Juana Rivas está en Waterloo
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Juana Rivas está en Waterloo

Cuando el populismo entra por la puerta, la justicia para todos salta por la ventana

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Juana Rivas. (EFE)

El Gobierno quiere el indulto para Juana Rivas, que acaba de ser enviada a prisión. Mientras tanto, parece estar echada la suerte de los líderes del 'procés'. Pese a las diferencias evidentes entre los dos casos, hay un punto en común: el indulto y sus ramificaciones. Como dijo Daniel Gascón, es el poder perdonándose a sí mismo. A los del 'procés' se les ofrece un perdón estratégico: el Gobierno de Sánchez depende de los independentistas y les entrega, a cambio de la supervivencia, la libertad, no solo para salir de la cárcel, sino para seguir instalados en la propaganda estéril de la autodeterminación y el boicot pasivo-agresivo contra las instituciones. Es decir: les ofrece impunidad y malbarata la igualdad de todos ante la ley. Si el Rey emérito fuera condenado y el Gobierno lo indultase, esto que digo se entendería mejor. Pero las repúblicas cuánticas no tienen reyes, sino propagandistas.

El indulto al 'procés' me parece una mala idea también por motivos pragmáticos. Al otro lado no ha existido, ni existe, ni existirá propósito de enmienda. De forma natural y por sentido común me inclinaría a pensar que el Estado puede conseguir algo con este gesto de clemencia, pero más de 10 años viviendo en Cataluña (y aprendiéndome el credo secesionista) me convencen de que no es así. Igual que el gesto de acercar a los presos quedó reducido a nada en cuanto se obtuvo, así pasará con los indultos. Nadie va a agradecer nada al Gobierno en Cataluña, porque el independentismo dejaría de existir ontológicamente en ese mismo instante. La cuestión no es si lo volverán a hacer, ni cuándo, sino que el independentismo ha demostrado ya 'de facto' el poder legitimador de las masas.

Foto: Fotografía de archivo de Juana Rivas del día 18 de julio de 2018. (EFE)

El caso de Juana Rivas es más retorcido, pero coincide en ese punto. En esta ocasión, no fue una élite caciquil amparada en la calle, sino el sistema entendido como la conjunción entre el poder político y mediático y la ideología de moda, lo que empujó a Juana Rivas a la cárcel. Al grito adolescente de “Juana está en mi casa”, el activismo más tronado logró, debido al momento cultural que atravesaba España, que algunos de los principales responsables políticos se adhirieran a una causa kamikaze en la que se inmolaba a una mujer desposeída de sus derechos básicos, aconsejada por negligentes activistas, y convertida en un símbolo vacío y hueco.

De forma catastrófica se animó a esa mujer a secuestrar a sus dos hijos con base en el dogma de que su marido era un maltratador peligroso, dijeran lo que dijeran las sentencias. En una histeria colectiva de magnitud equiparable a la de 2017 en Cataluña, lo racional quedó desfigurado por la pasión de las masas. Responsables políticos fingieron que la ley no operaba para este caso particular, mientras las calles proclamaban en su idioma cejijunto que existe una justicia casi divina, intangible, sintonizada con el pueblo y capaz de neutralizar un delito objetivo.

Foto: El 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters) Opinión

Total: a Juana Rivas la tiraron por un barranco activistas que hoy reciben fama y dinero en el esperpento de Mediaset sobre Rocío Carrasco u ocupan el Ministerio de Igualdad. Son esas personas las que con más brío exigen ahora el indulto, pero no lo piden para esa mujer (cuyo destino se la trae al pairo) sino para ellas mismas. Aseguraron a Juana Rivas que podría huir con sus hijos y crearon un trampantojo en el que toda España la tenía escondida en su casa. Ahora quieren el perdón para sí mismas por haber cometido esta tropelía. Y ellas mismas se lo van a dar, con ayuda del poder político, que fue su cómplice.

Pero sigamos. Cuando el populismo entra por la puerta, la justicia para todos salta por la ventana. No existirán por tanto la sedición, ni la rebelión, ni la sustracción de menores siempre que los cometan individuos galvanizados por el grito popular de las masas. Los independentistas dicen que representan el sentir de un pueblo y gritan que la igualdad de todos los españoles es una forma de opresión, y las feministas sistémicas aseguran que las mujeres son entes sinceros y bondadosos, incapaces de provocar el menor daño, y que las leyes han sido escritas por y para los hombres. Así, el independentista y la mujer podrán saltarse la ley y ser indultados, puesto que hagan lo que hagan se están rebelando contra la injusticia estructural.

Foto: Juana Rivas, en una foto de archivo. (EFE) Opinión

'Me se entienda': no tengo ningún interés en que los líderes del 'procés' o Juana Rivas permanezcan en prisión. Señalo que los indultos son un atentado contra la igualdad, más todavía cuando se plantean en estos términos. No hablamos de pobres diablos que encadenaron errores en la marginalidad, sino de causas encarnadas. Estos indultos dan legitimidad al grito de la calle, que no tiene nada que ver con la democracia, sino con la capacidad de movilización. En el caso del 'procés', se coloca fuera de prisión a hombres que marcharon a hombros de un gentío que gritaba que las leyes españolas son antidemocráticas. En el caso de Juana Rivas, a una mujer a la que las masas colonizaron y convirtieron en una virgen María que encarnaba la bondad y un ariete simbólico contra la justicia patriarcal.

Estos indultos vienen por tanto a decirnos que, si las masas reaccionan a los eslóganes y siembran las calles con las pancartas adecuadas, toda ley, todo delito es relativo. No son peligrosos por las personas a las que quieren sacar de la cárcel, sino por lo que legitiman. No se perdona a víctimas de errores puntuales de la justicia, sino a símbolos. Se indulta por tanto a las masas, corresponsables de los delitos, y a sus agitadores particulares, que tienen nombres y apellidos y siguen sermoneando desde instituciones canibalizadas y grandes medios de comunicación, como si no hubieran roto un plato.

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