El masculino genérico criminaliza a los hombres
  1. Sociedad
  2. España is not Spain
Juan Soto Ivars

España is not Spain

Por

El masculino genérico criminaliza a los hombres

Si es el lenguaje el que invisibiliza a las mujeres para lo que interesa a la ministra, entonces es el lenguaje lo que criminaliza y violenta a los hombres

Foto: Irene Montero arrodillada en un acto.
Irene Montero arrodillada en un acto.

Cito textualmente a la ministra Irene Montero, invitada al programa 'La hora de la 1'. “El masculino neutro es político y tiene una función política en la sociedad muy clara: decirnos a las mujeres, desde que somos muy pequeñitas, que no valemos para las cosas importantes. Que no valemos para ser científicas, que no valemos para ser médicos o médicas, que no valemos para las cosas que son importantes en la sociedad. Y se nos invisibiliza en la educación, en los libros, en todos los referentes en los medios de comunicación”.

Perfecto. Usemos esta misma lógica en sentido inverso e interesado: “El masculino neutro es político y tiene una función política en la sociedad muy clara: decirnos a los hombres, desde que somos muy pequeñitos, que somos peores y estamos destinados a ser peores. Que seremos criminales, que seremos asesinos, que seremos ladrones o corruptos, que no valemos para las cosas que son positivas en la sociedad. Y se nos criminaliza en la educación, en los libros, en todos los referentes en los medios de comunicación”.

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE) Opinión

¿Se entiende así lo ridículo, lo mentecato de las declaraciones de la ministra? A veces las gafas moradas no te dejan ver la filología más elemental. Si hubiera una intención política de alguien en apartar a las mujeres de trabajos guais como la ingeniería, ¿quién sería el responsable de que los hombres figuren siempre como protagonistas del crimen y la violencia, de los accidentes laborales mortales, de las cárceles? ¿Los mismos manipuladores arcaicos, levíticos, que desprestigiaron a las mujeres sumieron a los hombres en la barbarie? ¿Las mismas sombras terroríficas proyectadas en la pared por una chaqueta colgada en un perchero?

Si es el lenguaje el que invisibiliza a las mujeres para lo que interesa a la ministra, entonces es el lenguaje lo que criminaliza y violenta a los hombres. Así que acabemos de una vez por todas con este debate: usemos siempre el desdoblamiento, en todo el Código Penal, en todas las noticias sobre crímenes, en las novelas negras (o de color). Dejemos de criminalizar en bloque a los hombres y combatamos esa política que, desde tiempos bíblicos, ha seducido a los hombres en torno al mal. Desde hoy, Raskolnikov y Raskolnikova.

Foto: La directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, durante el acto de toma de posesión de su cargo. (EFE) Opinión

La verdad es que cuanto más usas este truco más te gusta. Sigamos por vicio. ¿Por qué, cuando yo digo la palabra “terrorista” (que acaba en a) representáis mentalmente a un hombre? ¿Acaso no hay mujeres terroristas? Sí, de acuerdo, ¡son menos! Pero, sin duda alguna —y siguiendo con la sólida cadena de razonamientos de la ministra—, si hay menos mujeres terroristas es porque el lenguaje, que todo lo transforma, nos ha predispuesto desde hace generaciones a poner bombas, nos ha encerrado en ese callejón sin salida, nos ha impedido soñar, por qué no decirlo, con un mundo mejor al amparo de la ley, femenina palabra.

Si las mujeres no se hacen ingenieros porque el español no las deja (aunque en países donde esta palabra no tiene marca de género ocurre lo mismo, misteriosamente), ¿acaso no podemos afirmar con la rotundidad de Montero que nos hacemos mineros, camareros, criminales, traidores, lacayos, villanos y falsarios, precisamente, al lenguaje no inclusivo? ¿Por qué demonios entonces hay tan pocas mujeres futbolistas en comparación con los hombres futbolistas? ¿Por qué les pagan menos a ellas, si tenían la palabra de su parte? Da igual, corramos un tupido velo empoderador.

Foto: Foto: Corbis. Opinión

Vayamos rápido a otras lenguas y otras sociedades para justificarlo. Tomemos ejemplo del finés, idioma sin marcas de género, alrededor del cual ha crecido y florecido una sociedad, la finlandesa, que está muy bien en asuntos de igualdad de género. Pero ¡problema! También es así el magiar, idioma oriundo de Hungría, y mejor no hablar de Hungría. Y ¡ay, más problemas!, tampoco usa apenas marcas de género el farsi, idioma de Irán, donde lo único que empodera a las mujeres, siguiendo con la lógica del ministerio, es el velo obligatorio. Ejem.

De acuerdo, empieza a haber ciertos problemillas, sí, pero ningún argumento racional debería afectarnos, igual que pasa con el Ministerio de Igualdad, refractario a la argumentación. Nos preguntarán, por ejemplo, por qué será que en Mali, donde se habla koyra, lengua que utiliza el femenino como genérico, el Estado Islámico no para de crecer. Y responderemos, a gritos, que el Estado Islámico ataca a Mali precisamente para erradicar de la faz de la tierra el koyra, una lengua liberadora que podría dar un vuelco a la situación mundial. Porque el Estado Islámico está lleno de filólogos.

Foto: El espectáculo de luz 'Rendez-vous Bundesplatz' proyecta imágenes de 'El Principito'. (EFE) Opinión

La carta en la manga del Ministerio de Igualdad, capaz de dar la vuelta a cualquier adversidad, nos conduce a la discusión ganada. Si el sistema de razonamiento falla, si hace aguas, siempre podemos acusar a las intenciones secretas de una masa fantasmagórica, a una mano oscura que ha trastocado el asunto y nos ha dejado el chillido estridente como única posibilidad. De modo que, si no hallamos explicación posible, si nuestra propaganda nos conduce a un callejón sin salida, abrimos un butrón en la pared, y acusamos a quien no cante a coro con nuestras ranas de estar a favor del mal.

Cerremos el debate para siempre. Liberemos a hombres y mujeres de sus respectivos yugos, sencillamente, ¡dejando de hablar! El lenguaje nos hace peores. Desde pequeñitos nos induce a cometer más crímenes, a ser más temerarios, a desempeñar con abrumadora mayoría trabajos precarios o peligrosos, a ser mineros, asfaltadores, encofradores, soldados y bomberos, a morir. Quien niegue que todo esto se debe al masculino genérico en el español será acusado de insolidario o insolidaria, opresor u opresora, reaccionario o reaccionaria. Y en un patíbulo lo meceremos, haciéndole cosquillas en los pies.

Irene Montero Igualdad de género
El redactor recomienda