Feria de San Isidro: El lote

El lote

Cierro los ojos y aún veo Cuba y veo Malvarrosa y no se me aparecen playas, se me aparece ese lote perfecto con el que una vez soñaba

Foto: El diestro Alberto López Simón da un pase a su primer toro durante el octavo festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro Alberto López Simón da un pase a su primer toro durante el octavo festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, martes 15 de mayo de 2018

8ª de feria festividad de San Isidro

Lleno en tarde primaveral y agradable con alguna racha de viento molesto.

Seis toros de Puerto de San Lorenzo de entre 547 y 609 kg, muy bien presentados y en tipo. Especialmente bonito el segundo, que fue excepcional, y junto con el quinto ovacionado en el arrastre. De variado juego el resto pero con comportamientos más mansos.

El Fandi, de grana y oro, silencio y silencio

Paco Ureña, de blanco y oro, ovación y oreja

Lopez Simón, de barquillo oscuro y oro, silencio y silencio.

Por muy raro que parezca lote no es abreviatura popular de lotería, aunque en días como hoy pueda pensarse con creces. Lote es un grupo de cosas dentro de un todo más amplio, y a efectos de tauromaquia, lote son cada una de las tres parejas de toros que acuerdan en los corrales apoderados y banderilleros antes de sorteárselas. No, se dan el lote las mañanas de corrida, se enlotan los seis de negro. Se discute durante horas qué dos toros no irán juntos, que dos toros son más pequeños, o más grandes, o más hijos de... un semental en concreto. Y se revisan y miran hechuras, pitones, pezuñas y rabos, tonos de piel y exceso de pelo, alturas de cruz o miradas que no gusten, incluso nombres que alumbren comportamientos de algún ancestro.

Es un proceso precioso el de 'enlotar' la corrida que no viene desde el origen de los tiempos porque antes el ganadero era el que decidía. Por eso no había quinto malo, que a fuerza de soler ser el segundo de quien torea segundo, lugar preferido por los toreros para que sea su turno, reservaba el de más garantías para asegurarse el favor de las figuras del toreo que siempre elegían ese puesto. Pero ahora se sortea a las doce de la mañana y ha de ser por parejas previamente consensuadas. Y tu lote es el 12 y el 27 o el 32 y el 64 y las cuadrillas son quienes deciden el orden de los morlacos; algunos, el que les gusta lo dejan como segundo para remontar la tarde, otros más precavidos prefieren echar el más bonito por delante.

Y cuando lote se parece a lotería y por la tarde descubres que tus dos toros son los dos que todo el mundo querría es cuando suelen decirte “¡te has 'llevao' el lote, alma mía!”

El diestro Alberto López Simón con su segundo toro. (EFE)
El diestro Alberto López Simón con su segundo toro. (EFE)

Y Ureña se ha llevado el lote del resto y de toda su vida. Los dos toros más bonitos y los de mejor sintonía para disfrutar toreando y entregarte sin medida: Cuba segundo y Malvarrosa, dos billetes de lotería.

El primero de salida parecía un pictograma, una holografía viviente, un manual de anatomía. Parecía haber salido de la foto de un diccionario, del ejemplo enciclopédico, del sueño veterinario. Un toro bajo y hondo, dos conceptos no antagónicos, de pitón acapachado, de frente muy ancha y fosca, de morrillo bien formado y de patitas muy cortas. Un regalo de la vista, un toro “pa' ponerle un piso”, un semental ya por guapo. Un toro que dijo voy y no dejó de embestir, no paró de galopar, no paró de repetir. Un toro que venía largo, que humillaba y perseguía, como anunciaba su estampa, los trastos con valentía. Serio y fijo en los capotes, fuerte y entregado con los caballos, alegre y noble en banderillas y en muleta de indultarlo.

Hizo honor Ureña al cubano y le compuso una faena profunda por los dos lados. Muy bien con la mano derecha. Con la izquierda muy entregado. Ligó remates y adornos y compuso casi la obra maestra con la que alcanzar un gran triunfo. La lástima fue que la espada no quiso entrar al trapo y consiguió a su manera borrar lo que había pasado.

Un toro que dijo voy y no dejó de embestir, no paró de galopar, no paró de repetir. Un toro que venía largo, que humillaba y perseguía

Pensé entonces en Ureña y en su rostro serio y raro, como pensando que ese toro podría habérsele escapado. Se le escapó el triunfo, eso es incontestable y claro. Pero, y ahí vino mi sorpresa, se remontó en el segundo.

Es como si perdieras tu gran billete premiado y buscándolo angustiado te encontraras un segundo con otro premio aumentado. Y Ureña, consciente de semejante cábala, transmutó en décimas de segundo y compuso una faena, esta sí de puerta grande por la verdad en la muleta, por la pata por delante, por el remate a la cadera y por el espadazo volcándose. Tanto volcó en Malvarrosa que se lo echó a la lomera y lo pisó en las dos piernas en tremendo encontronazo que remataba la épica. Tardaba el toro en caer y empezó Paco a aplaudirle y el toro como agradecido miró y dobló sus manos. Una escena muy sentida y emocionante que preludió una oreja de un buen montón de quilates.

Ni el Fandi ni Lopez Simón pudieron remontar la tarde con toros mucho más sosos, más mansos e inmanejables. Muy bien Fandi con la lidia, las banderillas y las formas, que hay que ser muy educado para aguantar semejantes... semejantes hijos de... un semental en concreto ( siguiendo con lo del lote) que se la tienen jurada y que deberían explicar de dónde viene la inquina, la envidia y la virulencia que le muestran cada día.

El diestro Paco Ureña es cogido por su segundo toro. (EFE)
El diestro Paco Ureña es cogido por su segundo toro. (EFE)

Muy bien López Simón toda la tarde, demostrando su buen fondo, su delicadeza y su arte, y un gran valor cuando ha hecho falta. Lástima que ni la espada ni un mejor lote ayudara a este torero que a todo Madrid gusta y que todo Madrid espera.

Cierro los ojos y aún veo Cuba y veo Malvarrosa y no se me aparecen playas, se me aparece ese lote perfecto con el que una vez soñaba.

Feria de San Isidro

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