sus antecedentes penales sean confidenciales. Su divulgación está prohibida, pero hay excepciones. Dos de ellas, por ejemplo: quienes van a trabajar con niños tienen que certificar que están limpios de antecedentes por delitos sexuales, y quienes pretenden entrar en la Administración pública están obligados a revelar su expediente en el proceso de selección.

El proceso de selección de Pilar Baeza serán las municipales de Ávila. Por eso se equivoca cuando reprocha a la prensa haber publicado la noticia. Que se conozca esta información es uno de mis motivos para justificar que se presente a las elecciones. La ciudadanía tiene derecho a conocer toda la información posible sobre sus candidatos. Dado que son personajes públicos, la información que se ha publicado sobre Baeza me parece relevante. No creo que importe la intención del medio de comunicación, a la que Baeza alude para defenderse, mientras publique la verdad.

La ciudadanía tiene derecho a conocer toda la información posible sobre sus candidatos

Salvando las distancias, su caso me recuerda más al de Màxim Huerta, y entonces Podemos sí que exigió la dimisión. ¡Ah, el peso de las siglas! Pero hay una diferencia que me permite justificar la dimisión de Huerta y que no tiene por qué justificar la inhabilitación previa de Baeza: el proceso de selección de Huerta fue un asunto interno del PSOE en el que la ciudadanía no tuvo voz, ni voto ni información, y esto, obviamente, no ha ocurrido en el caso de Baeza.

Pero con el ejemplo de Huerta han empezado a asomar esos dobles raseros tan maravillosos, tan prodigiosos, que recuerdan al que demostraron algunas activistas cuando Leticia Dolera despidió a una actriz por quedarse embarazada. No puedo evitar preguntarme qué diría la propia Baeza si un hombre que cumplió una condena por violación o por asesinato machista se presentase como candidato a la alcaldía de Ávila con el PP. ¿Callaría, tal vez? Ejem.

Me viene a la mente un ejemplo de este relativismo tribal: el de Francisco Serrano, que fue el candidato por Vox en las andaluzas y al que habían inhabilitado como juez por prevaricación. El delito se le recriminó desde la órbita de la izquierda con una insistencia que no vi ante la inhabilitación por prevaricación de otro juez que últimamente también tontea con la política: Baltasar Garzón. Y viceversa, claro. Con Garzón, ¡las cosas que habrán dicho!

Lo que me lleva a pensar otra cosa. Es posible que, pese a todo lo que he escrito, los políticos tengan que mostrar expedientes limpios como patenas y que esta exigencia sea suficiente para desterrar a Baeza a una pollería. Es posible también, como dicen otros, que haya delitos y delitos, reinserciones y reinserciones, y que lo que sirve para el que fue a la cárcel por robo, violación o estafa no sirva para el que ayudó a asesinar.

Es decir: es posible que esté equivocado hoy y que los argumentos que presento caigan convertidos en falacias cuando llegue otro más listo que yo. Pero viendo cómo reina el capillismo, intuyo que esto no va a importar mucho. El estado calamitoso e incongruente de las posiciones me hace pensar que unos aplaudirán un argumento si les sirve y me tirarán a la cabeza el mismo argumento si les perjudica.

Y para qué esforzarse, se preguntarán los cautos. Pues tampoco lo sé.

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