España, con el cartel de 'SE TRASPASA'

Dos palabras que informan más que las ruedas de prensa de un Gobierno sostenido sobre las grandes palabras y dedicado a guerras palaciegas

Foto: Un hombre en Lleida cierra su bar, que luce un cartel de traspaso. (EFE)
Un hombre en Lleida cierra su bar, que luce un cartel de traspaso. (EFE)
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En el trayecto entre mi piso y la panadería alemana, conté nueve carteles de 'SE TRASPASA' el martes pasado. Son dos más que la última vez. Se traspasan un local de carcasas de móvil, dos bares, dos restaurantes con las sillas puestas con las patas para arriba, una librería y tres tiendas de ropa. Algunos cerraron en marzo por el confinamiento y no han reabierto, como el que se fue a por tabaco y no volvió.

Da la impresión de que se traspasa la calle, el barrio y el país. Gente que estaba se fue: hacían cálculos a medio plazo, se acostumbraron a capear temporales y llegó el tsunami. Mañana, grandes oportunidades: locales de ensueño a precios irrisorios y nadie para pagar. También habrá buenos pisos disponibles cuando la gente que lo ha perdido todo sea expulsada. Tantas noticias sobre okupas este verano tienen una explicación.

Los carteles de 'SE TRASPASA' son los primeros síntomas visibles de la lepra económica, donde la piel corroída corresponde a locales vacíos con papeles por el suelo y el correo amontonado al otro lado de la persiana metálica. Detrás de cada cartel hay gente que agota sus ahorros, camareros en búsqueda activa de empleo y otras criaturas del desierto. Cada cartel es la oportunidad perdida de alguien que no conoces para sobrevivir.

Dos palabras, 'SE TRASPASA', informan más que las ruedas de prensa de un Gobierno sostenido sobre las grandes palabras y dedicado a guerras palaciegas. El gran plan para salvar España es racionar el dinero que nos ha caído de Europa y rezar por que la crisis pase pronto, de manera que el Gobierno actúa igual que el tipo que cerró su restaurante. No hay plan B, y sería absurdo creer que lo tiene la oposición.

Estos carteles son los primeros síntomas de la lepra económica, donde la piel corroída corresponde a locales vacíos con papeles por el suelo

En el plano político, todo lo que va a ocurrir es que la coalición intentará aguantar en su puesto y la oposición hará todo lo posible tumbarla: esto es todo lo que podemos esperar de nuestra clase política, que seguirá crispando y prendiendo bajas pasiones, porque han aprendido que ellos se hacen más fuertes con nuestra división.

Prefiero mirar los carteles de 'SE TRASPASA' a escuchar a Pedro Sánchez. Como las tripas de un pájaro, el cartel dice que antes de fin de año sabremos lo que significa perder más del 18% del PIB y haber pasado un verano en blanco con el paro disparado. Veremos la forma de los números. Así que aparto la oreja de la propaganda, de las acusaciones y encuentro en los carteles de 'SE TRASPASA' un alegato de sinceridad.

Un restaurante cerrado en Barcelona. (EFE)
Un restaurante cerrado en Barcelona. (EFE)

Intento recordar el año 2007 para prepararme. Entonces, las noticias económicas eran siniestras, las gráficas bajaban, pero tú veías a la gente tomando cañas y pensabas que no sería para tanto. Tengo grabado en la memoria un artículo de 'El País' cuya autora todavía se atrevía a soltar, en 2010, que la cosa no sería para tanto porque sus amigos eran todos estupendos y estaban estupendamente bien.

Pues bueno. En la resaca de esa crisis se produjo la invasión de la política en todos los ámbitos de la vida de la gente. Fue entonces cuando se pusieron los huevos de serpiente que pocos años después, en la recuperación, provocarían peleas entre amigos y el estado de permanente irritación. Y esta es para mí una diferencia aterradora entre 2007 y 2020, porque en aquel laberinto entramos inquietos, pero en este entramos furiosos.

¿Durará más la mansedumbre del personal? Si aquella crisis trajo a los indignados y las enmiendas a la totalidad, ¿qué nos deparará la que viene? Sigo contando carteles, miro por los escaparates polvorientos y me cuesta imaginar qué cosas habremos visto cuando llegue la Navidad.

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