Contra los hombres de paz
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Juan Soto Ivars

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Contra los hombres de paz

Para Otegi​, la moral suprema no es la que garantiza la dignidad e independencia de cada ciudadano, sino la que somete estos derechos a la dignidad e independencia de los pueblos y la etnia

Foto: El coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi. (EFE)
El coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi. (EFE)
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ETA mataba por el mismo motivo por el que los neonazis dan palizas a los inmigrantes: por la etnia. Que el entorno 'abertzale' se llame a sí mismo "izquierda", debido a su parafernalia marxista, no cambia las cosas. Mataban al español por ser español, o 'maketo', como decía Sabino Arana. Mataban y secuestraban a la escoria que se interponía entre ellos y la arcadia étnica pura. Y dejaron de hacerlo no porque entendieran que está mal matar, sino porque vieron que está feo. Ya no les servía.

Quien se sorprendió del cinismo de Otegi, que pedía perdón a las víctimas y luego se justificaba ante los suyos como un estratega capaz de decir cualquier cosa con tal de sacar a 'sus' presos de las cárceles, o no está familiarizado con la raíz ideológica 'abertzale', o tiene demasiado interés en que el Gobierno socialista siga sostenido sobre estos pilares tan poco recomendables. En realidad, el hombre de paz es tan previsible como esos monitos mecánicos que caminan por la mesa haciendo sonar platillos cuando se les da cuerda.

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Para Otegi, la moral suprema no es la que garantiza la dignidad e independencia de cada ciudadano, sino la que somete estos derechos a la dignidad e independencia de los pueblos y la etnia. Así, el daño simbólico contra la esencia vasca, sea esto lo que sea, le parece tan terrible (o más) que el asesinato de individuos, que queda justificado en defensa de su identidad. En este episodio del perdón y la burla, no ha fallado la honradez de Otegi, ni su personalidad. No es un asunto individual, sino de ideología. Ahí está el agujero moral, tan grande hoy como cuando ETA mataba. Son unos fachas de cuidado.

Sin embargo, es cierto, ETA no mata. Para la parte de la izquierda 'abertzale' que representa Otegi, el cese de la violencia fue el último chantaje: deberíamos darle las gracias, pues de no ser por su voluntad los 'gudaris' continuarían disparando. Fueron Otegi y sus amigos quienes lograron convencer a los últimos desgraciados de abandonar las armas, garantizándoles pelear por la liberación de unos presos responsables de asesinatos y secuestros, y comprometiéndose a no delatar a los criminales que todavía hoy no han pagado por sus crímenes. De ahí que solo a regañadientes estén dispuestos a terminar con las fiestas de bienvenida a los heroicos asesinos. De nuevo, no les parece que esté mal. Les parece que está feo.

Foto: La ministra de Política Territorial y portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez; la ministra de Transportes, Raquel Sánchez (d), y la ministra de Justicia Pilar Llop. (EFE)

Dejar de hacer lo que está feo es el trabajo de los hombres de paz. Ellos hicieron entender a unos cavernícolas fanáticos y violentos que no tenía sentido seguir matando inocentes, porque no hacía bonito a la causa. No me cabe duda de que debió de ser un asunto difícil y meritorio, tanto como convencer a un burro de que deje de rebuznar. Sin embargo, estoy convencido de que en ningún momento hubo, en aquellos diálogos, el más mínimo reproche. En todo caso, les recriminarían alejar con sus acciones el momento glorioso de la independencia de Euskadi. Los hombres de paz son pragmáticos.

Comprendieron que en el siglo XXI no iban a conseguir nada de esa forma. Comprendieron que era mucho más inteligente la estrategia de los escoceses que la de los irlandeses del norte. Comprendieron que el mundo había cambiado y que las acciones de la banda terrorista ya no eran aceptadas por casi nadie. Comprendieron, con unas cuantas décadas de retraso, que no eran más que un montón de imbéciles dispuestos a sacrificar sus vidas por nada y para nada. Pero todavía no han comprendido lo esencial: que lo que hacía ETA estaba, simple y llanamente, mal.

Foto: El director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez. (EFE)

Raro es que hablen de moral a la hora de explicar el cese de la violencia o a la hora, más rara, de pedir perdón o condenar los crímenes. Hablar de moral, separar el bien y el mal, trazar con claridad sus límites, es asumir que fueron cómplices o perpetradores directos de la atrocidad. Esta es una excepción en Bildu y el entorno de la banda. Lo hacen algunos de los etarras que se acogieron a la vía Nanclares, y lo hacen algunos de los versos sueltos, que los hay. Pero, por regla general, cuando el 'abertzale' explica el cese de la violencia es sincero: se refiere a que ya no les servía para nada. “Comprendimos que ya no tenía lugar”.

Esto es algo que siempre me ha repugnado de la ideología de los hombres de paz, y que me produce urticaria cuando parte de la izquierda española se deshace en elogios. Justificar con argumentos estratégicos la pertinencia del abandono de las armas de ETA es como si, al hablar de los motivos para no cometer una violación, nos limitáramos a decir que no es la forma más satisfactoria de mantener relaciones sexuales, o que uno puede ir a la cárcel si lo pillan. Es hablar del daño sin mencionar el mal. Es delatar que la violencia y el asesinato siempre les parecieron medios para lograr unos fines.

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En fin: con estos bueyes hemos de arar. Siempre es preferible que personas con una ideología que estaba cometiendo asesinatos hace solo 10 años se contenten con chantajear a Pedro Sánchez intercambiando beneficios penitenciarios o promesas por apoyo a los presupuestos. Lo que me sigue pareciendo deprimente es que una parte de la izquierda siga considerando que esta gente merece el más mínimo apoyo, o que sus ideas guardan la más mínima relación con cualquier pensamiento progresista. Me siento perogrullesco al subrayar lo esencial: quien estuvo dispuesto a matar por su etnia es, siempre, de ultraderecha. Aunque la mona se vista de Marx.

Pd: Aprovecho para recomendarles un documental impresionante sobre el trasfondo de esa ideología a la que me refiero. Rodado desde el punto de vista una familia, la del director de la película, Jon Viar, es una antropología del nacionalismo realizada con delicadeza, inteligencia y arte. Se llama "Traidores", y cuando escribo esto se puede ver gratis en la web de Rtve.

ETA mataba por el mismo motivo por el que los neonazis dan palizas a los inmigrantes: por la etnia. Que el entorno 'abertzale' se llame a sí mismo "izquierda", debido a su parafernalia marxista, no cambia las cosas. Mataban al español por ser español, o 'maketo', como decía Sabino Arana. Mataban y secuestraban a la escoria que se interponía entre ellos y la arcadia étnica pura. Y dejaron de hacerlo no porque entendieran que está mal matar, sino porque vieron que está feo. Ya no les servía.

Pedro Sánchez Bildu Arnaldo Otegi
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