Así no se hacen campañas contra la violencia de género

Uno sospecha que el pecado más importante de esta campaña es el único que no se admite abiertamente: el cartel no lo han diseñado el PSOE o Podemos, sino la derecha

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La campaña contra la violencia de género de la Junta de Andalucía ha cometido, según se dice con extraña unanimidad, tres pecados. El primero es que aparecen mujeres sonriendo y que estas no son víctimas reales, sino modelos sacadas de bancos de imágenes. El segundo es que se emplea el término 'malos tratos' en lugar del nuevo estándar 'violencia de género' o 'violencia machista'. El tercero es que, según parece, se 'trivializa' el maltrato a la mujer por mostrar sonrisas. Y uno, que es tonto pero imbécil también, tiende a quedarse ojiplático y sospecha que el pecado más importante de esta campaña es el único que no se admite abiertamente: el cartel no lo han diseñado el PSOE o Podemos, sino la derecha.

Así no se hacen campañas contra la violencia de género

Sospecho esto por unos cuantos motivos. Primero: no es la primera campaña que usa fotos de modelos ajenas a la violencia de género. Con frecuencia, las autoridades han recurrido a actrices que han aparecido ante la cámara luciendo maquillaje que les hacía parecer maltratadas, o han recreado situaciones violentas en estudios de grabación, o han tirado de fotos de banco de imágenes para sus carteles y folletos, tanto en las campañas estatales como en las autonómicas y municipales. Este recurso al banco de imágenes también es habitual, y esto me parece especialmente chirriante, en los artículos contra la violencia de género que publican los mismos medios de comunicación que están atacando la campaña.

Tampoco es la primera vez que se presenta una campaña contra la violencia de género apelando a la posibilidad de salir adelante y “recuperar la sonrisa”. Sin ir más lejos, le debemos una de estas campañas 'en positivo' a Natalia Salvo, la directora del Instituto de la Mujer de Aragón, que fue una de las primeras que pusieron el grito en el cielo en Twitter cuando vio los carteles de Andalucía. Salvo dirigía en 2017 el Instituto, y aquel año pusieron en órbita una campaña extraordinariamente parecida a la andaluza: 'Te mereces ser feliz', decía el cartel, junto a una imagen de una señora sonriente abrazada a una niña igualmente sonriente. Ignoro si la foto pertenece a un banco de imágenes, pero lo parece.

Respecto a la etiqueta 'malos tratos', ignoro en qué punto se ha decidido que ya no puede utilizarse este sintagma para referirse a la violencia de género, pero basta un repaso a la web del Instituto de la Mujer para advertir que su uso no ha hecho saltar las alarmas en el pasado. Tengo delante un cartel contra los “malos tratos” en que se ve a una mujer tirada en el suelo, con la cara amoratada y un niño en el regazo. Lo publicó este mismo Instituto, en época socialista, y venía con un 'spot' creado por una agencia de publicidad. La misma actriz permanece tirada en el suelo con su hijo, que le dice lloroso “papá ya se ha ido, te vas a poner buena”.

Resumiendo. Repaso las páginas oficiales de las comunidades autónomas y encuentro infinidad de campañas que tiran de: a) banco de imágenes, b) modelos y actrices, c) etiquetas alternativas a 'violencia de género' como 'malos tratos', 'maltrato' o 'violencia doméstica', y d) mensajes enfocados en positivo animando a las maltratadas a pedir ayuda para salir del infierno de la violencia de género “con una sonrisa”. Estas campañas han sido realizadas por gobiernos de izquierdas y por gobiernos de derechas. Unos cuantos ejemplos:

La Comunidad de Madrid lanzó 'Stop violencia hacia las mujeres', cartel donde se ve a un grupo de jóvenes tirados en el césped levantando sonrientes las manos. El Centro Asesor de la Mujer de Cantabria lanzó la campaña 'No estás sola: ¡te vamos a ayudar!', donde aparece una mujer corriendo por el campo, en pose optimista, con globos de colores en la mano. La Generalitat de Catalunya sacó recientemente carteles con un corazón de grafiti y el lema 'Querer no hace daño: vive el amor libre de violencia'. Castilla-La Mancha, una foto de una margarita siendo deshojada por una mujer, con el lema 'El sol sale también para ti', y otro cartel con el lema 'Recupera tu sonrisa'. Etcétera, etcétera, etcétera.

No quiero decir con esto que la campaña de Andalucía me parezca acertada: no tengo la más remota idea de qué clase de campaña puede servir para que las mujeres en situaciones infernales decidan denunciar a su agresor y pedir ayuda. Ni siquiera sé si una campaña puede conseguir esto. Entiendo que los mensajes positivos expresan la idea de que, tras el maltrato, puede venir una vida luminosa, es decir, que la vida no tiene por qué terminar y que se puede dejar de ser una víctima. Entiendo por otra parte que los mensajes negativos tratan de concienciar al resto de la sociedad sobre lo horrible que es el maltrato a la mujer. Son dos enfoques que las instituciones han utilizado indistintamente, según ha soplado el aire.

Por eso me parece tan llamativo que las voces críticas no se hayan levantado contra otras campañas, emprendidas con materiales similares. Y también que se ataque tanto el asunto de la 'sonrisa', cuando el Pacto Integral Contra la Violencia de Género recomienda, en su punto 24, “desarrollar campañas de prevención y sensibilización con mensajes positivos, unitarios y adaptados a las exigencias de cada momento, implicando a la sociedad en su conjunto, y eligiendo los momentos más favorables para su difusión, como, por ejemplo, los veranos. Esas campañas deben focalizarse en el rechazo al maltratador, y presentar ejemplos de mujeres fuertes y valientes, sin recurrir al cliché de las víctimas”.

De ahí que uno, que es tonto pero imbécil también, y en cuanto se publique esto supongo que se encargarán de recordármelo, sospeche de las motivaciones de esta contracampaña contra el primer movimiento propagandístico en el terreno de la violencia de género de la nueva Junta de Andalucía. Durante las elecciones, uno de los puntos más repetidos fue que un Gobierno de derechas ponía en peligro a todas las mujeres. El argumentario alrededor de esos carteles parece seguir la misma pauta: ni un milímetro atrás en la idea de que la derecha pone en peligro a las mujeres.

Lo cual me parece zafio, partidista y poco acorde con una preocupación sincera por las víctimas. Pero qué sabré yo.

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