Gigantes y cabezudos

El público valoró el esfuerzo de los de a pie y su honesta puesta en escena, reconociendo la dificultad de las fieras y la valentía de los jóvenes coletas

Foto: El diestro Gómez del Pilar da un pase a su primer astado en el vigésimo festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro Gómez del Pilar da un pase a su primer astado en el vigésimo festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas. Domingo 27 de mayo de 2018.

20ª de feria. Casi tres cuartos de entrada en tarde agradable, pero con algo de viento.

Seis toros de Dolores Aguirre, de entre 568 y 634 kilos, tremendamente serios y cuajados pero de mal juego en general. Muy mansos y con genio, muy dificultosos para la lidia, en especial en banderillas. Desarrollaron mucho peligro en la muleta, poniendo en serios aprietos a los matadores. Varios pitados en el arrastre por su pobre juego.

Rubén Pinar, de azul pavo y oro.Ovación y silencio.

Venegas, de verde botella y oro. Palmas y ovación.

Gómez del Pilar, de verde botella y oro. Fuerte ovación y silencio.

No sé qué es peor para un toro, si ser gigante o ser cabezudo. Pero tengo claro que ningún toro que aspire a ser bravo querría ser una cosa u otra. Yo, como toro bravo, no querría ser gigante y mucho menos cabezudo. No me gustaría dar miedo solo por mi aspecto, me gustaría dar miedo por mi embestida, mi mirada o mi bravura. Un toro grande impresiona, un toro bravo asusta. Un toro recogido y astifino mete miedo en el ruedo, un toro cabezón o cabezudo asusta solo en los tendidos, y en el ruedo suele, más que miedo, dar problemas. Es la sutil diferencia que define el singular concepto del trapío en el toreo.

Y hoy hemos presenciado un peculiar espectáculo de gigantes y cabezudos. Como en zancos, alejándose del suelo, salían por los chiqueros los toros de Dolores Aguirre. Cercanos a, o superando con creces, los 600 kilos, aparecían andando en la plaza mostrando quintales de carne más o menos colocada en variadas disposiciones que desigualaban la corrida, siendo unos anchos por delante, otros gordos, otros barrigudos y otros simplemente descomunales. Toros impresionantes para la grada y muy desagradables de estampa para los toreros. Toros de cabezas anchas y pitones muy abiertos que, junto con el corto cuello, producían una estampa parecida a la de los cabezudos de los pueblos. Toros en todo exagerados, en el peso y en las formas. Toros que al verlos salir delataban que, si tuvieran alguna bravura, la tendrían tan adentro y tan rodeada de carnes que no podrían sacarla a tiempo de poder embestir como Dios manda.

Toros gigantes y cabezudos y mansos de solemnidad. Toros que pusieron en riesgo y en dificultad a tres jóvenes toreros que entendieron en qué consistía la oportunidad.

Rubén Pinar da un pase a su primer astado en el vigésimo festejo de la feria. (EFE)
Rubén Pinar da un pase a su primer astado en el vigésimo festejo de la feria. (EFE)

Y es que fue bonito hoy ver la reacción de Las Ventas, a pesar de que hay algunos que siempre se ponen de parte de las ganaderías con fama de toros complicados a la hora de juzgar a los toreros. Hoy, el público en general valoró el esfuerzo de los de a pie y su honesta puesta en escena, que fue haciendo reconocer a la inmensa mayoría la dificultad de las fieras y la valentía de los jóvenes coletas. Y pasamos de algunos aplausos al primer toro en el arrastre a fuertes pitos en el sexto, que se acabaría echando a mitad de la faena en la puerta de chiqueros. Y a la vez que crecían las críticas hacia el ganado, crecían también las ovaciones a los toreros, y eso a pesar de no ver buenos muletazos, ni pies quietos, ni naturales, ni derechazos, ni en general toreo del bueno.

Pero sí que pudimos ver buen toreo sobre las piernas, al paso y de atragantón, que es lo que requieren los mansos y los toros como hoy.

Muy bien Rubén Pinar, con gran oficio y aplomo. Lidió especialmente bien el primero y aguantó lo inaguantable en su mansísimo segundo. Los liquidó con decoro y se llevó dos meritorias ovaciones.

El diestro José Carlos Venegas da un pase a su primer astado en el vigésimo festejo de la feria. (EFE)
El diestro José Carlos Venegas da un pase a su primer astado en el vigésimo festejo de la feria. (EFE)


Venegas lidió dos toros de los que te hacen pasar un mal rato. Toros con brusquedad y malas intenciones, a los que se entregó por momentos jugándose serias volteretas, y todos sabemos que estos toros cuando cogen, suelen hacer daño de veras. Peligrosos y geniudos embistieron sus dos toros, y el matarlos con decoro salvó la tarde el torero.

Más dispuesto aún Gómez del Pilar, que se fue a porta gayola a recibir a sus toros. Con lo que estaba saliendo por esa puerta de chiqueros, hay que tener muchos arrestos para plantarse ahí en medio y esperar la procesión al paso lento de los gigantes y cabezudos animalitos con cuernos. Además, hasta intentó quites, torear en lo ortodoxo y matar al toro por derecho. No podía hacerse más ni aunque naciera de nuevo.

Aseados con la espada, la terna, que salió indemne, salió también revalorizada.

Feria de San Isidro

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