Torra recomienda un libro para boicotear a Torra

Hasta el mismísimo presidente recomiende a la ciudadanía un libro que, al fin y al cabo, está escrito como manual de instrucciones para entorpecer la vida de los presidentes

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)

No hay ahora mismo en Barcelona un guiri que lo esté flipando más que el activista antisistema Paul Engler. Coautor del 'Manual de desobediencia civil', no flipa este turista escocés, como otros de su especie, por los churretes de Gaudí o el 'happy hour' en Jaggermaister. Su libro traducido al catalán ocupa la quinta plaza entre lo más vendido de no ficción en Cataluña. En una entrevista en Vilaweb que ha recomendado en Twitter el mismísimo Torra, Engler dice con otras palabras que su pasmo es del tamaño del ego de Cristina Fallarás. “Per mi, tot això és increïble”, dice, y la verdad es que no es para menos.

Yo también estaría asombrado. Es como si me llevaran a presentar mi libro contra los linchamientos digitales a Forocoches y a la gente le gustara. Paul Engler lleva media vida zarandeado por la policía en manifestaciones contra la globalización, contra los bancos y contra la derecha a lo largo y ancho del mundo. Lo lógico para alguien con su trayectoria hubiera sido llegar a Barcelona a dar la murga y terminar en sótanos mal ventilados ante un público con el pelo cortado por la División de Estilismo de la ONCE que tampoco tendría pasta para comprar su libro.

Nada más lejos. Lo reciben, atención, los gobernantes. Veo su cara en las entrevistas y creo que escapa a su comprensión que le estén poniendo la alfombra roja unos tíos con corbata, y que hasta el mismísimo presidente recomiende a la ciudadanía un libro que, al fin y al cabo, está escrito como manual de instrucciones para entorpecer la vida de los presidentes. Es como si Abascal animara a los españoles a leer el libro de Leticia Dolera o el Papa de Roma pusiera a hacer aerobic a las monjas con 'Antichrist Superstar'.

A Engler lo reciben en los programas más vistos de la tele catalana a bombo y platillo. Una vez que se sienta en las sillas del plató, en vez de ser hostiles con él y ponerle pegas a su discurso, le colocan enfrente a periodistas de izquierdas como Hibai Arbide para escenificar hermosos debates sin desacuerdos. Mientras tanto, la presentadora de la televisión gubernamental le pregunta con dulzura cómo se puede boicotear mejor un Gobierno. Y el público, señores y señoras de aspecto convencional, aplaude.

Podríamos decir que Paul Engler es ahora mismo a Barcelona lo que James Rhodes es a Madrid, y la diferencia de carácter entre ambos sujetos refleja cuál es ahora mismo la diferencia de carácter entre las dos ciudades. Mientras que la capital del Estado, sitio cateto y fascistoide según la propaganda 'cat', acoge y agasaja a un artista que enseña a tocar el piano, la capital de la República Cuántica de Cataluña, ciudad intelectual y llena de 'seny' según esa misma propaganda, ensalza a un activista que lo que enseña a tocar son los cojones.

La presentadora le pregunta con dulzura cómo se puede boicotear mejor un Gobierno. Y el público, de aspecto convencional, aplaude

¿Qué pasará, qué misterios habrá? La explicación de este nuevo salto cuántico de Cataluña es sencilla. Torra resaltaba en Twitter una cita de una de las muchas entrevistas realizadas a Engler por la prensa del Régimen, que explica perfectamente a qué se debe su fascinación presidencial y el recibimiento institucional brindado a un supuesto antisistema: “Si els catalans voleu guanyar heu de polaritzar molt més, escalar molt més, i acceptar alts nivells de sacrificis”. Lo que traducido al español significa “apretáis poco, cagones”.

Si un viajero del tiempo marchase hasta 1990 y les contara a los líderes nacionalistas de entonces este episodio, lo encerrarían en el calabozo más profundo del manicomio. Nadie podría creer en la derecha catalana de aquel entonces que sus líderes del futuro andarían fugados de la Justicia en Bélgica, cortando carreteras y animando a la muchachada a quemar contenedores.

Mucho ha tenido que cambiar una sociedad dirigida por conservadores para que se le haga al autor de un manual de resistencia al poder un 'tour' institucional de estas dimensiones. La realidad aquí es cada vez más inexplicable. Pero quien menos entiende lo que está pasando es el propio Paul Engler. Dice el autor que está asombrado con el nivel de represión y brutalidad del Estado, y que es algo más propio de dictaduras que de países democráticos.

Es curioso que pueda haber extraído una conclusión como esta cuando él mismo puede promocionar un libro como este en los canales públicos de televisión. Pero no es difícil averiguar en la pantalla de qué teléfonos móviles ha visto las imágenes que le han hecho sacar esta conclusión. Todos los autores tienen su vanidad, y cuando te hacen mucho la pelota, dejas de ver lo que tienes delante. A Engler le ha pasado con los nacionalistas de Cataluña lo mismo que a los escritores más rojeras de España cuando viajaban a Cuba para dejarse agasajar.

Le ha pasado con los nacionalistas de Cataluña lo mismo que a los escritores más rojeras de España cuando viajaban a Cuba para dejarse agasajar

Pero lo más bonito de toda esta gira surrealista es un detalle que se le escapa al mismo Torra: dado que la sociedad civil de Cataluña no es como la pinta el nacionalismo, sino que está dividida, la lectura del libro que promociona el 'president' podría dar ideas a ciertas personas que desean convertir su Gobierno en una yincana infernal. Lo peligroso de los libros es que el lector saca sus propias conclusiones.

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