Los caballeros de la mesa castrada. ¿Hablaron de algo Sánchez y Aragonès?
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Juan Soto Ivars

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Los caballeros de la mesa castrada. ¿Hablaron de algo Sánchez y Aragonès?

Esta mascarada vacía y estos juegos florales no son más que la constatación de que las instituciones políticas están parasitadas por las posiciones inamovibles, por las Numancias

Foto: Mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat. (EFE)
Mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat. (EFE)

En la película de los Monty Python sobre el rey Arturo, los caballeros de la mesa cuadrada van a pie y fingen que cabalgan, con sus escuderos detrás, haciendo el ruido de los cascos con unos cocos: crócoc, crócoc, crócoc. Es el ruido de fondo que me pareció oír en el recibimiento a Pedro Sánchez en el Palau de la Generalitat y las dos horas siguientes, cuando 'hablaron' él y Aragonès. Siempre contribuye a esta sensación de fantasía el uniforme de gala de los guardias, esas levitas y chisteras como de tienda de disfraces, pero el ensueño no termina ahí.

Sánchez saludó a Trapero al bajar del coche y pasó con la cabeza gacha por debajo de la pancarta que había puesto Torra después de que le obligasen a quitar la otra, aquella por la que fue cesado. Aragonès lo recibió en una escena que recordaba a la Tierra Media, se chocaron los puños, subieron juntos por las escaleras góticas y se pusieron cada uno en una punta para hacerse la foto típica de la era covid. Yo pensaba que ya es fantástico de por sí montar una mesa de diálogo entre un Estado central y un Estado mental.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, durante su reunión este miércoles en el Palau de la Generalitat en Barcelona. (EFE)

¿De qué hablaron? La autodeterminación está hoy tan fuera de la Constitución como cuando la cosa se volvió loca en 2017. Si Aragonès la mencionó, es de suponer que Sánchez se taparía los oídos chillando “¡concordia!” mientras aporreaba el suelo con los pies. Además de todas las ofertas prácticas que el PSOE brinda a ERC, los famosos 42 compromisos, queda el tema de la amnistía, la otra gran reivindicación. Mientras ambos líderes se mantenían escondidos detrás de la puerta ornamentada, en el 'Tot es mou' de TV3 especulaban.

Mientras tanto, la CUP, esa pieza fundamental para el Govern, caracterizada por los peinados discutibles y los maximalismos adolescentes, se manifestaba en la puerta con el lema más sincero que jamás se ha visto en el independentismo: '¡No al diálogo!'. Y cuando Sánchez salió a comparecer ante los medios después de dos horas, fue un poco como si concediera esto a los de la CUP. ¿Habían dialogado Sánchez y Aragonès? ¿Cuál había sido el contenido de esta reunión tan importante, tan anunciada, tan deseada?

Sánchez señala que las posiciones con el Govern están ''alejadas'', pero confía en el diálogo

Dijo y recalcó Sánchez que las diferencias eran inmensas (un sinónimo que no empleó es 'insalvables'), y luego repitió mil veces el lema: que no tenían prisa, ni pausa ni plazos. Esto lo recalcó hasta que se grabase en los titulares y editoriales de toda su prensa amiga, y a continuación lo demostró. Le preguntaron por la metodología en la mesa y dijo que no se había hablado de esto. Le preguntaron por el calendario y respondió lo mismo. Le preguntaron por la futura presencia de Junts o la del propio Sánchez, y ni por esas.

Los periodistas presentes empezaban a notar el hormigueo, iban a salir de ahí sin una noticia de verdad. Le preguntaron por lo de El Prat y dijo que lo habían tocado por encima, pero que, vaya, esto ya estaba cerrado de antes. Le preguntaron por los Presupuestos y dijo que no habían hablado de los Presupuestos. A lo único que respondió fue a una pregunta sobre las eléctricas que no tenía nada que ver con su reunión, de modo que una pregunta terrible empezaba a germinar en la mente de todos los presentes.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

¿Habían hablado de algo Sánchez y Aragonès, o habían estado dos horas allí encerrados jugando al 'Snake' con sendos Nokias de 1998? Al borde de la desesperación, ya por fin lo preguntó a las claras un periodista. Fue Carlos Cué este héroe popular que se encargó de tirar de la manta de la fantasía. Hizo la última pregunta para Sánchez, antes de la sonrisa final, y el castillo de naipes se derrumbó. ¿Han hablado ustedes de algo, o no?

Sánchez recapacitó unos segundos (¡peligro!) y entonces preguntó retóricamente a los presentes si estaban acostumbrados a “ver” a un presidente del Gobierno de España en el edificio de la Generalitat. Ante el estupor, ante la perplejidad, dijo Sánchez que las imágenes son muy importantes, y que esto tiene una enorme potencia de mensaje político. ¡Con lo que acababa de admitir que Aragonès y él no habían hablado de nada! ¡Pero de nada!

[Álbum: vea todas las imágenes del encuentro entre el Gobierno y el Govern]

No fue ninguna sorpresa que luego saliera Aragonès a recalcar que de la autodeterminación y la amnistía no se bajan. Pero fue especialmente bonito el momento en que un ordenanza retiró una de las dos banderas de la mesa bilateral, la española, para que no se viera en pantalla detrás del 'molt honorable president'. Si esto no es el inicio de una gran amistad, que me lo expliquen.

Bueno, dicho queda. Aquí va la coda: además de la Generalitat, sede de esta reunión histórica, hay otro edificio muy bonito en Cataluña que se llama Parlament, ¿alguien se acuerda de él? En una comunidad autónoma con un Parlamento propio, con diputaciones y demás órganos de gestión política, en los que están presentes todas las fuerzas del Estado, el hecho de que se tenga que inventar otra mesa de diálogo significa que el diálogo es imposible.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Esta mascarada vacía, estos juegos florales, este ruido de cocos que finge ser un galope cordial y distendido no son más que la constatación de que las instituciones políticas reales están parasitadas por las posiciones inamovibles, por las Numancias. ¡Será por mesas de diálogo! Hace mucho que ninguna se ha usado en Cataluña para dialogar.

En la película de los Monty Python sobre el rey Arturo, los caballeros de la mesa cuadrada van a pie y fingen que cabalgan, con sus escuderos detrás, haciendo el ruido de los cascos con unos cocos: crócoc, crócoc, crócoc. Es el ruido de fondo que me pareció oír en el recibimiento a Pedro Sánchez en el Palau de la Generalitat y las dos horas siguientes, cuando 'hablaron' él y Aragonès. Siempre contribuye a esta sensación de fantasía el uniforme de gala de los guardias, esas levitas y chisteras como de tienda de disfraces, pero el ensueño no termina ahí.

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