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Sor Citroën.Cat: el regreso de Ponsatí a Cataluña
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Juan Soto Ivars

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Sor Citroën.Cat: el regreso de Ponsatí a Cataluña

Ha vuelto Sor Citroën. En el coche, de camino a España, la acompañaba una cámara. "La detención será ilegal", decía, y que no reconoce la autoridad del juez Llarena. Pues vale. Como si le importara a alguien

Foto: La eurodiputada de JxCAT Clara Ponsatí. (EFE/Quique García)
La eurodiputada de JxCAT Clara Ponsatí. (EFE/Quique García)
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Sor Citroën.Cat, es decir, Clara Ponsatí, con su pinta de monja cantarina, chaqueta azulona, camisa cian y la tarjeta de europarlamentaria igualmente azul a modo de crucifijo, se paseaba por el centro de Barcelona a 200 metros de la emisora de Onda Cero, a la que yo acababa de llegar. A todos nos ha pillado por sorpresa. Pero así es Puchi. Así mueve Puchi sus peones. Lo que pasa es que no le ha importado a nadie.

Si cada político pasa a la historia por una frase, la de Ponsatí podría ser "de Madrid al cielo" cuando en Madrid moría mucha gente por la pandemia, pero es: “estábamos jugando al póquer y jugábamos de farol”. Vamos: cuando admitió que todo era un camelo. Esta claridad sobre la moneda falsa que echaron al poble hubiera debido ser más letal para el procés que el juez Llarena, pero para cuando la pronunció la mayor parte de la gente estaba sorda de tanto gritar “independensia”. Ya les daba todo igual. Siguieron jaleando a quienes les engañaron. Ya, total, qué más daba.

Ponsatí era consellera de Educación. No es poca cosa: responsable de que los colegios públicos de Cataluña se convirtieran en herramienta delictiva para una farsa. En la Escola Univers, al lado de mi casa, hay una placa en la pared que conmemora el 1 de octubre. En una escuela pública, sí. Cada vez que la miro pienso en Ponsatí. Ahora, tras la reforma penal de Sánchez, se la acusa de delito menor, de modo que ha vuelto.

Ha vuelto Sor Citroën. En el coche, de camino a España, la acompañaba una cámara. “La detención será ilegal”, decía, y que no reconoce la autoridad del juez Llarena. Pues vale. Como si le importara a alguien. Luego, recién aterrizada, sin besar el suelo de la patria, y no sé si paró a comer en El Reloj o lo hizo en una gasolinera (las francesas son más dignas que las españolas para el condumio), Sor Citroën dio una rueda de prensa en el Colegio de Periodistas de Barcelona. Máxima expectación de nadie.

Duró, yo qué sé, poco más de media hora. Tenía al lado a Boyé, el abogado multiusos, calvo como un atún y listo como un lucio, pero sobre todo tenía Ponsatí una mochila azul estilo macuto de campamento de monjas, que puso ostentosa encima de la mesa. La típica mochila que cualquiera pone debajo, para que no la vean las cámaras, en esta ocasión era simbólica. Una mochila preparada por si venía a detenerla la pasma. Pero ¡ay!, nadie venía. Pese a que TV3 había retransmitido su entrada en España, burlando la orden de detención, ni un poli.

Foto: Ponsatí, junto a Puigdemont y Comín. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)

Hum. Eran las 17:30 de la tarde. En la sala de prensa se les acababan las preguntas a los pocos periodistas interesados. Y en Bélgica, Puigdemont y Comín habían anunciado ya otra rueda de prensa, esta para las 18:00, calculando que para este momento estaría ya Sor Citroën emparedada en los bajos de la comisaría de Vía Layetana. Coño. Nadie la detenía. Lo más importante del día: se anunció desde Waterloo un retraso en la rueda de prensa de Puigdemont. Este fue el hecho más espectacular: se retrasa la comparecencia del Molt Honorable hasta que la enchironen. Huevos como piolines. No iba a salir a denunciar el atropello de la convención de Ginebra y la madre que la parió antes de la detención, ¿verdad? Pues eso.

De modo que siguió Ponsatí atendiendo a los medios y mirando para la puerta a ver si llegaba la tanqueta de la benemérita. Cuando una periodista le preguntó qué pensaba hacer ahora, respondió Sor Citroën, sonriendo con unos dientes como las cuatro barras de la estelada, que se quería ir a pasear por el Borne, y pronunció las palabras “POR EL BORNE” como lo haría la megafonía del metro, para que pudiera entenderlo hasta un guiri sordomudo, a ver si los cuerpos y fuerzas de seguridad de Estado acusaban recibo de una vez. Pero no.

Foto: Clara Ponsatí, discutiendo con el 'mosso' que la detuvo en Barcelona. (EFE/Quique García)

Se acabaron las preguntas sin antidisturbios aporreando periodistas. Sor Citroën agarró su mochila y abandonó la sala. Las cámaras de TV3 iban tras ella por la calle, parecían las únicas interesadas. A la altura de plaza Cataluña se sumaron a la comitiva de micrófonos y obturadores un par de tietas que reconocieron a Ponsatí, o que fueron avisadas por el Partido, y nada, a seguirla, a echar la tarde. Una de ellas llevaba un carro de la compra rojo, un detalle precioso, porque iba el carro rojo de la compra detrás de Ponsatí y yo me imaginaba que era R2D2.

Total: todo el paseo televisado de Sor Citroën hasta “EL BORNE” bajo un sol de primavera bondadoso. Se pararon a hacerse selfis con ella dos personas, solo dos, y no hay ninguna prueba de que no fueran familia suya. Ya iban por la catedral prácticamente y al final se apiadaron de Puigdemont las fuerzas del orden. Sor Citroën fue detenida, “por favor”, por un mosso de paisano ante las cámaras de la televisión. “¿Está seguro de que quiere hacer esto?”, murmuró sonriente Sor Citroën esgrimiendo su acreditación del Parlamento Europeo cual crucifijo. Y el otro: "Por favor, señora, damos de merendar". O algo así.

Foto: Carles Puigdemont. (EFE/EPA/Julien Warnand)

En un coche blanco de baja gama, un Golf diría yo, se la llevaron. No merecía mayor infrastructura el momento histórico. Y así, tras el retraso fruto del “a quién carajo le importa” reinante, Puigdemont y Comín pudieron dar por fin su rueda de prensa en Bélgica, ante tres micrófonos, uno de TV3, otro de Radio Cataluña y un tercero de Baix Empordà Global Comunications Enterprise, y hablaron de la intolerable violación de los derechos humanos vista por todo el planeta y la inmunidad diplomática agredida, y yo qué sé qué más, si me daba igual. Culparon a Pere Aragonès de utilizar a los Mossos como un arma de represión del Estat. Este punto fue gracioso. Creo que luego a la noche se desdijeron, pero yo ya no estaba escuchando.

Tres horas estuvo detenida, en total, Sor Citroën. Ni Nelson Mandela, oiga. Y al salir, otra rueda de prensa, pachín pachán. Algunos eurodiputados escoceses habían protestado, lo he leído en algún periódico destinado a envolver alimentos en descomposición para el compost. Pero, eso, como ya era muy tarde, pasaban las 10 de la noche, pues Sor Citroën se fue para su casa, y supongo que mientras termino esta crónica estará durmiendo.

Así puso punto y final a la aventura más apasionante que una tieta catalana puede protagonizar.

Sor Citroën.Cat, es decir, Clara Ponsatí, con su pinta de monja cantarina, chaqueta azulona, camisa cian y la tarjeta de europarlamentaria igualmente azul a modo de crucifijo, se paseaba por el centro de Barcelona a 200 metros de la emisora de Onda Cero, a la que yo acababa de llegar. A todos nos ha pillado por sorpresa. Pero así es Puchi. Así mueve Puchi sus peones. Lo que pasa es que no le ha importado a nadie.

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