Desveladas. Las moras europeas gritan: "¡No nos taparán!"
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Juan Soto Ivars

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Desveladas. Las moras europeas gritan: "¡No nos taparán!"

Mimunt Hamido Yahia no se tapa el pelo, ni se agacha, ni se acobarda. Ha dado un golpe simbólico en los cojones de todos los imanes

placeholder Foto: Mimunt Hamido, en Turquía.
Mimunt Hamido, en Turquía.

Mimunt Hamido Yahia no se tapa el pelo, ni se agacha, ni se acobarda. Ha dado un golpe simbólico en los cojones de todos los imanes radicales puestos en fila, y otro a todos los nacionalistas cejijuntos que confunden al moro con el fundamentalista y a la mora con su esclava, y otro a todos los buenistas papanatas que consideran que se puede ningunear o silenciar la opinión de una mujer porque pertenece a una minoría de la que se espera que calle y lleve pañuelo. A Mimunt la acusarán de islamofobia por rebelarse contra la que se supone “su cultura”, pero el islamismo le da de todo menos miedo, y habla claro: su cultura no es eso.

'No nos taparán' (Akal), el libro que acaba de publicar, romperá los esquemas de más de uno. En primer lugar por la posición de la autora. Hace mucho que esta melillense de nombre y apellidos amazigh dejó de creer en Alá, pero se queja de que seguirá siendo musulmana a los ojos de la gente haga lo que haga. Porque ¿qué es ser musulmán? Y en particular, ¿qué es ser musulmana? ¿Acaso profesar una religión? Ya no. El islamismo ha cambiado las cosas y hoy “musulmana” es una identidad política y étnica de la que no puedes escapar, porque la llevas pegada al nombre. Mimunt nos recuerda que muchas musulmanas pueden ser, como ella, tan españolas y europeas, tan poco religiosas como cualquier otra.

placeholder Portada del libro 'No nos taparán'.
Portada del libro 'No nos taparán'.

Su libro es una mezcla de análisis y grito de rabia, pero sin impotencia. Quiere despertar, en primer lugar, a las feministas y la izquierda. Sacarlos del error de que el velo empodera, de que es una decisión personal libre, de que pertenece a la cultura musulmana. Con datos y dardos, derriba una tras otra las falsas imágenes generadas por el islamismo europeo y difundidas con la ayuda de la izquierda multicultural. Cuenta de paso las historias de muchas españolas y europeas de nombre musulmán. Historias de linchamientos, de la vigilancia paranoica de sus hermanos, padres y maridos, de opresión verdadera y aplastante, de violencia nada "simbólica". En pocas palabras: historias de la injusticia atroz que sucede en nuestros países a muchas mujeres, en nuestras puñeteras narices, mientras las marchas feministas pasan de puntillas por esta espinosa cuestión.

'No nos taparán' debería ser una lectura obligatoria para cualquier persona interesada en la justicia y la opresión. Sin embargo, algo me dice que será un libro demasiado incómodo, y que muchas personas con poder para cambiar las cosas y agitar a las multitudes preferirán no meterse en líos, empezando por los políticos. Después de todo esta ha sido, denuncia Mimunt, la actitud del progresismo cuando se ha encontrado entre la espada de liberar a miles de mujeres de un yugo atroz y la pared de ser acusada de islamofobia. Han preferido (habéis preferido) mirar a otra parte.

Foto: Profesores dejan flores frente al instituto del profesor asesinado. En los carteles, se lee "Yo soy profesor". (EFE) Opinión

Así que, ¿quién les saca las castañas del fuego a estas moras valerosas que se arrancan los velos y levantan la voz por encima del canto de los minaretes? ¿Quién se preocupa por las otras decenas de miles que, siendo españolas también, viven sometidas al patriarcado más tenaz y violento que anida en Europa? ¿A las que son obligadas a casarse y demostrar que su honra y su virginidad están intactas con el velo? ¿Quién ayuda a todas esas españolas y europeas de apellido musulmán que no han visto más que el gueto y no han conocido más autoridad que el imán de la mezquita, enviado por Arabia Saudí para expandir el salafismo?

“Nosotras”, parece decir Mimunt, como dice la ganadora del Premio Nadal de este año, Najat El Hachmi, como dice Ayaan Hirsi Ali, como dice la joven y brillante Násara Iahdih Said. Nosotras, moras y árabes, musulmanas hasta la muerte por nacimiento y europeas por deseo de libertad. Nosotras, aunque hayamos quemado el velo y mandado al cuerno a los barbudos y los maridos que nuestras madres nos habían buscado, ¡quién si no!

Mimunt nos recuerda, de paso, que el identitarismo es una cárcel para los individuos que quieren ser libres e iguales, en particular para las mujeres musulmanas, tanto cuando lo imponen las derechas nacionalistas como cuando lo imponen las izquierdas multiculturales. Una cárcel, sí, porque parte la sociedad en celdas estancas y aisladas con un velo de miedoso respeto, y porque levanta una prisión invisible para las que no quieren respirar un minuto más el tufo machista de la minoría que les ha tocado en suertes. Si Voltaire levantara la cabeza, os digo que tardaría 10 segundos en poner su pluma, su ingenio y su gallardía a su servicio.

Mimunt Hamido Yahia no se tapa el pelo, ni se agacha, ni se acobarda. Ha dado un golpe simbólico en los cojones de todos los imanes radicales puestos en fila, y otro a todos los nacionalistas cejijuntos que confunden al moro con el fundamentalista y a la mora con su esclava, y otro a todos los buenistas papanatas que consideran que se puede ningunear o silenciar la opinión de una mujer porque pertenece a una minoría de la que se espera que calle y lleve pañuelo. A Mimunt la acusarán de islamofobia por rebelarse contra la que se supone “su cultura”, pero el islamismo le da de todo menos miedo, y habla claro: su cultura no es eso.

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