ETA, la justicia y otras cosas 'fuera de tiempo'

No hay más caminos que estos dos: justicia o amnesia. Y mientras no hay justicia total y la amnesia es selectiva, las cosas quedan a medio hacer

Foto: Familiares y simpatizantes de la exmiembro de ETA Ekhine Eizaguirre protestan durante su detención en Zarautz. (EFE)
Familiares y simpatizantes de la exmiembro de ETA Ekhine Eizaguirre protestan durante su detención en Zarautz. (EFE)

A Miren Gorrotxategi le preguntaron en Radio Euskadi a quemarropa sobre la detención de “tres personas por su presunta vinculación con un almacén de explosivos de ETA” y, aunque la prensa ha resaltado su respuesta como si fuera clara —“está fuera del tiempo”—, hay que decir que, ante todo, titubeó.

Su respuesta completa: “Bueno, pues son noticias que vienen siempre como fuera de tiempo, ¿verdad? No sé, yo por lo que... tampoco sé mucho de esta cuestión, pero creo que lo que se ha encontrado es un zulo antiguo, ¿no?”. Sí, responde el locutor. “Eh, creo que son tres personas que han cumplido prisión por su pertenencia a ETA... No lo sé. Ah... yo... Todavía hay que ver un poco más qué es lo que ha pasado pero sí entiendo que, eh, estas cosas llegan en un momento fuera de tiempo que no sé si llegan a aportar algo positivo”.

Salta a la vista que Gorrotxategi estaba pidiendo disculpas ante una parte de la audiencia nacional (la izquierda 'abertzale' y no 'abertzale') con la que los de Podemos se ven obligados a hacer encaje de bolillos cuando toca hablar de justicia, autodeterminación o terrorismo. De su respuesta resaltaría los 'no sé', los titubeos, los circunloquios.

Resumen hasta qué punto es rehén la izquierda en Euskadi del fantasma de ETA, y cuántas genuflexiones hay que hacer antes de pronunciar una palabra tan tabú como 'justicia' o cualquiera que se le parezca. Porque en Euskadi la justicia está supeditada a la susceptibilidad de quienes sometieron la sociedad al terror sin otro motivo que su rechazo al tiempo presente, que era la democracia.

Los que estéis viendo 'Patria' en HBO o hayáis leído la novela de Aramburu sabréis, por la vía de la ficción, a veces más clara que el periódico, que tras la disolución de ETA la izquierda 'abertzale' decidió que ya estaba bien de tocarles los cojones. Habían dejado de matar y no había más que hablar. Una decisión tan unilateral y meritoria como cuando empezaron a hacerlo. La sociedad tenía que responder a toda prisa y sin molestar. ¡Sí, os perdonamos!

Mientras hablan de Franco día y noche, no había que remover esas otras zanjas: cunetas de primera y de segunda

Se instaló entonces el cuento de los hombres de paz como Otegi, que se atribuían el mérito de la pacificación como si el acoso y derribo a la banda emprendido por el Ministerio de Interior, las policías española y francesa y la mayor parte de la sociedad civil española y vasca no hubieran sido la piedra miliar del desarme. Como si a la disolución de ETA hubieran llegado los buenos gudaris aprendiendo a pensar, y no corriendo camino de ninguna parte, que es como llegaron.

Desde entonces, pensar en justicia en Euskadi es difícil. A veces, inapropiado. ETA anunció que dejaba “la lucha armada” y más tarde decidió entregar las armas, pero se negaron a resolver el misterio de todos los asesinatos sin culpable. Sobre esta cuestión, que tiene en el limbo a muchas familias de víctimas del terrorismo, se instaló el reproche por preguntar.

La exmiembro de ETA Ekhine Eizaguirre, detenida en Zarautz (Gipuzkoa). (EFE)
La exmiembro de ETA Ekhine Eizaguirre, detenida en Zarautz (Gipuzkoa). (EFE)

Mientras hablan de Franco día y noche, no había que remover esas otras zanjas: cunetas de primera y de segunda. Venían a decir, como terminó diciendo Gorrotxategi, que todo eso de la justicia está “fuera de tiempo”. Quien averiguó el nombre del que mató a su padre hasta que ETA dejó las armas, eso que se lleva. Al resto, lo sentimos: ya hemos apagado la plancha.

Así que encontrar un depósito de explosivos no es la constatación de que ETA entregó las armas mal, sino un reproche que la sociedad no debería hacer a los pobres pacifistas incomprendidos. Si alguien va por el campo y se topa con unos bidones semienterrados llenos de explosivos, lo que se recomienda es que se meta las manos en los bolsillos, se ponga a silbar el 'Eusko abendaren ereserkia' y haga lo que los vecinos de Miren cuando las paredes de su casa aparecen cubiertas de pintadas contra el Txato: callar y mirar para otra parte.

¿Paz o justicia?

Me caerán de todos los colores por esto, pero allá va. Yo soy de la opinión de que una sociedad tiene solo dos caminos para abandonar la pantalla de los abusos totalitarios y violentos y pasar a la siguiente. Esto sirve tanto para el Franquismo como para ETA, fenómenos muy parecidos, anacronías monstruosas que estuvieron, las dos, siempre y en todo momento 'fuera de tiempo'.

El primer camino es la justicia, los juicios de Nuremberg. Se entregan no solo las armas sino también la información, a los que las usaban, y se celebra un juicio sobre todos los crímenes sin resolver, y se condena a todos los asesinos y sus colaboradores. Además, puesto que hablamos de justicia, se hace lo propio con las torturas de las comisarías, se investiga el gran tabú del exceso policial, es decir, se saldan todas las cuentas pendientes, y 'todas' significa todas.

Es una vía dolorosa cuyo premio es una paz duradera y asentada, pero exige abandonar toda la retórica de la amnesia selectiva y encerrar en prisión, en lugar de enterrarla, toda la mitología en torno a ETA. Porque en esta 'batalla', donde podemos encontrar muchos tipos de víctimas, lo único innegable es que ETA es la culpable de la falta de paz. Todos los excesos policiales fueron consecuencia de aquella. Merece aclararse, pero sin equidistancia.

La segunda vía para pasar página es la paz amnésica, y sin duda es la que prefiere la izquierda 'abertzale'. Pero no puede ser una amnesia selectiva, como la que ellos tratan de imponer. Es la vía que España emprendió con la ley de Amnistía, que sacó de la cárcel a los opositores al franquismo y también dejó a las víctimas de las torturas sin justicia y a los torturadores sin condena. Se puede preferir esta opción, donde el silencio se impone a la verdad y el perdón resignado a la reparación, pero tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, que las víctimas quedan descontentas mientras la sociedad, pensando en el futuro, pasa página.

Por la vía de la paz amnésica, lo primero que tendrían que hacer los de Bildu es olvidarse de las torturas y apagar la mitología gudari

Por la vía de la paz amnésica, lo primero que tendrían que hacer los de Bildu es olvidarse de las torturas, resignarse y apagar la mitología gudari. Ponerse a silbar el 'Eusko abendaren ereserkia' disimuladamente cuando un etarra salga de la cárcel en vez de montarle un homenaje vergonzante. No se puede poner 'fuera del tiempo' solo lo que no interesa mirar, por ejemplo, la culpa. Y además sabemos que esta opción proporciona una paz endeble, que dura algunos años hasta que las heridas, infectadas bajo las vendas, empiezan a rezumar.

No hay más formas que estas dos, justicia o amnesia. Mientras no hay justicia total y la amnesia es selectiva, las cosas quedan a medio hacer. Basta remover un poco el suelo para dar con un alijo de armas que hubieran debido ser entregadas en su momento, o para toparse con una persona que a día de hoy, tanto tiempo después, todavía no sabe quién mató a su padre. Prueben los hombres de paz a vivir con eso, y digan lo que prefieren.

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