Los hallazgos sensacionales que la UCO no hizo en el piso de Ábalos
Dado que todo está bajo secreto, nos queda acceder a la verdad por el camino de la ficción. Acompañadme en este viaje sensacional
La UCO registra la casa de Ábalos en Valencia en busca de contratos de obra civil. (EFE/Ana Escobar)
Por
Juan Soto Ivars
EC EXCLUSIVO
Ayer, la Guardia Civil estuvo al otro lado del espejo del reino de la fantasía. Registraron por orden del juez el penthouse valenciano de José Luis Ábalos, la morada del tigre, y se pasaron allí horas. ¿Qué pueden haber visto los agentes? ¿Alguien puede imaginarlo siquiera? ¿Qué prodigios, qué objetos fabulosos, cuántas toneladas del material del que están hechos los sueños hay desparramadas ahí dentro?
Víctor Romero dio ayer en este periódico una descripción somera del domicilio. Ahora nos queda acceder a la verdad por el camino de la ficción. Acompañadme en este viaje rocambolesco. Cuando los agentes entran, hay una penumbra rojiza, huele a algo como sándalo, se oye música. Viene de alguna estancia del apartamento. Es la voz dulzona e inconfundible de Julio. “Mira, cómo me gusta… Cómo me gusta el bacalao, mira…”.
Preside el recibidor un perchero donde alternan los abrigos masculinos polvorientos y los disfraces, y debajo hay una mesita de madera cubierta de llaves con etiquetas que indican descripciones y calles: “rubia 5, Argumosa 3”; “la gordi, Pradillo 5”, “negrita zumbona 3, Oporto 34”, “chinita 2, Virgen del Remedio 85”. Los agentes atraviesan el angosto recibidor haciendo crujir más llaves bajo las botas.
“... Tu bacalao con papas…”.
En el pasillo, un paragüero en que descansa un elegante bastón con punta de cuchillo retráctil, y un capote en la pared abierto como un abanico, y un par de espadas, y banderillas. Un camino de libros alfombra el suelo. Juan Belmonte, matador de toros; una biografía de Savonarola; el Cossío completo; la biografía del Ché de Jon Lee Anderson y el Manual de resistencia de Pedro Sánchez, de entre cuyas páginas cae una foto de Sánchez junto a Ábalos, y Santos Cerdán con los ojos agujereados con alfileres.
"... Pero mira, cómo me gusta,
cómo me gusta el bacalao, mira
tu bacalao con papas..."
La UCO registra la vivienda de Ábalos en Valencia
Se accede por aquí al gran salón, pródigo en disparates. Llama la atención el gran retrato invertido de Óscar Puente, un cuadro de casi dos metros de ancho sobre el que alguien dibujó una diana. Los agentes desenfundan las pistolas. Trazos ebrios y furiosos de rotulador añaden al ministro de Transportes un bigotillo de Hitler y gotas de sangre o baba cayendo por la comisura de la boca. Hay más de cincuenta dardos clavados en su cara, y en el suelo, bajo el cuadro, varios centenares más.
“... El bacalao es un pez que vive en aguas profundas…”.
Cada uno de estos dardos atesora una historia secreta. Mangados de antros de toda la geografía española. Los hay con el logotipo de una taberna dublinesa de Torrejón de Ardoz, de una cervecería de Murcia, de marisquerías de Lugo, del club de cubalibres de Pamplona y de un resort exclusivo de Castellón de la Plana.
“... Si tú lo quieres pescar, usa una caña bien dura…
… El bacalao se menea de una manera muy dura…”.
Un sofá navegable tiene señales evidentes de que alguien lo usa para pernoctar. Como si un hipopótamo doméstico descansara allí, los cojines aparecen hundidos en forma de caldera entre almohadones tiznados de ceniza y pañuelos de papel arrugados. Los agentes inspeccionan entre los cojines. Sacan monedas de peseta y de euro, y treinta mecheros Bic, y algunas llaves más, con etiqueta. La música suena cada vez más fuerte:
“... Unos le ponen comino y otros le ponen canela…
… Hasta un poquito de azúcar y un ramo de hierbabuena…”.
Una mesa baja de cristal representa el pandemonio. Botellas vacías de vino francés y cava catalán, latas aplastadas de cerveza, ceniceros, barras de carmín. En milagroso equilibrio hay platos con restos biológicos que la policía científica atribuye a comida china, vietnamita, japonesa, española, italiana, india y mexicana, y un libro enterrado entre despojos, Las meditaciones de Marco Aurelio.
“... Pero a mí, lo que me gusta, es tu sazón especial…
… Pues como tu bacalao, yo no he probado otro igual…
En el office se desparraman papeles manuscritos, centenares de ellos, algunos con el membrete de los hoteles y las aerolíneas, otros con textos mecanografiados en el reverso. Parece ser una novela en primera persona, sobre un gran hombre que se enfrenta a enemigos engreídos, personas sin alma que sólo piensan en el poder. Una taza de café rellena de colillas hace de pisapapeles. Alrededor, como buscando la luz, ficus moribundos, hiedra venenosa, pequeñas plantas carnívoras.
Es allí donde se centra el interés de la UCO. Buscan documentos, pero al abrir los cajones del escritorio de madera de boj sólo hallan baratijas: dados de diferente tamaño, pitilleras de plata, bolas de ruleta, un elefante de marfil, naipes en desorden, frasquitos de perfume búlgaro, corchos de Dom Pérignon, cerillas en cajitas decoradas, cascabeles, bolígrafos de muestra, figurillas de vudú, una alcachofa de barro, damajuanas en miniatura, trenzas de pelo humano, cajas de música, polaroids indescriptibles, billetes sueltos de muy poco valor en exóticas divisas y un carnet del PSOE cortado con unas tijeras.
“... Pero lo que a mí me gusta es tu sazón especial…
… ¡Pues como tu bacalao yo no he probado otro igual”…”.
Acabado el registro de mi casa, quiero agradecer a los agentes de la @guardiacivil que han participado su buen trato, su delicadeza y profesionalidad.
Han clonado mi teléfono móvil, el cual me han devuelto. Se han llevado exclusivamente unas memorias digitales que no les ha dado… pic.twitter.com/9B3j59Zs9N
En el dormitorio, una inmensa cama redonda con sábanas de satén junto a la mesilla de noche, en la que descansa una lámpara cubierta por un liguero de encaje rojo. Reina un orden inquietante, incongruente, matemático. La pieza da a un cuarto de baño con jacuzzi, albornoces de varios hoteles colgados de las perchas y toda clase de productos de belleza en abigarrado amontonamiento. Allí huele raro. Un perfume misterioso con tonos de rosa marchita y fruta putrefacta.
“... ¡Ey!”.
Y hay un gramófono. El disco de Julio Iglesias gira bajo la aguja. Los agentes de la UCO apagan el cacharro. Gruesas cortinas de terciopelo rojo cubren los ventanales. Penumbra febril de fumadero de opio. Sólo queda revisar el vestidor, una pequeña pieza anexa al dormitorio. ¿Se esconde dentro José Luis Ábalos? ¿Está ahí la caja fuerte con la documentación que buscan?
Abren despacio la puerta, las pistolas en ristre, y la encuentran. De pie, arrogante, les mira un inexpresivo maniquí femenino. Peluca rubia y traje de dos piezas, correcto y elegante. Le cuelga del brazo un bolsito Dior, como si se dispusiera a salir, y a su lado, sujeto por una correa, hay un perro dálmata de porcelana. Son los únicos amigos que le quedan a José Luis Ábalos Parera. Sus compañeros en el destierro. Sus confidentes.
Ayer, la Guardia Civil estuvo al otro lado del espejo del reino de la fantasía. Registraron por orden del juez el penthouse valenciano de José Luis Ábalos, la morada del tigre, y se pasaron allí horas. ¿Qué pueden haber visto los agentes? ¿Alguien puede imaginarlo siquiera? ¿Qué prodigios, qué objetos fabulosos, cuántas toneladas del material del que están hechos los sueños hay desparramadas ahí dentro?