Por fin llega la secuela de 'Regreso al futuro' (pero solo a Cataluña)

Bienvenidos a 2017, otra vez. Seguimos en la república cuántica, el fugado y los presos quieren recuperar su taifa, y los viajes en el tiempo están a punto de comenzar

Foto: Carles Puigdemont y Toni Comín con una pancarta de Oriol Junqueras en el Parlamento Europeo, en enero de este año. (Reuters)
Carles Puigdemont y Toni Comín con una pancarta de Oriol Junqueras en el Parlamento Europeo, en enero de este año. (Reuters)

Los fans de 'Regreso al futuro' llevamos años temiendo y deseando la secuela. En tiempo de grave riesgo para los productores, los guionistas y directores se recluyen en las fórmulas de éxito. Se vuelve a 'Star Wars' como a la habitación donde fuiste adolescente, se estiran las franquicias de Marvel, se reinventa a Batman cada pocos años, se saca del asilo a 'Terminator' y se traviste a los cazafantasmas en un vano intento de cazar espectadores con el gusano de la nostalgia.

Así, vivimos esperando a que nos defraude la próxima secuela, y por fin le ha llegado el turno a las aventuras de Marty McFly y el doctor Emmett Brown.

Podéis buscar en vano información en Rotten Tomatoes o Imdb. No vais a encontrar nada. Todo lo referente a la nueva entrega de 'Regreso al futuro' lo tenéis en 'La Vanguardia', el diario 'Ara', Catalunya Ràdio y TV3. Marty McFly no estará interpretado por Michael J. Fox, sino que lo encarnará un actor de apariencia juvenil al que no le tiemblan las manos cuando miente: Carles Puigdemont. El científico inventor de la máquina del tiempo no será Christopher Lloyd, que está muy mayor, sino el lozano Oriol Junqueras.

El guion es el mismo de siempre, para qué arriesgarse. Le meten algunas innovaciones para enganchar al público joven, y listo

El guion es básicamente el mismo de siempre, para qué arriesgarse. Le meten algunas innovaciones para enganchar al público joven, y listo. Puigdemont y Junqueras regresan en su máquina del tiempo a 2017 y allí cambian el curso de la historia por error. Vuelven después a un futuro alternativo en el que las cosas están torcidas y empieza a desaparecer gente de las fotos familiares. Deben regresar al pasado para que todo vuelva a ser igual. Producido por la Generalitat bajo la acción ejecutiva de Torra, la nueva entrega promete emociones fuertes solo para los fans más leales y aburrimiento previsible para todos los demás.

Los tráileres han sido espectaculares, eso sí. Durante la pandemia, se ha hablado de referéndum, de unilateralidad, de república digital, de momento histórico y de respuesta democrática: lo de siempre. Los presos han salido de las cárceles y se les ha aplaudido. Las entrevistas en la televisión han sido un viaje al pasado. Los efectos especiales, lo mejor: Puigdemont publicó en sus redes el vídeo que tenía preparado para cuando lo detuviera la policía. Es el testimonio de un hombre capturado al que no capturaron, perseguido por proclamar una república que no se proclamó. El Puigdemont del pasado alternativo lanza un mensaje al Puigdemont del presente.

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, en 2017. (Reuters)
Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, en 2017. (Reuters)

De locos. Como en la entrega de 1985, la secuela trata también de forma atrevida el tema del incesto. Los adictos a la primera recordarán que McFly viajaba a su propio pueblo en 1955, donde se cruzaba con su madre, una adolescente de su misma edad que caía perdidamente enamorada de él. Este amago de incesto suponía que los padres de Marty McFly no se conocerían, no se enamorarían y, por tanto, nuestro héroe no nacería y quedaría borrado de la existencia. Toda la tensión de esta aventura consistía en que Marty tenía que lograr que sus padres se enamorasen antes de regresar al futuro.

Bien. En la secuela, el papel de los padres de McFly será el electorado independentista, y la existencia que se desvanece sin haber sido concebida, la república independiente de Cataluña. Como en 2017, volveremos al trabajo de celestino de Marty Puigdemont y Doc Emmett Junqueras para engatusar a los independentistas. Les prometerán un futuro resplandeciente en una república con el único objetivo de seguir existiendo ellos mismos. Y dado que la película está producida para ser comercial, la cosa tendrá sin duda un final feliz. Al menos, para los líderes.

Nuevas aventuras de la república cuántica

Hoy sabemos que el hecho de que un castillo esté construido en el aire con ladrillos de fantasía no implica que se derrumbe. Esta lección nos la ha dado el 'procés', y los politólogos nunca cobrarán suficiente dinero como para pagar la deuda que tienen con Cataluña. El cemento de la cara de estos políticos ha resultado ser el aglutinante más poderoso sobre la faz de la tierra. Hoy no existe un solo punto de unión entre el 'procés' y el suelo, y por tanto no existe ningún punto de unión entre el 'procés' y la realidad.

La crisis del coronavirus solo ha sido una prueba más de la resistencia del castillo de aire. Primero, Torra culpó de todo al Estado desde una posición cómoda de virrey de un reino invadido, pero cuando le dieron el mando demostró en Lleida y Barcelona que una cosa es predicar y otra es evitar contagios. Hoy, Cataluña tiene el honor de ser la 'zona cero' de los rebrotes, y como han hecho siempre los procesistas, la salida airosa a su propia ineficiencia y torpeza será la huida hacia adelante.

Así que bienvenidos a 2017, otra vez. Seguimos en la república cuántica, el fugado y los presos quieren recuperar su taifa, y los viajes en el tiempo están a punto de comenzar. El rayo caerá sobre el reloj de la Generalitat y 1,21 gigavatios irán al condensador de fluzo. Es cuestión de tiempo, y hay mucha ineptitud que ocultar.

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