El independentismo se pone esotérico en Montserrat

No debería extrañar a nadie que Montserrat fuera el sitio elegido por los idólatras de Torra y Puigdemont para honrar la memoria del 1 de octubre

Foto: 131 agujas del macizo de Montserrat, en recuerdo de los 131 presidentes de la Generalitat de Cataluña, se iluminan durante el acto de conmemoración del 1-O. (EFE)
131 agujas del macizo de Montserrat, en recuerdo de los 131 presidentes de la Generalitat de Cataluña, se iluminan durante el acto de conmemoración del 1-O. (EFE)

Montserrat es una montaña propicia a los esoterismos. En el año 880, una luz guio a un grupo de pastores hasta una cueva, donde encontraron a la Virgen que llamamos la Moreneta. Al enterarse, el obispo de Manresa erigió allí un monasterio cuyos monjes, según se rumoreó durante un milenio, escondían el Santo Grial de Cristo. Este fue el motivo por el que Heinrich Himmler, tan aficionado a lo esotérico como al genocidio, marchó a inspeccionar el lugar en 1940.

Allí fue donde Pujol fundó Convergència en 1974 y, desde 1977, una vez al mes, pernocta un grupo de cazadores de ovnis para acompañar al octogenario Luis José Grifols, quien asegura que los seres del espacio se comunican con él, puntuales, cada día 11. Con estos antecedentes, no debería extrañar a nadie que Montserrat fuera el sitio elegido por los idólatras de Torra y Puigdemont para honrar la memoria del 1 de octubre.

El martes por la noche, las puntas romas y coloradas de ese telúrico racimo de dildos aparecieron iluminadas por faroles, colocados en las crestas por grupos de montañistas. Luces por la república en tiempos de oscuridad, podría decir cualquiera de los poetas cursis del régimen procesista, que llevaron al mismísimo Puigdemont a sacar un foco a la puerta de su domicilio en Waterloo. Iluminada quedó así 'la casa de la república catalana', topónimo que designa algo que no existe, y que se escribe igual en español que en catalán. Eso sí, en catalán se pronuncia distinto: con lágrimas en los ojos y un hilo de voz el 50% de las veces.

El 1 de octubre de 2017 ha pasado a la historia como el día más idiota del gobierno democrático de España. A Mariano Rajoy se le aparecieron las urnas indepes como si fueran la Moreneta, por sorpresa, y su Gobierno cometió la estupidez de mandar apalear a unos ciudadanos que solo intentaban escenificar una votación sin mayor trascendencia que la de la junta de vecinos. Después del ensayo general de papel mojado del 9 de noviembre de 2014, lo único razonable en 2017 hubiera sido dejar a la gente bailar sus sardanas y declarar nulo el resultado, pero el Estado entró en pánico.

Lo único razonable en 2017 hubiera sido dejar a la gente bailar sus sardanas y declarar nulo el resultado, pero el Estado entró en pánico

La actuación policial proporcionó contusiones de diversa índole a los viandantes, y al procesismo le dio algo mejor: fotos y vídeos con los que alimentar el victimismo voraz, con los que renovar los votos del 11 de septiembre de 1714. Combustible para esa extraña caldera instalada en Cataluña desde muy antiguo, que transforma las derrotas en efemérides. De hecho, de no ser por los siguientes trompicones de Puigdemont y su DUI en diferido, el Estado hubiera estado en aprietos de verdad.

El independentismo se pone esotérico en Montserrat

Y de aquellos actos, estas luces. Segundo aniversario de la Pasión, con desfile de los palos de 2017 en las redes sociales, discretas procesiones callejeras y misa de 11 en la Generalitat. En el mismo patio donde Marta Rovira rompió a gritar como una posesa hace dos años, después de que Puigdemont tomara la primera decisión racional de su mandato y propusiera convocar elecciones, se congregaron este martes periodistas y políticos. Torra, con voz llorosa y su mítica actitud pasivo-agresiva, largó un discurso fofo que duró algo menos que los aplausos.

El independentismo se pone esotérico en Montserrat

Dijo el 'President' de la Mitad de los Catalanes que el 1 de octubre será por siempre uno de los días fundacionales del republicanismo catalán, porque la sociedad catalana plantó cara “a la barbarie”. Añadió que él sigue comprometido a tope con la “radicalidad democrática”, el derecho de autodeterminación, la cohesión social y con conseguir que la república sea realidad un día de estos. Sin embargo, esa falacia suya tan socorrida, lo del 'mandato del 1 de octubre', había desaparecido del horizonte. Y tampoco hizo referencia a los siete miembros de los CDR que esperan juicio por presunta tenencia de explosivos.

Prefiere ahorrar fuerzas para el momento de la sentencia, como la mayor parte del activismo independentista. En la calle, en Barcelona, apretaba el sol y parecía 6 de agosto. Turistas, trabajadores y camareros, normalidad. Cañas mal tiradas y cafés, algunos lazos amarillos más de los habituales, y menú del día a 12 euros, con pan y postre. El resplandor de las luces de Montserrat ha tenido muy poco influjo sobre la ciudad, pero el fogonazo de la sentencia está al llegar.

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