El grupo anticrispación del Congreso salta en pedazos por la crispación
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Juan Soto Ivars

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El grupo anticrispación del Congreso salta en pedazos por la crispación

Dejarte ver junto a tus adversarios implica tratar a tus votantes como adultos. Quizás es esto lo que algunos partidos no pueden permitirse ni un minuto

placeholder Foto: La diputada de Vox, Macarena Olona. (EFE)
La diputada de Vox, Macarena Olona. (EFE)

A Roberto Uriarte lo llamaron ingenuo por fomentar un grupo anticrispación en el Congreso. Su idea era reunir en la cafetería a miembros de todos los partidos para que pudieran pasar un rato conversando apartados de los estridentes argumentarios de sus formaciones. El objetivo era acordar actos para mostrar a la ciudadanía que no todo son hostias en el 'ring' de Muay Thai de la democracia española, es decir, para calmar un poquito las aguas. La idea de Uriarte ha tenido el éxito rutilante de las gotas del rocío, que brillan el tiempo que tarda en salir el sol.

Este “club del cocodrilo” español ha lanzado un vídeo en el que María Guijarro (PSOE), Fernando Gutiérrez (PP), Sara Jiménez (Ciudadanos), Jon Iñárritu (Bildu) y el propio Uriarte (Podemos) felicitan el año nuevo a los españoles y dicen, cada cual en su estilo, que son gente capaz de compartir mesa sin usar huesos de pollo como punzones para clavárselos en la yugular. Faltaba Inés Cañizares, de Vox, quien según me cuenta Uriarte había participado en las reuniones e incluso bromeó con el de Bildu. Pero ya sabéis, porque todos habéis leído a Shakespeare de cabo a rabo, cuál es el destino del flirteo entre Montescos y Capuletos.

Foto: Imagen de un pleno del Congreso. (EFE)

Macarena Olona, cuyas manos son hachas, compartió el vídeo en Twitter para reprochar a los demás que se sentaran con etarras; y el PP abandonó el grupo sin dar más explicaciones, no vaya alguien a pensar que ellos son más proetarras que los de Vox. Cañizares, no sé si obligada por la estrechez ideológica de su partido, si convencida o amonestada por la cúpula, retuiteó a Olona, con lo que el grupo anticrispación se desarticuló 'de facto'. Duró más o menos 24 horas antes de saltar en pedazos por la jodida crispación.

Me ha sido imposible contactar con Cañizares, pero Uriarte sí me atiende al teléfono. No sabe qué ha podido motivar el cambio de actitud de Vox y confía en que, cuando se inicie la actividad parlamentaria, puedan volver a ponerlo en marcha todos juntos porque “no tiene mucho sentido si faltan partidos”. Me asegura que a Cañizares le había parecido muy bien la idea, que le dijo que pediría permiso a Santiago Abascal y que este se lo dio, de modo que no entiende qué ha podido cambiar para que la emprendan a cabezazos de esta forma.

“La gente cree que nos llevamos a palos porque eso es lo que sale en los medios de comunicación, pero cuando no hay cámaras delante se dan siempre momentos de distensión. Mi idea era mostrar esos momentos y poner en valor el trabajo de las comisiones parlamentarias, donde los miembros de partidos distintos llegamos constantemente a acuerdos”. Habla Uriarte con una voz tranquila que no deja lugar a dudas sobre su actitud conciliadora, y por más que le pongo el cebo se niega a hablar mal de Cañizares. “Los medios también tenéis que ayudar”, me dice. Tiene más razón que un santo.

Le pregunto qué piensa de la iniciativa su propio partido, Podemos, dado que esta formación tampoco es inocente en el trabajo de crispar. Me dice que nadie le ha puesto inconvenientes con un poso de melancolía en la voz, e insiste en que tratará de recuperar la cosa. “Puede que esta iniciativa sea de verdad ingenua, pero eso no debería ser un impedimento para llevarla adelante. Sigue sin ser cierto que estemos todo el día peleándonos. De alguna forma tenemos que mostrarlo a la ciudadanía”. Le deseo suerte.

Pero me acuerdo de Borja Sémper (PP) y Eduardo Madina (PSOE), que se cortaron la coleta en distintos momentos y por distintos motivos, y que han repetido desde entonces el mismo mensaje aquí y allá: que la política profesional se ha vuelto un trabajo tan áspero y violento, tan dogmático y partidista, que es territorio radiactivo para cualquiera con voluntad de tender puentes. Los escucho cada semana en Onda Cero, donde Alsina les ha dado una sección, “La ínsula”, en la que los antiguos adversarios dialogan sobre lo divino y lo humano volviendo una y otra vez al asunto que los ha unido: la alergia a la crispación infértil.

Y digo crispación infértil porque sería ingenuo pensar en la política como un salón de té victoriano, ajeno a las pasiones y las reyertas, donde todo el mundo se da las gracias después de cada disertación. Los modelos económicos y sociales que la gente tiene en sus cabezas, las posturas territoriales, ideológicas y culturales en que viven instalados son una garantía de que se producirán choques. Es sano que las ideas se discutan con intensidad, incluso con vehemencia, y que no siempre se alcancen soluciones de consenso. Nuestro problema viene cuando el consenso desaparece por completo, y cuando fomentar el cabreo ciudadano es la única estrategia electoral.

Macarena Olona debería vivir un poco más tranquila: nadie en su sano juicio pensaría que, por sentar a un miembro de su partido con uno de Bildu para grabar un vídeo, Vox esté blanqueando el terrorismo etarra. Y lo mismo pasa en el otro lado: si algún votante de Bildu creyera que Iñárritu se ha vuelto facha por conversar con alguien de Vox, alguien tendría que sacar al idiota de su error. Por ejemplo, el propio Iñárritu.

Dejarte ver junto a tus adversarios implica tratar a tus votantes como adultos. Quizás es esto lo que algunos partidos no pueden permitirse ni un minuto.

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