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¿Disfruta el Papa tocándole los cataplines a la derecha española?
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Juan Soto Ivars

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¿Disfruta el Papa tocándole los cataplines a la derecha española?

Francisco gusta a los ateos y cabrea a los tradicionalistas, conservadores y, por encima de todo, al autodenominado centro derecha español, sea esto lo que sea

Foto: El papa Francisco saluda a los fieles. (EFE/Riccardo Antimiani)
El papa Francisco saluda a los fieles. (EFE/Riccardo Antimiani)

Desde el siglo XVI, que tan bien noveló Miguel Delibes en ' El hereje', no se había producido un cisma semejante en la franquicia española de la Santa Madre Iglesia, pero la situación es inédita, sobre todo, por la composición de los bandos. Repasemos. Españoles papistas a día de hoy: Jordi Évole, Yolanda Díaz, Íñigo Errejón, la redacción de 'Público', la redacción de 'Ctxt', Pablo Iglesias, Teresa Forcades, Iván Redondo, ERC, etc. Españoles heréticos, antirromanos, casi sublevados y tal vez entregados ya en secreto a Martín Lutero: Santiago Abascal, Rocío Monasterio, monseñor Rouco Varela, Ana Botella, Kiko Argüello, la redacción del 'ABC', la redacción de 13TV, el Team Facha de Twitter, Jiménez Losantos, etc.

Francisco gusta a los ateos y cabrea a los tradicionalistas, conservadores y, por encima de todo, al autodenominado centro derecha español, sea esto lo que sea. Tiene para ellos un aura de Papa rojo por más que se declare en contra del aborto, el matrimonio gay, la eutanasia o la igualdad de género dentro y fuera de la Iglesia. Comparte lo medular de los valores morales dizque conservadores, suele defenderlos abiertamente, pero también sostiene opiniones inauditas y protagoniza salidas de tono que lo marcan con la cicatriz de la sospecha. Ha llegado la cosa al punto de que, con cada paso que da, incluso con los más inocentes, provoca vómitos verdes y giros imposibles en la cabeza de los conservadores españoles. Por dejarlo dicho en jaque mate, Francisco sería para nuestra derecha lo que es Ana Iris Simón para nuestra izquierda.

Foto: El papa Francisco. (EFE)

La derecha no traga al Papa y lo cierto es que él tampoco tiene demasiados miramientos con ella. La entrevista que dio en la COPE quizá fue la gota que colmó el vaso: lo que dijo se interpretó como un apoyo poco sutil al independentismo catalán, y eso que ya desconfiaban de él por su tono y ciertas opiniones políticas. Resulta que Francisco, hasta cuando condena el aborto, lo hace como quien echa pelillos a la mar, y sus declaraciones políticas no le parecen a nuestra derecha franciscanas, sino comunistoides. Sin embargo, creo que ha sido su afabilidad hacia personalidades de nuestra izquierda lo que lo ha convertido en enemigo: primero aduló (¡dos veces!) a Jordi Évole, al que le tienen una tirria monumental, y ahora para colmo lo de Díaz.

'Lo de Díaz' es, me permitirán el exabrupto y la hipérbole, una mezcla entre una patada en los cataplines a la derecha y un milagro. Lo de la patada en los cataplines creo que no hace falta explicarlo demasiado, que bastante sabrá el Sumo Pontífice la reacción que iba a despertar, así que me sumergiré en lo milagroso. Es un milagro porque, como apuntaba la aguda Marta García Aller, se mantuvieron Díaz y Bergoglio alejados de todos los temas de discrepancia y la comunista se volvió para Madrid con los ojos humedecidos en lágrimas y sin haber planteado al Pontífice la obligación moral de imponer cuotas por razón de sexo en las parroquias. Que una miembra de la izquierda contemporánea española deje pasar la oportunidad de intentar deconstruir a un señor con ideas retrógradas es algo que no se ve desde que Noé construyó el arca.

Foto: María Teresa Fernández de la Vega y Tarcisio Bertone. (EFE/Antonello Nusca)

Pero también, y sobre todo, la visita de Díaz es un milagro por la reacción de Iván Redondo. El actual 'personal shopper' de Yolanda Díaz se ha subido a un altar y ha proclamado “milagro” en su artículo de 'La Vanguardia', como los Blues Brothers cuando oyen cantar misa a James Brown. En su cálculo, Redondo se ha tirado más para arriba del portón de San Pedro, el que hay entre las nubes, y augura un sorpaso al PSOE. No es la primera vez que se augura un sorpaso al PSOE por su izquierda, pero es cierto que la otra vez no entró el Papa en la ecuación, ni tampoco Yolanda, y no porque Francisco estuviera indispuesto, que no lo sé, sino porque el ego de Pablo Iglesias lo habría impedido. En ese corral no había más macho que él, pardiez, aunque el otro llevara faldas.

Da igual. La pregunta que me hago yo, y me la hago porque me entretiene, es si Francisco I, Bergoglio, 'the fuck’in pope', hace las cosas que hace por convicción, por estrategia o porque, simplemente, hay algo freudiano o jungiano o argentino, un placer oscuro en cabrear a la derecha española. Téngase en cuenta que, de esos 40 minutos de reunión con Díaz, ha sido el propio Vaticano quien ha grabado y difundido un vídeo recopilatorio, ese que todos hemos visto, esa cinta de porno auditivo marcada por los regalos recíprocos y los susurros, también recíprocos, y cercanos al ASMR en el caso de Yolanda Díaz: “Ssssí, nuessstro ssanto paadree”. Si ese vídeo no es una provocación a la derecha española, tiene que ser algo teológico que no comprendo.

Yolanda Díaz, emocionada tras verse con el Papa

Nada escapa al control de la diplomacia vaticana, así que es imposible que Francisco desconozca las reacciones que sus gestos producen en los que, hasta el momento presente, habían sido los máximos defensores de los privilegios de la Iglesia en España. La estrategia de Francisco es misteriosa, como los caminos de su Jefe. Se ha escrito por ahí que, independientemente de los sentimientos que despierta este Papa, sabe que a la derecha ya la tiene ganada para la causa de la Iglesia, y que ahora trata de ir a por los cristianos no practicantes y los progres. Se ha dicho también que la estrategia pasa por defender de las veleidades populistas y rupturistas de la izquierda actual el Concordato, a base de mantequillas. Pero yo, fíjense qué cosa, me inclino a pensar en el puro troleo. No digo que sea así, ni siquiera que lo crea de verdad: digo que así me gusta verlo.

El Papa Bergoglio recibe su nombre de san Francisco, un hombre afable que se moría de risa y de dicha oyendo trinar a los pájaros. Pues bien: a falta de trinos, truenos y gente que trina. Quizás este Francisco nuestro se muere de risa y de dicha leyendo los tuits que desatan sus gestos en los que hasta hace dos telediarios eran más papistas que él mismo, y ahora, sobre todo ahora, consideran que el Papa es lo menos papista que hay en toda la creación.

Papa Francisco
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