Reinar

En la primera corrida en la que lloramos la ausencia de Victorino padre han salido cinco toros que permiten la alegría de afirmar que otros tiempos le vienen a la ganadería

Foto: El diestro Emilio de Justo durante su faena en Las Ventas. (EFE)
El diestro Emilio de Justo durante su faena en Las Ventas. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, Domingo 10 de junio de 2018. Corrida de la prensa.

34ª y última corrida de la feria

Acudió su majestad el rey Felipe VI que presenció la corrida desde una barrera acompañado del nuevo Secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, y de Victoria Prego presidenta de la asociación de la prensa. Los tres toreros le brindaron su primer toro

Lleno de no hay billetes en tarde agradable pero con algo de viento

6 toros de Victorino Martin de entre 536 y 562 kilos muy en el tipo de la casa, serios y astifinos. Interesante corrida con toros de embestidas también serias y en general complicadas pero con la virtud de humillar y tener fondo. Ovacionado el segundo y tercero en el arrastre, el sexto el único que ha manseado algo el más complicado.

Manuel Escribano de gris plomo y oro, silencio y palmas

Paco Ureña de verde manzana y oro, ovación tras aviso y algunas palmas

Emilio Justo de burdeos y oro silencio tras aviso y ovación

No debe ser fácil reinar en nada. Encontrar las claves del consenso general y generar la aceptación particular que la sustenta debe ser complicado de borbones... Uno hace lo que puede con el rigor y la dedicación absoluta de quien viene del absolutismo, cruza y recruza familias, genes y cuernos durante siglos y al final obtiene lo que obtiene más allá de su propio voluntarismo. Porque más allá de la voluntad o de la genética te puede salir un manso de uno que fuera muy bravo o, a veces, viceversa. Y siendo eso tan fácil no lo es tanto el explicar como se hizo posible que durante cuarenta años reinara Victorino en lo de reses de lidiar.

Reinó en el sentido amplio y extenso de la palabra, porque ese rey del pueblo, de Galapagar en concreto, fue rey de los ganaderos por sus formas y sus hechos. Ganadero convencido, santacolomero y de Saltillo. Entregado a un encaste, a un toro único y distinto, que cuidó desde el cariño, el respeto y el futuro. Porque tuvo la visión de salvar toda una línea, de la que conserva aún el hierro, esa A de Albaserrada, que camino del matadero como “Escudero Calvo Hermanos”, nos permitió no estar hoy huérfanos de esos toros tan cárdenos como especiales, de esa embestida tan compleja, de esos ojos vivos y curiosos que radiografían toreros y de esos toros que en conjunto podemos calificar de ensueño.

Y es que fue parte de ese sueño el no ver caer a sus toros, no verles rendirse ni aún muertos, el estar fijos al trapo, el ser bravos y complicar el triunfo al torero... Aún facilitándoselo en el fondo con el morro por el suelo. Un ganadero que soñó en igualar lo máximo esta pelea y conseguir que, de verdad, cuando toreas sus toros ni estás tranquilo, ni cómodo, sino mas bien pasando miedo. Y superando ese miedo generar esa energía que, con el toro embistiendo, alcanza la algarabía. Esa extraña vibración que se contagia instantánea y que recorre tu cuerpo empujándote hasta el aire, lo que te obliga al ¡olé!, al ¡uy! o al ¡ay madre!

Emilio de Justo durante su faena en Las Ventas. (EFE)
Emilio de Justo durante su faena en Las Ventas. (EFE)

Esa es la esencia de su reinado. Toros que, bravos, o punto menos, te mantenían atento a cada paso que daban. Algunos nobles y pastueños, los menos que quede claro, pero que abrieron muchas puertas grandes y algunas pequeñas de enfermería en tardes muy memorables. Toros desde aquel Belador indultado aquí en Las Ventas que consolidaron un nombre, un hombre y casi una era. Reinó Victorino cuarenta años y es verdad que estos últimos por las razones que sean no han mantenido su reino como el aficionado quisiera. Años de travesía a la búsqueda de los orígenes de esa bravura que vence el genio de la alimaña, porque es muy fina la línea que a veces separa ambas.

Y hoy en la primera corrida en la que lloramos su ausencia, la de Victorino padre, han salido cinco toros que permiten la alegría de afirmar que otros tiempos le vienen a la ganadería. Tiempos de recuperar su reinado con toros en todo Victorino, Victorinos hijo en este caso. En el tipo de la casa, con los pitones finos. Foscos, hondos y bajitos y muy serios de mirada. Toros que han embestido a fuerza de darles todo, desde temple y sitio justo, hasta el alma en la estocada. Ha sido impresionante darte cuenta de que ni hemos pestañeado en seis toros en las ventas. Porque no podías perderte ni un detalle, ni un segundo, de esa admirable pelea que han presentado los toros ante tres grandes toreros que se la han jugado de veras.

Manuel Escribano durante su faena en Las Ventas. (EFE)
Manuel Escribano durante su faena en Las Ventas. (EFE)

Manuel Escribano desde el principio con sus dos puerta gayolas, su mérito en banderillas y su honradez y su técnica ha rayado a gran altura en la última de feria. Con un inicio vibrante con muy buenas verónicas y muy buenos pases cambiados en la muleta parecía que el sevillano podría triunfar sin problemas. Pero luego los problemas del Victorino “Hebreo” complicaron la estrategia y anularon los aplausos.

Bravo por Paco Ureña que ha toreado mermado. Con un corsé en la espalda que lo sostenía a duras penas después de una enorme paliza y varias lesionadas vértebras. Corsé que lo ha sujetado pero que no ha impedido pasar apuro en las tablas recibiendo a sus dos toros hasta tomar el olivo para esquivar el acoso.

Más templado en la muleta, se ha clavado en el ruedo y ha tirado de Escogido con temple, verdad y acierto elaborando un trasteo de altura y de puerta grande. Muletazos muy profundos que forzaban el de pecho ante la cercanía del toro al cuerpo con corsé sujeto. Lástima que la estocada acabara tan abajo que hasta le hiciera guardia emborronándolo todo y además el descabello enfriara el ambiente hasta dejar una ovación como premio suficiente.

El Rey Felipe VI acompañado por el diestro Paco Ureña y su cuadrilla. (EFE)
El Rey Felipe VI acompañado por el diestro Paco Ureña y su cuadrilla. (EFE)

Muy bien Emilio Justo, torero de valor y arte. Impresionante en el sexto, el toro más alto y manso, que sin querer embestir ha dejado que el cacereño rematara muletazos de bello trazo y gran mérito. Tenaz y consciente, en el sitio y entregado, dejó bien claro que es alguien con quien contar más de lo que se ha contado con él en el pasado. Torero con gusto y valor que merece más contratos.

Reinar no es fácil, no debe ser fácil reinar en nada, pero quiero ver en los seis toros de este domingo de Victorino la mejor de las maneras de ir recuperando un trono, el del ganadero honesto, coherente y comprometido a mantener una línea que todos necesitamos y que todos aplaudimos. Suerte Victorino hijo.

Reinar no es fácil, no debe ser fácil reinar en nada, pero reinar en España y acudir a los toros no debería ser tan complejo como para no volver muy pronto.

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