Vuelve pronto

A falta hoy de la lluvia, nos hemos empapado de alma. De alma y personalidad, origen de todo arte, y fuente de la verdad. De la verdad del toreo que no entiende de prejuicios

Foto: Cayetano saludando al respetable tras la faena al segundo de su lote. (EFE)
Cayetano saludando al respetable tras la faena al segundo de su lote. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, viernes 1 de junio de 2018

25ª de feria. Lleno de no hay billetes con tarde primaveral perfecta para el toreo en el cartel más rematado de la feria, sobre todo después del triunfo reciente de Sebastian Castella.

Cinco Toros de Victoriano Del Río y uno (tercero) de Cortés, de entre 540 y 578 kilos, serios, muy bien presentados y en tipo, muy bien hechos . Algo flojos pero con clase, muy manso el segundo, bueno el cuarto de Castella y con tranco pero se paró pronto el engatillado sexto.

Sebastián Castella de grana y oro silencio y ovación tras dos avisos

José María Manzanares de grana y oro, silencio y silencio

Cayetano de tabaco oscuro y oro, oreja y fuerte ovación

Vuelve pronto Cayetano, consciente soy de lo que pido. Sé del esfuerzo vital que supone San Isidro. Entiendo lo que es esperar dos meses un paseíllo. Supongo lo que es afrontarlo feliz, guapo, padre e hijo. Intuyo las noches en vela, las tensas tardes de campo, los miedos de torear cuando tanto se te espera. Asumo la desazón de buscar compensaciones a anunciarte en una feria repleta de desazones. Sobre todo para alguien que no necesita de ella para triunfar o encumbrarse como figura señera.

Pero es que te necesitamos, estamos huérfanos de algo que tu has dejado en el ruedo para saciarnos un año. Y ese algo que no abunda, ha inundado esta plaza y a falta hoy de la lluvia, nos hemos empapado de alma. De alma y personalidad, origen de todo arte, y fuente de la verdad. De la verdad del toreo que no entiende de prejuicios, ni de origen, ni de cuerpos, ni de padres ni de hermanos. Verdad que en tí es ese alma, enorme, bella y transparente, delicada pero fuerte que cuando se muestra hacia afuera y queremos darle nombre llamamos personalidad que es lo que de verdad define a los verdaderos hombres.

Personalidad en el vestido, en lo que me ha parecido homenaje a Curro Vázquez, con su bordado más típico y su color dominante. Personalidad en esos lances al aire al final del paseíllo que al verlos me han anunciado una tarde de delirio. Por concentrado y estético, por comprometido y honrado me atreví a anunciar al mundo, que suponen mis vecinos, que hoy habría puerta grande, justicia y cuentas saldadas. Que hoy entraba Cayetano por derecho en esta plaza.

Cayetano con el segundo de su lote durante la Feria de San Isidro. (EFE)
Cayetano con el segundo de su lote durante la Feria de San Isidro. (EFE)

Personalidad en los lances que has dado desde el principio, con ese aire antiguo de tratar bien a los toros, en ese claro compromiso de hacer perfectas las cosas, que perfecto ha resultado el inicio de faena sentado en el estribo como en los tiempos pasados. Y luego de pie y encajado, con temple, son y buen aire unos pases del desprecio y unos naturales grandes. Y ahí ya el público entregado para el resto de la tarde, que si algo tiene esto al final es la delicia que encumbra los buenos toreros y calla las injusticias.

Personalidad en los terrenos que le diste a Maleado, aguantando los adentros donde suele apretar el manso, y estirando la embestida a base de temple y coraje, hilvanar una faena casi de puerta grande. Que no lo fue porque el toro apocado y un pelo flojo sucumbió a la verdad de una muleta arrastrando. Personalidad en la forma de cuadrar bien ese toro, sin prisa, sin pausa y con el máximo decoro. Personalidad para apostar tu suerte a una sola carta, la de volcarte en la cruz, la de triunfar con espadas.

Personalidad esperando la respuesta de una plaza consciente de que un torero llenó la tarde de alma. Y el público respondió, como siempre ha pasado, al envite de un torero que todo lo había dado. Y se pidió la oreja de forma cercana a unánime y el presidente otorgó el primer premio de la tarde.

Al ir a recoger la oreja algunos necios pitaban y se produjo una escena que pasará a los anales de la historia del toreo para cuando queramos explicar la personalidad con un ejemplo. Se paró justo a dos metros, Cayetano del alguacil, exigiendo con su gesto respeto a ese homenaje que la mayoría de gente generó con sus pañuelos. Pero los burros rebuznan mucho más de diez segundos y duró el reto un minuto que pareció medio siglo. Cayetano decidido a que prevaleciera el respeto. Cuatro amargados negando la evidencia de los méritos y casi toda la plaza aplaudiendo y jaleando esa singular afrenta y la personalidad de un torero que les había conquistado.

Cayetano recibiendo al segundo de su lote en la Feria de San Isidro. (EFE)
Cayetano recibiendo al segundo de su lote en la Feria de San Isidro. (EFE)

Y solo cuando él quiso, cuando consideró oportuno, rompió con un paso la distancia que provocó el alboroto y recogió esa oreja, que sujetaba algo cómplice el alguacil de la mano, dejando como Dios manda a cada uno en su sitio.

Y después vino el sexto toro y justo cuando se disponían a abrir por fin esa puerta de sustos y de tragedias, le hizo un gesto Cayetano al encargado de toriles, diciéndole que había un torero y que esperara para abrirle. Y entonces la personalidad recorrió todo ese ruedo para hincarse de rodillas y esperar el resultado de esa suerte tan incierta que es la porta gayola... Mitad triunfo mitad miedo. Y cuando saltó al ruedo ese toro colorao, engatillado, agresivo, serio, pero muy bonito, apretao y musculado vibró la plaza al unísono al ver como Cayetano salía ileso del lío. Pero el reconocimiento fue a más y casi que toca techo cuando, gayeando perfecto, deja al toro en el caballo. Hacía ya mucho tiempo que no se escuchaba en Madrid una ovación así por colocar bien a un toro. Y fue creciendo la emoción y las ganas de puerta grande con Iván García a la brega y Joselito a los palos. Y si el toro de Victoriano aguanta solo un par de series a estas horas estaríamos celebrando otra efeméride, la de sacar todos a hombros la personalidad y la raza. La estocada fue perfecta como perfecta la simbiosis de Cayetano y la plaza, la comunión del torero con la admiración de las gradas. Lástima de puerta grande a la que faltó casi nada.

Muy bien Sebastián Castella con el toro que hizo cuarto, muy bien Manzanares por dispuesto y con la espada. Pero hoy hay que resaltar la personalidad de un torero que por escasa, infrecuente, evidente y arrolladora ha conquistado este ruedo y me obliga a publicar la legítima petición de que vuelva a torear.

Vuelve pronto Cayetano, consciente soy de lo que pido... Consciente sé del bien que harías.

Feria de San Isidro

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