Lo que simboliza el lazo blanco de Torra

El 'president' de la Generalitat ha optado por ocultar la pancarta con el lazo amarillo con otra pancarta con un lazo blanco. La táctica convergente de siempre, tapar

Al final, tras la absurda expectación, Torra ha optado por ocultar la pancarta con el lazo amarillo con otra pancarta con un lazo blanco. La táctica convergente de siempre, tapar: los recortes sociales con la promesa de una sociedad justa, la mediocridad argumental con sentimentalismo barato, la corrupción del patriarca con marchas colectivas, el arte con folclore, la historia con el mito, el dato con la bandera, los dientes con 'somriures'.

Pero fijaos, fijaos cuánta triquiñuela hay en una sola decisión, en un movimiento: Torra no retira el símbolo, como le han pedido la Junta Electoral y el Síndic de Greuges, sino que lo cubre; no despoja de mensajes partidistas el balcón de una institución de todos los catalanes, sino que se saca de la manga otro símbolo partidista; no recapacita ni acepta la neutralidad del periodo electoral, sino que la burla. Trampas, astucias, juegos.

Está bien, juguemos. Yo soy tonto pero imbécil también, recojo el guante. Cuando aparece un símbolo, hay un periodo de latencia. Se nos arroja vacío, quiere ser llenado de significado. Cualquier corriente de aire puede perturbarlo, cualquier pensamiento se le infiltra, existe una posibilidad de contaminación. Durante este lapso, hasta que las masas lo estandaricen, el símbolo representa lo que uno vea en él.


Pasó lo mismo con el lazo amarillo. Empezó como una protesta contra la prisión preventiva de los políticos independentistas pero derivó, con el paso de los días, en una seña de identidad partidista. Quienes se lo habían puesto sin ser independentistas, se lo quitaban. La ausencia de lazo pasaba a simbolizar algo también: si lo llevabas puesto, no te estabas significando más que si te negabas a lucirlo. Lo siguiente en cargarse de significado, arrancarlo. Vivimos entonces episodios patéticos, penosos. Bocetos de Goya.

Está bien. Interpretemos ahora qué quiere decir este lazo blanco. Simboliza, primero, la astucia: cuando empujan a Torra a hacer lo correcto, si lo correcto coincide con lo que piensa su enemigo, la cabeza se le llena de planes, de alternativas, como a un mal estudiante que planea hacer chuletas en un examen.

Simboliza, segundo, la necesidad de diferenciación. Existen unas normas estrictas para todos los partidos que ejerzan el poder en las instituciones durante el periodo electoral. Estas normas tienen sentido, pero Torra se niega a ser como los demás. Después de la estafa que ha supuesto el 'procés' para los independentistas, sus dirigentes solo tienen en la manga la carta del 'somos diferentes'. La diferencia es burlar las normas.


Simboliza, tercero, la creencia de que la calle es tuya. No hay manifestación donde los independentistas no repitan esta consigna. El mismo derrame cerebral que supone creer que un referéndum donde solo votó el sí es la expresión de un pueblo, el mismo ictus que te convence de que una determinada forma de pensar implica que no seas catalán, el mismo cortocircuito que te persuade de que el rival no merece respeto te lleva a creer que si empapelas la calle con tu simbología, no estás haciendo nada reprobable.

El otro, para ti, no existe. O existe solo como caricatura. De manera que la única relación con el otro es la burla. Lo que me lleva a la cuarta connotación del lazo blanco de Torra. Simboliza el impulso irrefrenable de un catalán como él, aquejado de un complejo de superioridad de proporciones bíblicas, de mostrarse más listo que el mesetario. ¿Ah, no queréis ver el lazo amarillo? ¿Me obligáis? Dejad que piense. Un momento. Ya va, ya va, de acuerdo... ¡ZAS! ¡Mirad ahora! ¡Es blanco! ¡Estúpidos!

Nunca me han incomodado los lazos amarillos. Los encuentro en los corchos del centro de salud, en los estudios de TV3, en las farolas de mi calle, en el suelo. Los veo en las solapas y los paraguas, en los balcones y las tapas de alcantarillado, en internet, en la autopista. Cada cual tendrá sus motivos para lucirlo. Habrá, incluso, quien lo haga por los presos.

Tampoco me incomodará este lazo blanco. Me irrita, sí, quién lo pone y sus motivos para hacerlo. Me está diciendo: nunca seré tu 'president'.

España is not Spain

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