Así es como salva vidas el lenguaje inclusivo
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Juan Soto Ivars

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Así es como salva vidas el lenguaje inclusivo

La idea de que los idiomas no son inclusivos para las mujeres es un absurdo extendido más allá de cualquier traducción, y una prueba es que lenguas con normas diferentes encuentran el supuesto pecado en los detalles más dispares

placeholder Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)
La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)

Francia ha prohibido el lenguaje inclusivo en las escuelas. A Irene Montero, que dice que el 'todes' salva vidas, quizá le parezca un genocidio, pero dado que Francia es uno de los países de la Unión Europea que más invierten en educación, no era plan de autoboicotearse. Según ha dicho el ministro francés del ramo, el lenguaje inclusivo es un obstáculo para la comprensión de los textos y para la expresión oral, así que desde ahora los materiales didácticos tendrán que escribirse en francés, un idioma tan inclusivo como cualquier otro que sea compartido por suficiente número de hablantes. Como el español, por ejemplo.

La idea de que los idiomas no son inclusivos para las mujeres es un absurdo extendido más allá de cualquier traducción, y una prueba es que lenguas con normas diferentes encuentran el supuesto pecado en los detalles más dispares. Los franceses, por ejemplo, añaden sufijos femeninos después de un punto. Los anglosajones se dedican a erradicar el sufijo 'men' de todas las palabras compuestas y sustituirlo por 'women', 'person' o 'human', y además han inventado una batería de pronombres para la gente de géneros sentidos variados. Entre hispanohablantes, ya se sabe: la norma es negarse a comprender el género gramatical, por un lado, y por otro andar a la caza de acepciones del diccionario que huelan a patriarca.

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE) Opinión

Ahora también se ofertan monemas. Es el caso de la 'e', que la ministra de Igualdad ha adoptado de la noche a la mañana y luce, como un par de zapatos nuevos, en el pronombre 'todes'. El resultado es maravilloso. Resulta enternecedor oírla tratando de conjugar y mantener concordancia en frases demasiado largas, que su obcecación gramatical va volviendo intransitables para ella misma. De hecho, la mejor forma de combatir el lenguaje inclusivo es escuchar a sus sufridos usuarios. Hay un montón de adictos al 'todes' en Argentina, país tan obsesionado con malograr su riqueza que, puesto que posee uno de los castellanos más hermosos del globo, ahora ha decidido estropearlo con estos retruécanos. YouTube está lleno de ejemplos.

En fin. La explicación para el lenguaje inclusivo es el estómago bien alimentado: es este órgano, bajo esta circunstancia, el que detecta problemas mediante el asco e insufla un torrente de pereza para solucionarlos con palabrería, sin que el estomagante tenga que levantarse de la silla. De ahí brotan los grandes proyectos de reconstrucción del ser humano desde sus cenizas (previa destrucción) y las polémicas más tontas de la galaxia, grupo este úlitmo del que forma parte la discusión del lenguaje inclusivo. Nos dicen sus defensores que un pequeño esfuerzo lingüístico de cada uno es vital en la vida de las mujeres, y nos animan a poner patas arriba el motor del habla, que es la gramática.

Foto: El director de la Real Academia, Santiago Muñoz Machado. (EFE)

Garantizan resultados increíbles, como los vendedores de crecepelo. Si empezamos a hablar de tal manera, salvaremos vidas. Parece un chantaje adolescente, pero creo que es la pura verdad. La pregunta es: ¿qué vidas salva esta jerga? No existe una sola prueba de que el maltrato a la gramática sea bueno para las mujeres. Algunas hipótesis como la de Sapir-Whorf, a la que muchos se refieren sin mencionarla (quizá porque no la conocen, ni tampoco sus abundantes críticas), son eso: hipótesis, intentos de comprender los vasos comunicantes entre el lenguaje y la psicología social. Nada prueba que decir 'todes' o desdoblar el género hasta alcanzar los extremos delirantes de la Constitución venezolana mejore la situación de nadie.

O de casi nadie. Porque yo sostengo que el lenguaje inclusivo sí salva vidas. De hecho, toda esa industria es una forma de ganarse el pan, como sexar pollos o capar papagayos. ¿Qué sería de todos esos expertos, de todos esos activistas, de todos esos profesores y conferenciantes que están haciendo una fortuna explicando una receta que los políticos aceptan sin rechistar, porque es la promesa de cambio social más barata que se conoce? ¿De qué vivirían los redactores de folletos ministeriales, los corregidores del BOE, los pedagogos? Suprimir el lenguaje inclusivo en España sería catastrófico para muchas familias.

Foto: El espectáculo de luz 'Rendez-vous Bundesplatz' proyecta imágenes de 'El Principito'. (EFE) Opinión

Da lo mismo que el método que promocionan sea falso, deficiente, agramatical e impracticable. Da lo mismo que, más que lenguaje inclusivo, toda esta jerga sea en realidad un lenguaje exclusivo, una marca de clase, que ellos lucen en sus charlas y sus chaquetas, como una medalla, y que les sirve para distinguirse del vulgo y sentirse en comunión con el bien superior: para reconocerse entre sí, como una logia, de la misma forma que ponerte los pronombres en la bio de Twitter cuando existen pocas dudas sobre tu expresión de género. Tema al que creo que debería dedicar otra columna, por cierto...

El caso: hay que defender el lenguaje inclusivo porque, sin él, toda esa gente emplearía su deshonestidad intelectual en ocupaciones menos intrascendentes. Hablar mal de la RAE, ciscarse en la gramática y prometer el reino de los cielos los mantiene entretenidos. ¡Y anda que a mí!

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