La política de salir a pegarse a la puerta del bar

A estos actores les pagamos el sueldo a cambio de que ellos intenten por todos los medios que acabemos pegándonos cuchilladas en el cuello

Foto: Un corrillo entre Iglesias, Espinosa de los Monteros y Arrimadas. (Atlas)
Un corrillo entre Iglesias, Espinosa de los Monteros y Arrimadas. (Atlas)

Le dice 'san Pablo Iglesias' a Espinosa de los Morteros (sic): “Le agradezco que me haga la pregunta, voy a ser todavía más preciso. Yo creo, señor Espinosa de los Monteros, que a ustedes les gustaría dar un golpe de Estado, pero que no se atreven. Porque para eso, además de desearlo y de pedirlo, hay que atreverse”.

La sonrisa traviesa del vicepresidente juguetea, su voz de niño bueno de la clase que nunca te presta sus apuntes serpentea. Su acusación no espanta por la gravedad, sino por la frivolidad. Entre tanto, el 'ewok' patriótico, aparentemente ofendidito, murmurando que esto es un espectáculo lamentable, hace su papel en el susodicho espectáculo lamentable, recoge sus cosas, se pone la mascarilla y se va al rodaje de 'El retorno del Jedi'.

Estos dos amigos fingen que son enemigos mortales porque confían en que su electorado es crédulo y les seguirá la corriente

Este capítulo de 'Makinavaja' lo estamos pagando entre todos. A estos actores les pagamos el sueldo a cambio de que ellos intenten por todos los medios que acabemos pegándonos cuchilladas en el cuello. Representan la única obra de ficción capaz de incitar realmente a la violencia: la política basurienta, bravucona, chulesca, desacomplejada.

Si pagar el sueldo a esos artistas no es subvencionar un cine de la peor calidad, que venga Mariano Ozores y lo vea. Os cuento: a mí la escena me pilla a medias en la escritura de otro artículo sobre los mordiscos de la draculesa Álvarez de Toledo, otra que tal danza, a cuenta del FRAP. Me quedo como una liebre deslumbrada en medio de la carretera.

Señorías: tienen ustedes que espaciar sus vomitajos de ácido sulfúrico. No nos dejan tiempo a los columnistas cínicos para reaccionar

Señorías: tienen ustedes que espaciar sus vomitajos de ácido sulfúrico. No nos dejan tiempo a los columnistas cínicos para reaccionar. Está uno puliendo la caricatura de un ladrido altisonante cuando lo sepultan quinientos lapos de Sid Vicius. Al final tendré que montar una agencia, contratar negros de países del tercer mundo. Departamento de 'cayetanismos', de 'podemias', de 'marlasquerosidades', etc. Diversificarse o morir.

¿Qué me preocupa? Me preocupa que esta intensidad de mamarrachadas le provoque a gente seria como Iñaki Gabilondo y José Antonio Zarzalejos una apoplejía. Me da la impresión de que la clase política trata de matar a ictus a los columnistas sensatos. Entretanto, los otros, los 'calumnistas', aprovechan todo el material radiactivo para cavar trincheras que a esta hora ya deben ser tan profundas como la fosa de las Marianas. La única esperanza de España es que la 'rabiacracia' ahogue el fuego por exceso de combustible.

Dejo, pues, a Cayetana colgada como un paraguas, y examino la moneda que ofrece el dúo Iglesias de los Morteros. Recuerdo en seguida aquellos vídeos donde se les veía de risitas, tan pichis, y llego a la conclusión de que la finalidad de estas barbaridades continuas es que el electorado llegue a un punto de ebullición suficiente como para que nadie pueda pensar en frío.

Estos dos amigos fingen que son enemigos mortales porque confían en que su electorado es crédulo y les seguirá la corriente. Seguirle la corriente a un político que viene a decir que si tienes cojones eso se lo digas a la calle significa, tristemente, terminar a palos en la puerta del bar. El otro día hubo al menos dos ataques neonazis en el contexto de la manifestación de Vox, uno de ellos con invasión domiciliaria de un hombre que tenía una bandera tricolor en el balcón. En mi cabeza, las imágenes se superponen a las risitas de Iglesias.

Decía Goebbels aquello de que la mentira mil veces repetida acaba siendo verdad: en nuestro caso, esa mentira era la lucha entre fascistas y antifascistas. Llevan años con ella, y a fuerza de repetirla empiezan a proliferar suficientes cabestros como para que la realidad termine imitando a la ficción. O a la fricción, que para el caso es lo mismo.

De esta manera, el populismo fracturador está pasando en España del paso al trote. La tensión sube y la economía agoniza entre acusaciones de comunista, terrorista, golpista, fascista, miserable y tal. El día que alcancemos el galope, el ruido que oiremos no será el de los cascos batiendo la arena del hipódromo.

Nota final para el lector: si sigues la corriente a los profesionales de la crispación, si dejas que te enciendan las emociones, si estás dispuesto a dejar de hablarle a un solo amigo tuyo porque se ha vuelto comunista o fascista repentinamente, a ti te ha pasado como al hidalgo Alonso Quijada y has confundido la novela de caballería con la realidad. ¡Son molinos!

España is not Spain
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