Políticos disputándose al gañán

Los partidos piensan con plantilla y cada uno adapta al gañán simbólico a la suya cuando el agricultor real, el de carne y tablas de Excel, empieza a tirar tomates a los cerdos en señal de protesta

Foto: El líder del PP, Pablo Casado, baja de un tractor en la localidad leonesa de Matanza de los Oteros. (EFE)
El líder del PP, Pablo Casado, baja de un tractor en la localidad leonesa de Matanza de los Oteros. (EFE)

Portavoces de izquierda y derecha, con sus respectivas cortes de articulistas, agarran estos días a un agricultor por las muñecas y tira cada cual para su lado. ¿Es el campo fascista o comunista? ¿Quieren salario mínimo o mejorar los precios de venta? Son dilemas de estos tan de moda, vacíos: ¿contra las mujeres o a favor de las mujeres? Pues depende, ¿me habla usted de mi madre o de la suya? Es la cosa bipolar, el todo o nada, la parálisis. ¿Hitler o ETA? Pues depende, si es para jugar a la pelota vasca... En el campo huele a estiércol, a nitratos. Lo mismo te puede salir un agricultor con pulserita de la bandera de España que con una rasta y una camiseta de 'El Principito'. No lo saben, los políticos, porque no van nunca.

Políticos disputándose al gañán

Bueno, sí: antes de las elecciones se hacen la foto encima del tractor, ineludible. El resto del año, por 'ir al campo' se refieren a pasar el finde en una casa rural, con wifi. Los partidos piensan con plantilla y cada uno adapta al gañán simbólico a la suya cuando el agricultor real, el de carne y tablas de Excel, empieza a tirar tomates a los cerdos en señal de protesta. Entonces, todos los políticos fantasean con subirse a una caja de fruta con un megáfono, ¡qué foto! Pero cuando en la carretera de mi pueblo, en verano, ves pudrirse miles de sandías y melones que nadie ha recogido, o cuando las moscas de final de agosto vienen atraídas por toneladas de estiércol improductivo y se te meten en la boca, entonces nada. “La España vaciada”, dicen los muy cursis. Vaciádmela de moscas, con el rabo, como vacas.

El agricultor real tiene problemas reales, pero resulta que son problemas distintos, incluso problemas contrarios: para que a uno le vaya mejor, otro tiene que tragar barro. La ley de la oferta y la demanda no es: es la de la competencia. El que tiene una cuerda de moros para la recogida del invernadero no habla con el que tiene olivos en la parcela, y el que no tiene nada y simplemente se desloma flexionando los riñones, horas y horas, a cuatro o cinco euros cada una, tampoco. A este no le importan ni los fondos europeos. Ni se conocen entre sí, ni ganas. Y del moro contratado en negro, doblemente negro, mejor ni hablar: además, ese no vota.

El campo no es más que el orzuelo de España, una molestia, desde antes de la República. El campo no se arregla nunca, ni con el barbecho. Cuánto mejor sería para la clase política que se vaciara del todo y desapareciera de una vez. Podrían dirigirse al fin, 24/7, a un votante que conocen mejor, que es el de Malasaña o el barrio de Salamanca, que tampoco les importa un pimiento, pero al que tienen engatusado con “lo de Cataluña” y “la lacra de las violaciones”. Porque, si el campo español desapareciese, si lo cubrieran de cemento, la fruta seguiría al mismo precio. En una economía de capitalismo globalizado, el campo español es un ejercicio de literatura. Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma, etc.

En una economía de capitalismo globalizado, el campo español es un ejercicio de literatura

El otro día en 'La resistencia' salía un payés de verdad: un niño que está en la ESO y maneja tractores desde los tres años, Miquel. Pintoresco, gordo y simpático: abrió una sobrasada mallorquina como un neurocirujano y cortó el pan tirando el cuchillo para el pecho ante el espanto y la curiosidad de la urbanita audiencia del programa. Ese niño que ya trabaja más de lo que ha trabajado nunca Pablo Iglesias, que habla raro, es el campo de verdad. ¿Y qué dijo? Que le gusta zampar y que su hermana le lleva el Instagram. En su alegato final, añadió lo que todo el mundo sabe: le irá mejor si la gente compra los productos más caros, los de proximidad. Es decir: si la gente compra como si el salario mínimo fuera de 2.000 euros.

¿Cómo casan las promesas al agricultor con el Ministerio de Consumo o el mercado de los alquileres? Quizás el ciclista de Glovo puede transportar algunas veces en su mochila manzanas del árbol de al lado de casa, pero ¿cuáles podrá comprar él, con su sueldo colaborativo? La hipocresía con el campo español es la misma que con el trabajo esclavo de las fábricas asiáticas. A todos nos parece fatal que las niñas de 10 años estén cose que te cose, pero la camiseta de cuatro euros del H&M no me la toques, que te rajo. La trampa perfecta del capitalismo: el pobre consume a bajo coste, para lo cual tiene que percibir un sueldo de miseria. ¡La rueda de la vida!

La trampa perfecta del capitalismo: el pobre consume a bajo coste, para lo cual tiene que percibir un sueldo de miseria

Cuando los políticos hablan, hay que prestar atención a lo que callan. ¿Cuánto cuesta un kilo de naranjas?, se preguntaban en Twitter los de la izquierda, entiendo que con un brick de zumo procesado en la mesa de metacrilato, con la cabeza llena de murales de Diego Rivera, como cuando dicen la palabra 'obrero'. Entelequias que les exigen no acercarse nunca a la gente de verdad, porque entonces se te cae al suelo la imagen que tienes del mundo.

Pero el campo es El Ejido, con sus esclavos morenos y sus propietarios, nietos de la miseria venidos a más, y los secanos de Valladolid donde sopla el viento, y las vaques de Asturias y Galicia, con esas señoras tan pintorescas que dan tan bien en 'Lo que arde'. Gente por la que nadie se ha preocupado nunca, porque todo el mundo está pensando en llegar a fin de mes y guardar un poco para las zapatillas Adidas. ¿De qué guindo cae todo esto?

España is not Spain
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