Twitter bloquea la cuenta de Vox para hacerlos más fuertes

La red social les ha pisoteado sus derechos, pero también a todos los habitantes de España con derecho a voto, incluso a quienes no soportan (yo tampoco) su propaganda

Foto: Santiago Abascal (2d), junto a los miembros de Vox Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros (i) y Francisco Javier Ortega Smith (2i). (EFE)
Santiago Abascal (2d), junto a los miembros de Vox Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros (i) y Francisco Javier Ortega Smith (2i). (EFE)

Twitter suspendió la cuenta de Vox. Esto que voy a escribir no le va a gustar a nadie, pero no me importa, porque es la verdad. La cosa va así: tres millones y medio de españoles han votado a Vox.

A ellos, Twitter les ha pisoteado sus derechos, pero también a todos los habitantes de España con derecho a voto, incluso a quienes tienen la cuenta de Vox bloqueada, celebran frívolamente el bloqueo o no soportan (yo tampoco los soporto) sus mensajes de propaganda. La presencia del resto de partidos políticos en Twitter queda, desde el momento en que suspenden la cuenta de uno, convertida en un abuso. Hubiera sido ejemplar y democrático que todos cerrasen sus cuentas como protesta hasta que Twitter reabriera la de Vox. Más valioso todavía cuando Vox jamás tendría un gesto como este.

El motivo del bloqueo de la cuenta de Vox fue un deprimente intercambio de ataques con Adriana Lastra por el veto parental. Dijeron que el PSOE promueve la pedofilia en las aulas haciendo una referencia torcida al Plan Skolae, y Twitter les cerró la cuenta. ¿No están los usuarios de Twitter preparados para leer una gilipollez de este calibre? ¿No tiene Twitter elementos técnicos para que, como en Facebook, aparezca un desmentido automático cuando un partido esparce una mentira? El Plan Skolae es una abominación educativa, pero no promueve la pedofilia. ¿Era algo tan difícil de discutir?

¿No están los usuarios de Twitter preparados para leer una gilipollez de este calibre? ¿No tiene Twitter elementos técnicos para desmentir mentiras?

Pero más grave todavía me parece la arbitrariedad de la compañía. Twitter tiene leyes dignas de 'El proceso' de Kafka. Todos los partidos políticos mienten allí. Todos exageran, incendian irresponsablemente e incitan al odio contra el adversario ideológico. ¿Qué diferencia hay entre esos tuits de Vox y otros, del mismo partido y de los demás? ¿Cuál es la ley concreta? ¿Dónde está la línea? ¿Qué es exactamente lo que no se puede decir porque así lo decide gente a la que no puedo votar? Vox ha llegado a extremos tales como la difamación de los menores extranjeros no acompañados. ¿Era aquello más permisible para Twitter que atacar al PSOE? ¿Pero de qué cojones van?

Una mujer toma fotografías en un acto de simpatizantes de Vox.
Una mujer toma fotografías en un acto de simpatizantes de Vox.

De nada sirve decir, inflando la papadita capitalista por conveniencia, que Twitter es una empresa privada y que Vox aceptó las normas de uso de la plataforma cuando abrió la cuenta, porque Twitter es mucho más que una empresa privada y Vox es un partido legal, representado en el Parlamento. Twitter es una plataforma en la que millones de usuarios sacan lo peor de sí mismos a diario. Su programación incita al odio, como han demostrado ya suficientes estudios, aunque muchas veces, como en los habituales linchamientos masivos que la plataforma permite, este odio incitado lleve puesta la asquerosa máscara de la santidad.

Los mensajes de odio de Vox son, como los mensajes de odio del resto de partidos políticos, un asunto de interés público. Algo irresponsable que también socava la democracia, pero al menos la socava siguiendo sus propias normas. En cambio, cuando Twitter suspende la cuenta de un partido político, no es solamente a los intereses del partido lo que están atacando, sino el derecho de los ciudadanos a informarse. Y esto que digo sirve para la suspensión de la cuenta de cualquier partido con representación en las instituciones.

Twitter es más que una empresa privada y Vox es un partido legal, representado en el Parlamento

Antes que votantes de una opción determinada, todos somos ciudadanos en una democracia. Si una gran empresa tecnológica comete un atropello contra cualquier opción política, los ciudadanos tenemos la obligación de irritarnos con la multinacional. Thomas Jefferson escribió: "Si entre nosotros hay quienes desean disolver esta unión, no les molestéis y que sirvan como recordatorio de la seguridad con que se puede tolerar el error de opinión allí donde la razón es libre para combatirlo".

Pese a que la pasión se ha convertido en la bomba de relojería que pone en peligro nuestra libertad, en buena parte por culpa de las redes sociales, la razón todavía es libre para combatir cada uno de los mensajes políticos que vomitan los partidos. Pese a que cada vez menos ciudadanos entienden el valor de la frase de Jefferson, pese a que pocos comprenden que en la transigencia está la única fuerza que legitima la democracia, esto es un principio rector de nuestra sociedad y ninguna multinacional debería pisotearlo.

Y todo esto lo he escrito sin salir del plano ético, porque si queréis hablar de lo que consigue Twitter con su censura, es mucho más fácil de imaginar. Vox saca su poderío electoral del mismo caladero que Donald Trump: de los cordones sanitarios. Quieren ser percibidos como el único partido que dice la verdad en un mundo papanatas y asustadizo, dominado por la corrección política. Para resultar creíbles, necesitan la persecución implacable y la censura. De manera que la irresponsabilidad ética de Twitter al cerrarles la cuenta es todavía menor que la estupidez de quienes lo ven bien.

El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, en una concentración de trabajadores de prisiones. (EFE)
El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, en una concentración de trabajadores de prisiones. (EFE)

Vendrán ahora a decirme algunos izquierdistas, haciendo gala de su "don del menosprecio", en palabras de Philippe Lançon, que yo estoy dando armas al enemigo, que blanqueo el fascismo y que al nazi se le combate a puñetazos. Sostengo que es justo al contrario: bloquear la cuenta de Vox los ha hecho más fuertes, y al resto, a los que no protestan y transigen con la intransigencia de una multinacional, más débiles.

Así que muchas gracias, Twitter, por seguir hinchando a Vox al tiempo que atentáis contra la democracia de mi país. Si de verdad quisierais ayudar a las democracias, desapareceríais.

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