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Propongo a Pedro Sánchez para el Premio Nobel de Literatura
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Juan Soto Ivars

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Juan Soto Ivars

Propongo a Pedro Sánchez para el Premio Nobel de Literatura

Considero que el Nobel que merece Sánchez es el de Literatura. La ficción es el talento donde verdaderamente ha destacado siempre el presidente, y no lo digo por sus dos libros, ni por su tesis doctoral, sino por los frutos de su carrera política

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Internacional Socialista en Estambul. (EFE/Erdem Sahin)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Internacional Socialista en Estambul. (EFE/Erdem Sahin)
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No sé quién ha sido el genio que ha deslizado esta nueva salchicha, la de Pedro Sánchez candidato al Nobel de la Paz, justo cuando su hermanísimo David, el compositor de 'La danza de la chirimoya', iba para el banquillo. Hasta en el programa de Javier Ruiz se lo tomaban un poco a cachondeo, pero ahí está.

Van tirando cosas para que hablemos de ellas, y lo mismo le dan los niños asesinados, que los niños menores no acompañados, que los niños de San Ildefonso. Al final es distraer a la opinión pública como si de niños se tratara. Conmigo claramente les funciona. Lo del Nobel de la Paz para Sánchez me ha tenido muy entretenido.

En El Plural se lo toman en serio. Han lanzado una encuesta que lleva 13.000 votos y las opciones de respuesta eran: “Es merecido: ha demostrado liderazgo internacional en defensa de los derechos humanos”, “Es exagerado: su papel no justifica un premio de este nivel” y “Es político: responde más a intereses y contexto que a méritos reales”. Va ganando que se lo merece con el 76% de los votos.

En el mismo medio, por decir algo, han publicado el artículo de un tipo que decía no pretender ninguna genuflexión, pero que iba a dar todos los argumentos por los que Sánchez merece el Nobel de la Paz. La verdad es que no le ha salido una genuflexión, porque esa postura precisa cierto grado de verticalidad y el autor del texto, más bien, parecía una alfombra.

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A mí no me ha convencido. Considero que el Nobel que merece Pedro Sánchez es el de Literatura. La ficción es el talento donde verdaderamente ha destacado siempre el presidente, y no lo digo por sus dos libros, ni por su tesis doctoral, sino por los frutos de su carrera política. Ningún novelista ha logrado llevar tan lejos eso de mentir como si dijera la verdad. Sólo Trump está a su altura.

Con el paso de los años he entendido que Sánchez no miente, ni cambia de opinión, sino que cultiva la ficción con el mismo denuedo que Stephen King cuando le pegaba a la farlopa y lo atropelló una furgoneta. Es un tocho de quinientas páginas detrás de otro, y vende ejemplares por cientos de miles.

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De la misma forma que por Kafka describimos una pesadilla diciendo "kafkiano", y que por Homero tildamos de "homérico" un gran viaje no exento de peligros, por Sánchez hemos tenido que crear la categoría de "sanchista" para referirnos al cambio radical en la composición política de España: a ese salto introducido por este autor, que excede cualquier límite tradicional, como si de una vanguardia se tratara.

Sanchismo significa separación con la realidad, anulación de lo consabido, construcción desaforada de relato, es decir: es la abolición de un mundo tal y como lo conocíamos; la desamortización de un sistema político en el que se exigía al presidente cierto grado de honestidad, y si no la tenía se le castigaba. Sánchez ha logrado que la gente confíe más en su proyecto cuanto más miente: como Jonathan Franzen.

Utiliza las palabras como un poeta. Aquí no hay nada, pero va inspirándose, hace un cálculo, mide sílabas y con todo eso construye. El fruto de sus palabras es tan falso como el silencio, pero empieza a existir una vez que ha sido pronunciado. Ya digo: un poeta. Y este ejercicio de creación ha sido en él, tan desaforado y tan único, que a día de hoy hay buena parte de la población que no espera otra cosa.

Creen en lo que dice Sánchez como quien se cree lo que dice el narrador de una novela. Una vez que estás dentro, atrapado, vives con sus reglas. No es que no sepan distinguir la verdad de la mentira, es que ya no les importa, porque están sumergidos. La diferencia es que un libro puedes dejarlo en la mesita, pero el sanchismo no.

En este sentido, Sánchez ha continuado el trabajo que empezó Cervantes con El Quijote, solo que cambiando las cosas de sitio. Cervantes parodió la novela de caballerías y abrió un nuevo camino en la historia de la literatura universal; el presidente ha parodiado la forma de hacer política abriendo un nuevo camino en la historia de España. En ambos casos, caminos de los que no se vuelve.

No sé quién ha sido el genio que ha deslizado esta nueva salchicha, la de Pedro Sánchez candidato al Nobel de la Paz, justo cuando su hermanísimo David, el compositor de 'La danza de la chirimoya', iba para el banquillo. Hasta en el programa de Javier Ruiz se lo tomaban un poco a cachondeo, pero ahí está.

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